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Un chequeo médico para cada edad

OFRECIDO POR QUIRÓNSALUD

A partir de los 50 años, los controles de salud deben ser más frecuentes. Con una revisión médica general con cierta periodicidad, puedes mejorar tu calidad de vida y prevenir males. Descubre qué pruebas deberías realizarte a cada edad de la mano del grupo Quirónsalud.

No por manido el refrán ‘más vale prevenir que curar’ pierde vigencia. Ayer, hoy y siempre conviene adoptar los medios necesarios para que un mal no desemboque en un final sin solución. Porque hace tiempo que el verbo tratar se sustituyó por ‘evitar’ en el lenguaje sanitario, y por eso se hace tanto hincapié en lo que comemos, en los humos que respiramos y en el estilo de vida que llevamos.

Prevenir es sinónimo de prestarse a un chequeo, un reconocimiento médico general que se popularizó como consecuencia de los avances de la Medicina. “Pretende no solo curar las enfermedades sino actuar preventivamente frente a múltiples patologías, algunas tan importantes como el cáncer”, dice Carmen Pingarrón Santofímia, jefa de equipo de Ginecología y Obstetricia del Hospital Quirónsalud San José de Madrid.

Hay chequeos básicos y otros más completos, dependiendo de la edad y del sexo de quien se somete a ellos. Los más sencillos suelen incluir una analítica de sangre y de orina, un electrocardiograma, una audiometría para medir la agudeza auditiva, el control de la visión, una exploración médica completa, biometría (tensión arterial, talla y peso) y una espirometría (la medición de la capacidad respiratoria de los pulmones), además de otras determinaciones como la ferritina y el PSA (antígeno prostático específico) en el caso de los hombres. A veces se añade, por ejemplo, una radiografía de tórax de frente, una ecografía abdominal, renal y tiroidea y hasta una exploración de la piel para revisar lunares sospechosos.

Una vez realizadas las diversas pruebas, el paciente recibe un dosier con los resultados y con las recomendaciones pertinentes en función de su estado de salud. Lo ideal, además, es que un profesional cualificado comente con él las conclusiones de su examen.

A medida que uno envejece, la periodicidad recomendada de sus chequeos varía. También lo hace dependiendo de las enfermedades que se repiten en la familia. Pero, a partir de los 50 años, las revisiones deben ser ineludibles.

Los exámenes para ellas

Curiosamente, los hombres tienden a cuidarse menos que las mujeres y son más reacios a hacerse pruebas preventivas, dice François Peinado Ibarra, cirujano-urólogo y andrólogo del Hospital Ruber Juan Bravo de Madrid, perteneciente al Grupo Quirónsalud. En el caso de las féminas, cada vez son más comunes los chequeos ginecológicos. Incluso hay empresas que los brindan a sus trabajadoras como complemento a su atención sanitaria. Lo mejor es que a partir de los 25 años ellas comiencen a presentarse a estos exámenes anuales y que lo sigan haciendo a lo largo de toda su vida.

“El chequeo ginecológico debe atender tanto al aparato genital femenino como a las mamas, y, teniendo en cuenta que el ginecólogo se convierte en el médico general de muchas mujeres, además debe englobar el despistaje [cribado] de determinadas patologías que, no siendo ginecológicas, se pueden detectar fácilmente, como las alteraciones del tiroides, las hipercolesterolemias y la diabetes”, dice la doctora Carmen Pingarrón.

Ese chequeo, que también debe contemplar los hábitos de vida de la mujer y recomendarle una dieta sana, ejercicio y el abandono de hábitos nocivos como el tabaco, comenta Pingarrón, puede llevar a diagnósticos precoces, además de a prevenir determinadas patologías.

Según esta profesional, un buen examen ginecológico debería incluir lo siguiente:

  • Una citología y la detección del virus del papiloma humano (HPV por sus siglas en inglés), una de las enfermedades de transmisión sexual más usuales, si lo hubiere. Dependiendo de la edad y de la positividad frente al HPV, la frecuencia de esta prueba varía de anual a cada tres o cinco años. “Con ella estaríamos haciendo el cribado frente al cáncer de cérvix o de cuello de útero”, señala Pingarrón.
  • Una ecografía ginecológica para visualizar el aparato genital interno (el útero, su endometrio o membranamucosa, los ovarios, etcétera). Gracias a ella diagnostican miomas, engrosamientos, pólipos endometriales, quistes y tumores de los ovarios y, en el caso de portadoras de un dispositivo intrauterino (DIU), permite controlar que siga correctamente insertado. Lo ideal es realizarla anualmente.
  • Una mamografía y una eco de mama. La edad a la que una mujer comienza a proceder con estas pruebas se sitúa en torno a los 40 años, generalmente, salvo casos específicos en los que los antecedentes obliguen a comenzar antes el cribado, o salvo casos donde la aparición de algún nódulo en la mama haga necesario el estudio. La frecuencia óptima sería cada uno o dos años, dependiendo de varios factores. Con ello se pretende llegar al diagnóstico del cáncer de mama más precozmente.
  • Una densitometría ósea, importante para las que han pasado la menopausia. La osteoporosis y, como consecuencia suya, las fracturas de huesos son la mayor causa de muerte. “Sabemos que en los 10 primeros años de instauración de la menopausia se pierde el 50% de todo el hueso que vamos a perder durante la última etapa de la vida. Por lo tanto, es importante atender también a esta patología”.
  • Una analítica general, incluyendo los parámetros para el despistaje de todas las alteraciones mencionadas.
La periodicidad recomendada de los chequeos varía., dependiendo de las enfermedades hereditarias. Sin embargo, a partir de los 50 años, las revisiones deben ser ineludibles.

Lo más recomendable para ellos

¿Y qué es lo que necesita incluir un hombre en sus chequeos? Para empezar, entre los 20 y los 54 años debe atender al cáncer testicular, que, aunque es infrecuente, se suele producir en ese rango de edad. La American Cancer Society (Sociedad Estadounidense contra el Cáncer) recomienda que todos los varones se autoevalúen y que, ante la más mínima sospecha o la presencia de una masa o bulto en la zona, acudan al urólogo para que les sometan a una ecografía testicular y a un análisis de sangre específico.

Sin embargo, el cáncer más frecuente en hombres y el que más se diagnostica es el de próstata. “El número de casos crece anualmente por dos motivos: el aumento de la longevidad y la aparición de nuevas pruebas diagnósticas que permiten detectar la enfermedad de forma mucho más temprana, como la resonancia magnética multiparamétrica de próstata, la biopsia de fusión y nuevas pruebas genéticas”, dice François Peinado.

Este médico comenta que lo principal para descubrir el cáncer de próstata es el PSA, un marcador en sangre cuyos valores elevados obligan a hacer un estudio en profundidad de la próstata. Otra herramienta de diagnóstico es el tacto rectal, menos efectivo para detectar tumores en una etapa temprana pero que diagnosticará con éxito cánceres de etapa tardía. En cuanto a las imágenes, está la Resonancia Magnética Multiparamétrica (MRImp), que ha cambiado el paradigma de diagnóstico del cáncer localizado.

Otras pruebas para incluir en el chequeo son:

  • Una colonoscopia, porque los hombres tienen un riesgo algo más elevado que las mujeres de padecer cáncer de colon. La mayoría de los cánceres de colon se desarrollan lentamente, por lo que la mejor forma de prevenirlos es mediante una colonoscopia a partir de los 50 años. Ésta detecta también los pólipos, que pueden ser extirpados durante el procedimiento. Si has tenido algún caso en la familiar, tendrás que empezar antes y realizar la colonoscopia con mayor frecuencia.
  • Un reconocimiento dermatológico, pues el cáncer de piel y su forma más maligna, el melanoma, aumenta de forma significativa al envejecer, y los hombres mayores tienen el doble de probabilidad de desarrollar un melanoma y entre dos y tres veces más riesgo de padecer cáncer de piel de células basales o escamosas.
  • Un control de la tensión arterial, ya que el riesgo de sufrir hipertensión arterial aumenta con la edad, y es importante controlarla para evitar una angina de pecho, un infarto de miocardio, un ictus o una insuficiencia renal. La tensión normal sanguínea se sitúa en 120/80 o menos, y se habla de tensión alta cuando se superan los 130/80. Los problemas de hipertensión o cardiovasculares suelen estar relacionados con la disfunción eréctil.
  • La prueba del VIH. “No se debe descartar, pues sigue habiendo mucha gente que tiene esta infección y no lo sabe”, dice Peinado.
  • Un chequeo oftalmológico a partir de los 50 años. Gracias a él se podría detectar, por ejemplo, el glaucoma o elevada tensión ocular, que puede dañar progresivamente el nervio óptico y conducir a la ceguera.
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