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Poniendo el foco en nuestras fortalezas

Mantengo en este artículo que los silver atesoramos una gran cantidad de fortalezas, y que es necesario ponerlas el valor empezando por darles valor uno mismo.

Como prueba de que los años aportan mucho en situaciones complejas, tan solo dos datos. La media de edad de los CEOs que aparecen en la lista Fortune 500 es de 58 años, mientras que en el IBEX es de 60. Y no creo que se hayan vuelto locos los consejos de administración ni el mercado en general. Ni tampoco que lo hagan por caridad. En realidad, esperan algo tan tangible como son los resultados.

Aún así, no existe esa percepción general. De hecho, hay una gran exclusión de personas de más de 50 años, muy especialmente en España. Este hecho, la falta de valoración externa, hace que nosotros –los silver– nos valoremos menos de lo que nos merecemos, que es mucho.

En mi opinión, la mejor forma de que otros consideren las fortalezas que tenemos es empezar nosotros mismos por reconocerlas. Y una buena noticia: Está socialmente aceptado que contamos con fortalezas y debilidades, pero la realidad es que solo tenemos fortalezas, debilidades es lo que no tenemos. Quizás nos estemos fijando todo el rato en la escasez, en lo que no tenemos. Sin embargo, mi propuesta pasa por detenernos en la abundancia; es decir, en lo que sí tenemos.

En este sentido, convendría definir 4 tipos de fortalezas: capacidades, cualidades, conocimientos y red de relaciones.

Conceptos como la creatividad, el pensamiento conceptual, el pensamiento sistémico o la facultad para analizar problemas y resolverlos son ejemplos de capacidades que nos permiten actuar de forma profesional y eficaz.

Por otro lado, la paciencia –que podría definirse como la facultad de mantenerse en calma en circunstancias adversas– o la generosidad entran en el terreno de las cualidades, y suelen ser lo que más aprecian los demás de nosotros y potencian todas nuestras capacidades. Es decir, las cualidades nos permiten actuar con sabiduría.

Los conocimientos seguramente no requieren mayor explicación, aunque sí conviene señalar que cambian todo el rato y son accesibles, pero no por ello resultan menos importantes.

Y, por último, está la red de relaciones, que, sin duda, crece con el paso del tiempo, por lo que tiene un valor inconmensurable.

Todos –y en especial los que pertenecemos a la Generación Silver– deberíamos de ser capaces de explicar dos cosas: en qué situaciones somos capaces de dar un valor máximo y qué fortalezas atesoramos. Y para ello propongo una investigación apreciativa, con el objetivo de descubrir, desde la perspectiva de los otros, cuáles son nuestras mayores capacidades y cualidades y las circunstancias en las que damos máximo valor.

Una investigación que arrancaría por hacer una lista de personas con las que has trabajado o realizado cualquier tipo de proyecto; es decir, personas que conocen bien cómo trabajas, cómo te desenvuelves cuando pasas a la acción. Dirígete a ellos, pídeles una entrevista, y explícales tus intenciones.

A continuación, escribe una entrevista apreciativa, para que sirva de protocolo a seguir. Propongo esta, a modo de ejemplo:

“¡Hola! Estoy intentando descubrir mis fortalezas y los momentos en los que aporto gran valor. Por eso te quiero entrevistar. Piensa en aquellos mejores momentos que has compartido conmigo, momentos en los que tú consideres que yo resulté muy útil para la organización en su conjunto o para ti mismo. Describe esa situación: ¿qué pasó?, ¿cuáles fueron las circunstancias?, ¿qué hace que este momento resulte especial para ti?, ¿cómo actué yo?, ¿qué fortalezas y valores personales puse en valor? Te pido, además, que expongas aquellos ejemplos lo más concretos posibles: ¿qué efecto positivo tuvo mi actuación, y las fortalezas y valores que describes?”

Como se puede comprobar, no se trata de realizar una intelectualización, sino simplemente de reflejar algunos momentos reales, historias de éxito, y, posteriormente, poder analizarlas. El resultado conseguirá ofrecer la visión de uno mismo en plena utilización de todas las fortalezas que atesora.

Recomiendo que la persona entrevistada cuente diferentes momentos, varias historias y poder, demás, entrevistar a un grupo de entre 10 y 20 personas, lo más diversas posibles, eso sí. Una vez realizadas las entrevistas, llega el momento del análisis. Sin duda los relatos van a confluir, tanto en situaciones como en fortalezas. La razón es simple: en la abundancia confluimos.

Tras la investigación, tú también puedes reflexionar sobre ti mismo, sobre aquellos momentos de los que te sientes orgulloso y pensar qué fortalezas y valores pusiste en juego. Con ello, podrás generar un relato que explique en qué circunstancias das máximo valor y las fortalezas que utilizas. Para ilustrarlo no tienes más que contar las historias que han valorado tus interlocutores.

Espero que la abundancia os acompañe. Tan solo hay que invocarla.

*Fernando Iglesias, fundador y CEO de Madavi.

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