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Cómo ser más felices (según la ciencia)

Para sentirte feliz y satisfecho con tu vida, tan sólo has tener la voluntad de seguir estas siete claves científicas.  

En la era de los gurús, de la autoayuda y de los consejos banales y sin fundamento, abordar el tema de la felicidad es muy recurrente, no obstante hacerlo desde el punto de vista científico, además de certeza, nos aporta una serie de claves –comprobables y medibles– que podremos seguir en nuestro día a día para ser más felices.

Para ello la psicología científica, la neurociencia y, más recientemente, la ciencia de la felicidad se han encargado de traducir los hábitos de la gente feliz en estrategias concretas basadas en la voluntad e intencionalidad. Porque puede que la mitad del camino esté marcada por los genes, pero el resto, la potencialidad de ser más felices, depende en la mayoría de los casos de nuestros actos deliberados, de aquello que decidamos hacer con nuestra vida.

1. Mantén relaciones afectivas y cercanas

“Aquellos que mantienen relaciones cálidas logran vivir más y más felices”, esta es una de las grandes conclusiones obtenidas por la Universidad de Harvard en su Grant Study, uno de los estudios más largos y completos del mundo sobre la vida adulta que lleva recopilando datos desde los años 30 del siglo pasado. Ya que, al analizar la información, los investigadores se dieron cuenta de que las personas que estaban más satisfechas en sus relaciones a los 50 años eran las más saludables a los 80. De hecho, el director de este estudio longitudinal, el psiquiatra y profesor de la facultad de Medicina Robert Waldinger, llegó a asegurar que el nivel de satisfacción con las relaciones durante la mediana edad predijo mejor que el del colesterol cómo iba a ser el envejecimiento. En líneas generales, quienes cuentan con un fuerte apoyo social experimentan menos deterioro mental a medida que envejecen.

2. Céntrate en las emociones positivas

Más que un objetivo final, la felicidad es un estado mental, por ello los expertos insisten en que debemos centrarnos en las emociones positivas. Está demostrado que las personas más felices, las que están satisfechas con su vida, son más optimistas, afectuosas, tranquilas, generosas, productivas… Pero lo son, no solo porque lo dicten sus genes, que también, ya que estos llegan a predecir hasta un 50% el nivel de felicidad, sino porque se esfuerzan y ponen voluntad en ello. Tal y como asegura la investigadora Sonja Lyubomirsky, profesora de psicología en la Universidad de California y autora del libro “La ciencia de la felicidad” (Ed. Urano), las estrategias dictadas por los psicólogos científicos para alcanzar la felicidad están basadas en los hábitos detectados en la gente feliz, como ser amables, generosos y agradecidos o mantener interacciones sociales.

3. Permanece activo

La Organización Mundial de la Salud (OMS) acaba de duplicar el tiempo recomendado de actividad física moderada aeróbica, que pasa a ser de 300 minutos semanales en adultos de 18 a 64 años, incluidas las personas con afecciones crónicas o discapacidad. Algo que, obviamente, repercutirá de manera positiva en nuestra salud y bienestar, pero también en nuestra felicidad, si tenemos en cuenta la cantidad de hormonas que se activan en el cuerpo al practicar deporte, como la dopamina (produce sensación de placer), la serotonina (un antidepresivo natural) o la endorfina, conocida como la hormona de la felicidad, ya que actúa como un analgésico natural que mejora el humor, reduce el dolor y promueve la calma.

Según una investigación llevada a cabo por las universidades de Yale y Oxford, en la que se midió la asociación entre ejercicio físico y salud mental, las personas que durante un mes practicaron ejercicio regularmente se sintieron mal un 43,2% menos que quienes no lo practicaron.

4. Presta atención a la alimentación

Que comer más frutas y verduras es bueno para la salud es algo que ya conocíamos, pero, tal y como asegura un estudio desarrollado por el departamento de Psicología de la Universidad de Otago, en Nueva Zelanda, ingerirlas crudas hace que mejore nuestro estado de ánimo. Mediante varias evaluaciones psicológicas, los investigadores determinaron que aquellos adultos que tomaron frutas y verduras “sin modificar” experimentaron mayor motivación, vitalidad y felicidad que quienes lo hicieron cocinadas, enlatadas y procesadas. Entre los principales alimentos crudos relacionados con una mejor salud mental se encuentran las zanahorias, los plátanos, las manzanas, las bayas frescas y las verduras de hojas verdes oscuras, como las espinacas, entre otros.

La meditación proporciona beneficios cognitivos y emocionales.

5. Medita

Más allá de cuestiones espirituales o religiosas, la meditación y las prácticas contemplativas proporcionan beneficios cognitivos y emocionales. A esta conclusión han llegado en el Center for Healthy Minds de la Universidad de Wisconsin-Madison, tras haber estudiado durante más de una década, el cerebro de un centenar de meditadores expertos (entre ellos varios monjes budistas).

Además de producir cambios fisiológicos en el cerebro (relacionados con la neuroplasticidad), la meditación nos prepara para reaccionar más rápido ante los estímulos –aumentando la capacidad de mantenernos alerta– y provoca que seamos menos propensos a sufrir ciertas formas de estrés. El centrarse en el aquí y el ahora hace que seamos capaces de retomar la práctica cuando la mente cae en alguna distracción –es la definida por la neurociencia como atención focalizad–. Y la conciencia plena (mindfulness) ayuda a reducir las respuestas emocionales inapropiadas, y a no centrarnos en los sentimientos negativos: la mente permanece calmada y relajada, sin concentrarse en nada en particular o, lo que es lo mismo, sin intentar interpretar, cambiar, rechazar o ignorar sensaciones dolorosas.

Tanto es así que los psicólogos clínicos John Teasdale (Universidad de Cambridge), Zindel Segal (Universidad de Toronto) y Mark Williams (Universidad de Oxford) han creado una Terapia Cognitiva Basada en Mindfulness para prevenir las recaídas en depresiones que, además, está recomendada por el Instituto Nacional para la Salud y Excelencia Clínica del Reino Unido.

6. Utiliza tus manos

Explica Mark Rego, psiquiatra de la Universidad de Yale, en su libro “Frontal Fatigue que nunca antes el ser humano había utilizado tanto la corteza prefrontal, y este abuso –que no uso– está trayendo consigo consecuencias negativas, como ansiedad, estrés, olvidos, frustración, etc. Esto se debe a que nuestra cultura está dirigida por la tecnología, que demanda un alto esfuerzo cognitivo y está sobrecargando partes del cerebro que no fueron diseñadas para este tipo de vida moderna. ¿Cómo solucionarlo? Pues en principio recomienda el doctor algo tan sencillo como hacer algo con las manos que te aporte riqueza sensorial.

7. No hagas nada

Al igual que Rego, quien también sugiere que es primordial salir del aislamiento social que está provocando el estar encadenados a la tecnología, Jenny Odell en su ensayo “Cómo no hacer nada. Resistirse a la economía de la atención” (Ed. Ariel) nos invita a desconectar y recuperar el tiempo de descansoque nos ha robado el neoliberalismo. ‘No hacer nada’ sería ver un atardecer, caminar por el bosque o contemplar las estrellas. Acciones no monetizables (ni para nosotros ni para ninguna empresa) que, según la profesora de Stanford, mejoran nuestra salud física y mental y nos hacen relacionarnos –que no conectarnos– con mayor sensibilidad. Lo que nos lleva de nuevo al punto número uno de este listado: quienes mantienen relaciones cálidas logran vivir más y más felices.

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