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Terapia con perros

Dentro del campo de la terapia asistida con animales, el perro es la especie con mayor popularidad. Una de las principales razones es que, gran parte de la población ha tenido, desde la infancia, algún tipo de relación con perros. Su naturaleza, casi desinteresada, cercana, y su forma de interactuar con los humanos, bien le valieron el título de “El mejor amigo del hombre”.

23 oct 2020

Los primeros estudios sobre las posibilidades de la incorporación de animales en terapias, se dieron en los años 60. Estos hicieron que, en los programas de entrenamiento desde los años 70 hasta hoy, los perros sigan siendo la figura más presente en esta forma de terapia. Estas terapias asistidas con perros, si bien no son aceptadas por todos, por cuestiones de higiene o seguridad, aportan una alternativa a las terapias convencionales.

Más allá de este tipo de casos, a continuación, exponemos la metodología, beneficios y desarrollo de la terapia con perros o canoterapia, una práctica que sirve tanto en hospitales, escuelas u hogares de ancianos.

¿De qué se trata?

La terapia con perros es un proceso guiado, con un perro entrenado especialmente para este propósito. Este tipo de terapias se han utilizado, tanto para ayudar a quienes padecen enfermedades físicas, como a quienes muestran desórdenes psicológicos (tales como baja autoestima, experiencias postraumáticas, ansiedad o depresión).

Terapeuta y paciente deben estar al tanto de cuál es el objetivo de la terapia y dar seguimiento a este proceso. Por lo general, el animal, que está entrenado para este propósito, va acompañado de su dueño. Además, debe tener ciertas cualidades como la obediencia, dejarse acariciar con facilidad, poder estar en un mismo espacio con varias personas, y ser saludable y tranquilo.

De esta manera, los perros de terapia se utilizan para mejorar cuatro áreas fundamentales dentro del proceso terapéutico: físico, cognitivo, emocional y relacional. De esto también dependerá la elección del perro y su entrenamiento previo.

Beneficios

Los beneficios dependerán del área en la que se enfoque la terapia y sus objetivos. En el caso de problemas psicológicos, en general, la compañía de un perro aporta una mejoría en el estado de ánimo, permite que la persona genere un nuevo vínculo, y garantiza el desarrollo de habilidades sociales, como la empatía o la comunicación. Cuando se aplica a hogares de ancianos y hospitales, la terapia permite que la persona se sienta menos sola o pueda atravesar con mejor ánimo un proceso difícil, como algún tipo de enfermedad o tratamiento curativo.

En el campo físico, los perros entrenados para este tipo de terapias consiguen que el paciente tonifique o refuerce el tono muscular, sea capaz de mejorar habilidades motrices, como la coordinación, e incluso la motricidad fina.

El mínimo común denominador de esta metodología terapéutica es que resulta agradable para quienes participan en ella. Los perros permiten distender el ambiente, y hacen que el paciente muchas veces olvide, por lo menos por un momento, su padecimiento. Esto se debe también a que, muchas veces, la interacción es a través del juego.

Áreas de trabajo

 Escuelas

Una de las áreas en las que se empiezan a utilizar este tipo de acercamientos es en las escuelas. El objetivo es que los alumnos dejen de asociar sensaciones negativas con el proceso de aprendizaje, como puede suceder, por ejemplo, con la lectura en voz alta. Así, el niño puede tener otro tipo de conexiones y emociones con algo que, hasta entonces, solo generaba miedo o ansiedad.

Los niños con autismo o problemas de atención, también son uno de los grupos con mayores beneficios de este tipo de terapias. El contacto físico con un animal, poco a poco, deriva en un progreso en la socialización. En los casos de Trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH), los perros representan una vía para que el niño pueda mejorar sus habilidades sociales y autoestima. No se trata de una cura, pero sí de una herramienta para mitigar ciertos síntomas de este trastorno.

Hospitales

En este caso, el paciente puede llegar a tener una terapia con perros cuando está sometido a un tratamiento, en mayor o menor medida invasivo, o bajo cuidados por problemas cardíacos. El perro ayuda a disminuir los niveles de depresión, angustia y ansiedad, que acompañan a estas patologías. Su función es acompañar y ayudar a que el paciente pueda concentrarse en algo diferente a su tratamiento.

Como comentábamos con anterioridad, también las terapias físicas encuentran un buen aliado en los perros. Es así porque, muchas veces, algo tan simple como peinar a un animal tiene un amplio beneficio en el desarrollo de la motricidad fina.

Hogares de ancianos

La soledad que muchas veces invade este tipo de lugares, puede ser combatida con la visita periódica de animales. El perro se adapta mejor a este ámbito porque es confiado y, al estar entrenado, no presenta ningún riesgo físico para los ancianos. En otros casos, también suplen a antiguas mascotas que, quienes viven en estos hogares, pueden echar en falta. No podemos olvidar que, muchas de las personas que habitan un hogar, tienen en buena estima la compañía de un perro.

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