Lo inteligente es apostar por una casa inteligente

Dispositivos inteligentes
Se espera que el 20% de las casas para 2024 tengan por lo menos un dispositivo conectado. @iStock

La domótica planea crecer un 300% en los próximos cuatro años. Las casas se hacen más inteligentes, seguras y cómodas. Esto es todo lo que debes saber si quieres empezar a modernizar tu vivienda.

Hace unos años la idea de tener un hogar inteligente sonaba a ciencia ficción. Sin embargo, los avances tecnológicos han hecho que dejemos de relacionar este concepto con el Hall de 2001, una odisea en el espacio y empecemos a hacerlo con asistentes como Alexa o Google Home. Ya no parece tan extraño dar órdenes a la casa gracias a la tecnología: sube las persianas todas las mañanas a las ocho, apaga la calefacción cuando la temperatura exterior sea mayor de 13 grados, pasa el aspirador… Estas frases se han convertido en cotidianas en las casas inteligentes. La domótica, así se llama esta tecnología, está cambiando el mundo y nuestras casas.

El sector crecerá un 300% en España en los próximos cuatro años. Se espera que el 20% de las casas para 2024 tengan por lo menos un dispositivo conectado. No solo los asistentes de voz han ayudado a su auge, en la actualidad casi todos los electrodomésticos de gama media alta incorporan inteligencias artificiales que hacen posible que toda nuestra casa esté conectada entre sí. Ofrecen ventajas para todo tipo de público, pero quizá son los silver quienes pueden beneficiarse mejor de la comodidad, seguridad y eficiencia de esta tecnología. Pero, ¿por dónde empezar si alguien quiere domotizar su casa? ¿Es una tecnología fácil de usar? ¿qué ventajas tiene respecto a una vivienda analógica? ¿todas las casas pueden convertirse en una casa inteligente?

Asistentes domotica
Los asistentes, como Alexa o Google Home, nos ayudan a domotizar nuestro hogar y realizar tareas con simples comandos de voz. @iStock

Jordi Sabaté, ingeniero industrial y secretario técnico de la Asociación Española de Domótica e Inmótica (CEDOM), es claro sobre todos los clichés que se han adjudicado a estas tecnologías: todas las casas pueden incluirla y todas las personas pueden manejarla. “La domótica tiene mucho rodaje, llevamos muchos años en el mercado”, señala, “y esto ha conseguido que tenga un manejo extremadamente sencillo”. En la actualidad están de moda las aplicaciones que se controlan por voz, pero Sabaté señala otras formas: “Se puede usar desde el teléfono móvil, a través de pantallas táctiles o con botones y tienen un uso muy intuitivo para que no haya barreras”. Sobre los diferentes usos de la domótica podríamos diferenciar tres grandes grupos:

1. Tu casa más segura

El sector de la seguridad en el hogar es el que más está creciendo dentro de la domótica. Las alarmas ya no se limitan a sonar. Ahora graban cuando detectan movimiento y llaman a la policía si ven algo sospechoso. El control de las luces en remoto también puede ofrecer una garantía extra para cuando abandonas la casa en vacaciones, dando la sensación de que hay alguien dentro y alejando a los ladrones. Esto es especialmente recomendable en hogares unipersonales. España ha rebasado el umbral de los dos millones de mayores de 65 años que viven solos en España. Son casi la mitad de los 4,7 millones de hogares unipersonales, según datos del INE de 2018. Por eso la domótica es, cada vez más, una prioridad para el público silver.

2. Todo más eficiente

Se pueden controlar los termostatos y el sistema eléctrico para hacer la casa más eficiente. Según datos de CEDOM los hogares inteligentes permiten alcanzar entre el 25% y el 30% de ahorro en el consumo energético. “Es una estimación, pero para saber cuánto se puede ahorrar en concreto en una casa, lo mejor es pedir una asesoría técnica”, apunta Sabaté. Por ejemplo, hay edificios en los que se corta la electricidad y el termostato al detectar que no hay movimiento en una sala. Esto puede ser muy práctico en un edificio de oficinas, pero igual no lo es tanto en una casa, donde (hay de todo) normalmente no vas dejando luces encendidas tan alegremente.

3. Un hogar más cómodo

A través de una serie de comandos uno puede olvidarse de pasar el aspirador, de apagar las luces, de subir y bajar persianas o encender la calefacción. Puede delegar en un sistema las actividades más repetitivas y cotidianas. “La domótica está muy relacionada con el confort”, confirma el experto “y en ella pueden integrarse todos los sistemas de ocio de la casa”. El televisor, la música o la radio pueden controlarse ahora con un simple comando de voz.

Crecimiento domótica
Se estima que la domótica va a crecer un 300% en los próximos 4 años. @iStock

Ventajas para el público sénior

Podríamos pensar que el interés por tener casas domotizadas estaría en personas jóvenes al ser un tema tan tecnológico. Pero distintos estudios (y la realidad) demuestran que tiene muchas ventajas para el público más sénior. Al levantarse de la cama se pueden encender luces guías en el suelo para no tener que buscar interruptores y evitar accidentes, les ofrece mayor seguridad, especialmente si son personas que viven solas, y puede ayudar a que las tareas de la casa supongan menos esfuerzo físico.

España ha rebasado el umbral de los dos millones de mayores de 65 años que viven solos. Por eso la domótica es, cada vez más, una prioridad para el público silver.

Uno de los miedos más comunes a la hora de domotizar la casa es el gasto o las obras que esto puede suponer. “Nada de obras”, descarta Sabaté, “la domótica es una tecnología transparente, se integra con el entorno construido”. Ya no es necesario conectarlas entre sí por cables o hacer reformas, pues los distintos aparatos se comunican entre sí mediante la red de wifi u ondas de radio. Esto, señala el experto, hace que la gente se anime a empezar con ello, ya sea en casas de propiedad o incluso alquiladas. Pero, ¿por dónde hacerlo? El experto prefiere no concretar, pues “dependerá de las necesidades del usuario”. En cualquier caso, cree que cualquier aproximación es buena. El desembolso económico inicial puede no exceder los 100 euros. Y cuando uno empieza y lo prueba, ya no hay marcha atrás.

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