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Viajar para vivir

Las vacaciones se definen como ese tiempo imprescindible en el que no tienes nada importante que hacer y dispones de todo el día para lograrlo. Y, sin duda, las más auténticas son las de verano.

Esa suprema felicidad ocupaba tantos días que, a la vuelta a la rutina escolar, uno olvidaba dividir con decimales o hasta el presente de indicativo del verbo errar. Se olvidaba casi todo, salvo los amigos.

Los veranos de la infancia se recuerdan más nítidos que sus fotos descoloridas. Éstas solían ser en el río del pueblo de los abuelos o en la playa, con el castillo en la arena. También está la foto comodín encaramado al coche de nuestros queridos progenitores. Los padres representaban la garantía y seguridad de un buen verano. No había que pensar nada. Ellos decidían por ti. Y todo era divertido, salvo las horas de prohibición del baño para evitar el temido corte de digestión que nos mandaría al otro barrio por culpa de esa tortilla con arena y filetes empanados con hormigas. Y, como decía mi padre, “la hormiga es sabia pero no lo suficiente para tomarse unas vacaciones”.

Pasados los años, al superar los veinte, las vacaciones cambian completamente. Las pequeñas estancias con los padres, especialmente si se anda escaso de dinero, se alternan con viajes épicos e inolvidables. Poco que hacer y mucho por descubrir. Viajes en solitario, con amigos o con tu primera pareja. No hay forma más segura de saber si amas o no a alguien que hacer un viaje con él. Y con el tiempo notarás que quien bien te quiere, te hará viajar. A los veinte es el momento de conocer otras ciudades, sus fiestas, sus acentos, sus sabores, sabiendo que dormir está sobrevalorado. Se puede reponer fuerzas en pocas horas sobre el suelo de un aeropuerto o en una habitación compartida. Muy compartida. Son experiencias inolvidables que nunca más querrás volver a realizar, porque sabes que todo en exceso es malo, salvo viajar bien, claro.

“No hay forma más segura de saber si amas o no a alguien que hacer un viaje con él. Y con el tiempo notarás que quien bien te quiere, te hará viajar”.

A los treinta aumentas la distancia en los viajes y planificas bien tus vacaciones. Se puede ser aventurero o más sedentario con resort, pulsera y todo incluido. Hay más dinero para disfrutar, agotado el maravilloso sustento paterno, aunque es posible que comiences a viajar con bebés. Puedes ir lejos con ellos, pero ya no a la selva de cocodrilos y mosquitos que dejaste pendiente, por aquel viaje a Cancún.

A los cuarenta las vacaciones suelen ser a lugares cercanos y las escapadas conllevan buena gastronomía y sitios interesantes que ver. Se puede repetir de destino por la comodidad de coincidir con las mismas personas, pero si hay posibilidad de un gran viaje, puede ser hasta exótico.

A los cincuenta se suele tener un lugar de vacaciones fijo, pero es buen momento para hacer una lista y pensar en todos los sitios que no conoces y a los que siempre has deseado ir, porque los viajes son como los atardeceres, si esperas demasiado se te quitarán las ganas y te los pierdes. Es posible, incluso, que puedas ajustar tus vacaciones a la temporada baja y planificar viajes más cómodos o sin escalas.

“Los viajes son como los atardeceres, si esperas demasiado se te quitarán las ganas y te los pierdes”.

Después de cumplir los sesenta aún te quedan sitios por descubrir porque aún eres joven y la sed de viaje es un síntoma neto de mantener despierta la inteligencia. Se puede optar por muchos tipos de vacaciones o escapadas, hasta una estancia en un balneario o un crucero, procurando que no haga escala en sitios donde fuimos felices, porque siempre es mejor la novedad que la nostalgia. Mejor destinos tranquilos y localizaciones céntricas.

Con el tiempo, los años de experiencia obtenidos en todos los lugares donde hemos estado nos harán apreciar mejor lo que tenemos alrededor porque siempre es más culto el que mucho anda que el que mucho vive. Y es que, hay una cosa clara, no viajamos para escapar de la vida, viajamos para que la vida no se nos escape.

Ramón Arangüena es periodista, guionista y presentador de TV.

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