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La nostalgia como error

VS Ramón Aragüena
Ramón Aragüena es periodista, guionista y presentador de TV.

Soy de los que piensa que cualquier tiempo pasado fue peor. Y para reafirmarme siempre tiro de recuerdos, de cuando mi padre, 50 años mayor que yo, me dijo que yo pertenecía a la primera generación de jóvenes de este país que, en toda su historia, no sufría una guerra y que había que seguir así, siempre a mejor, siempre hacia delante, en todo.

Por eso la nostalgia la administro con cautela. Ya de niño uno no sabe si es feliz o no. Yo tenía miedo a ser mayor porque me daba mucho agobio dejar mi casa, mis juguetes, mi hogar, porque fuera de casa sólo había lengua, comentario de texto, matemáticas, conjuntos disjuntos, idiomas… bueno, y el recreo, y las excursiones, los amigos, las vacaciones, y la bicicleta, claro, la bicicleta era la gran metáfora de mi vida.

Luego de adolescente me agobiaban dos cosas: encontrar un oficio y también no saber qué decir por primera vez a esa persona extraña con la que me cruzaría algún día para convencerla de que había que irse a vivir juntos, al menos, para siempre, como hicieron mis padres. Cosas de tímidos. Cuando acabé la carrera tuve miedo de no encontrar trabajo, y cuando lo encontré tuve miedo de perderlo, aunque, al final, lo perdí y lo gané muchas veces porque los tiempos laborales de mis padres habían cambiado para siempre.

Contratado en programas de televisión de prestigio, en determinados momentos, los compañeros echábamos el ancla y decíamos: esto no es tan bueno, tan fácil y tan bonito, como la gente cree, hay que disfrutar de lo mejor pero recordarlo para no glorificarlo y que en el futuro laboral no lo echemos de menos. Y eso me ha servido para seguir siempre adelante sin mirar mucho atrás.

Se puede sentir nostalgia de aquellos instantes cariñosos con tus padres, con tu familia pero, si has tenido suerte, tu vida se ha tenido que ir rellenando de nuevas generaciones que empujan de ti, que te mantiene vivo.

Iñaki Gabilondo me decía que la juventud no es una virtud y, en el otro lado, Emilio Gutiérrez Caba me comentó en una ocasión que pensar que se es más sabio por envejecer es una soberana tontería. Y es que creo que la vida es vivir el momento siempre de frente. Es como esa bicicleta de mi infancia. Nunca hay que mirar el manillar sino lo que tienes delante y si ves que hay un tramo sin curvas puedes echar un vistazo a los lados, ir sin manos y disfrutar del momento sabiendo que sigues hacia delante, y hasta mirar un instante hacia atrás, pero no mucho tiempo porque es peligroso. Te puedes caer y hacerte daño por la tontería de mirar un paisaje que ya no vuelve.

Si te empeñas en llenar tu casa de los juguetes que perdiste comprándolos en eBay, de fotos que plasman tu mejor momento, de medallas, diplomas y recuerdos inútiles te costará más mirar hacia delante.

Es bonito encontrarte con tu pasado por casualidad, en pequeñas dosis, especialmente si es por la sacudida que te producen los olores imborrables de la memoria. Es lo que se ha llamado el fenómeno Proust, cuando el novelista francés, describió el aroma de una galleta bañada en té como recuerdo de su infancia. Y es que el olor de una goma de borrar, de una hoguera, de una tela, de una comida, del frío, de un perfume, se convierten en una nostalgia bonita sólo si dura poco. Si te empeñas en llenar tu casa de los juguetes que perdiste comprándolos en eBay, de fotos que plasman tu mejor momento, de medallas, diplomas y recuerdos inútiles te costará más mirar hacia delante.

En mi caso tuve una infancia, adolescencia y juventud muy feliz y la recuerdo con cariño, pero, nacido en los 60, la realidad es que mis calles estaban llenas de yonquis, mi inicio al sexo fue paralelo al nacimiento del SIDA, con un paro y una inflación disparados, ETA como noticia diaria y el botón nuclear siempre a punto de apretarse… Está claro que ahora vivimos tiempos complicados pero hasta la famosa Gripe Española fue peor que la actual pandemia. Creo que es mejor no mirar mucho atrás porque cualquier tiempo pasado fue peor, aunque está claro que en cualquiera de esos tiempos éramos más jóvenes, pero no por ello mejores.

Hay una frase que circula por la vida y ahora por internet que dice: “imagínate que, al leer un libro, no existe la posibilidad de volver la página atrás. ¿Con cuánta atención leeríamos el libro? Pues eso es la vida”.

Ramón Arangüena es periodista, guionista y presentador de TV.

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