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Todo sobre la degeneración macular asociada a la edad

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Ponemos el foco en esta patología ocular que afecta, sobre todo, a los mayores de 55 años.

Una vez cumplidos los 50 conviene estar muy atentos a las señales que nos lanza el organismo, porque, aunque nuestro estilo de vida sea activo y saludable, existen diferentes dolencias relacionadas con la edad de las que no podremos escapar, pero que es recomendable detectar. Recordemos que –tal y como han concluido los investigadores de la Universidad de Stanford– el envejecimiento comienza a los 34 años y alcanza su segundo punto de inflexión a los 60; el tercero es a los 78.

Una patología bastante común en adultos a partir de los 55-60 años es la degeneración macular asociada a la edad (DMAE), una enfermedad ocular que afecta a la visión central que, si bien no causa ceguera completa, puede dificultar el reconocimiento de caras, leer o conducir, así como hacer trabajos de precisión o tareas cotidianas, como cocinar o arreglar la casa. Así lo explica la Dra. Mónica Asencio Durán, especialista en Retina Médica y Quirúrgica en el hospital Quirónsalud San José.

Tipos de DMAE

“La DMAE es debida al envejecimiento que causa daño en la mácula (la parte del ojo que controla la visión fina y de los detalles). La mácula es parte de la retina (el tejido sensible a la luz que tapiza el fondo de ojo en la parte posterior del globo ocular)”, puntualiza la experta, quien insta a realizarse revisiones oculares periódicas a partir de cierta edad, ya que es posible que no se noten síntomas en los casos incipientes, por mucho que en algunas personas se desarrolle más rápido la dolencia.

Existen dos tipos de degeneración macular asociada a la edad: seca y húmeda. La mayoría de las personas con DMAE, prosigue Mónica Asencio Durán, tienen la variante seca (también llamada atrófica) y ocurre cuando la mácula se adelgaza con la edad y suele progresar lentamente durante varios años (de hecho, se trata de una de las causas principales de pérdida de la visión).

Por el contrario, la DMAE húmeda (o neovascular) es menos común y suele causar una pérdida de visión más rápida y severa debido al crecimiento anormal de neovasos en la mácula, lo que ocasiona la aparición de líquido o sangre y conduce a la aparición de cicatrices que afectan a la visión. “A pesar de ser una variante más agresiva, se dispone de tratamiento”, tranquiliza la oftalmóloga, al tiempo que advierte de que cualquier etapa de la DMAE seca puede llegar a convertirse en DMAE húmeda.

Porque son tres las etapas en las que se presenta la DMAE seca: temprana, intermedia y tardía. “No hay tratamiento para la DMAE tardía, pero existen medios ópticos que pueden ayudar a aprovechar al máximo la visión que queda. Y si esta se tiene en un solo ojo, se pueden tomar medidas para proteger el otro”, expone la doctora.

Causas y síntomas

Aunque la edad es el principal factor de riesgo de la DMAE, existe una clara predisposición familiar que se puede heredar de padres a hijos; también factores ambientales que influyen, como el tabaquismo. En palabras de la especialista del hospital Quirónsalud San José: El riesgo de DMAE aumenta a medida que se envejece, de modo que las personas de 55 años o más tienen más probabilidades de padecerla”.

Los síntomas de la DMAE dependen del estadio de la enfermedad, pero lo habitual es que, siendo seca temprana o intermedia, no se presente ninguno o sean leves, como visión borrosa central leve o dificultad para ver con poca iluminación.

El riesgo de DMAE aumenta a medida que se envejece, de modo que las personas de 55 años o más tienen más probabilidades de padecerla.

Es en el caso de la DMAE tardía, tanto del tipo húmedo como seco, cuando muchas personas comienzan a ver las líneas rectas onduladas o torcidas o también pueden notar un área borrosa cercana al centro de la visión. Parafraseando a Mónica Asencio Durán: “Con el tiempo, estas áreas borrosas pueden aumentar de tamaño o ver zonas ‘en negro’. Los colores también pueden parecer menos brillantes que antes, o tener más problemas que antes para ver con poca luz”.

Diagnóstico y tratamiento

Recomiendan los expertos las revisiones periódicas en pacientes mayores de 55 años o con antecedentes familiares de DMAE como prevención de la enfermedad. Además, si aparecen los síntomas detallados anteriormente, es primordial acudir de manera urgente a un oftalmólogo, que controlará el fondo de ojo con la dilatación de la pupila e, incluso, puede aconsejar la realización de una prueba llamada tomografía de coherencia óptica (OCT), en la cual se tomarán imágenes de la mácula en alta resolución.

No existe en la actualidad tratamiento para la DMAE temprana, no obstante, influirá positivamente comer sano, hacer ejercicio regularmente y dejar de fumar. Es más, los suplementos dietéticos recomendados por los especialistas pueden ayudar a evitar que la DMAE intermedia se convierta en DMAE tardía.

“En el caso de la DMAE húmeda, se utilizan tratamientos que pueden detener la pérdida de visión: como las inyecciones anti-VEGF o la Terapia fotodinámica (TFD)”, concluye la médico del hospital Quirónsalud San José, no sin antes aclarar que, actualmente, se están estudiando, además de las causas la enfermedad, nuevos tratamientos que garanticen una mayor durabilidad de la visión con menor dependencia de inyecciones oculares. “Algunos de estos tratamientos están basados en anticuerpos, en células madre y otros en genética. Esta investigación podría conducir a un tratamiento para la DMAE seca en el futuro”.

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