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Convivencia intergeneracional: derrumbando mitos y leyendas

VS Raquel Roca
Raquel Roca. Periodista, autora de “Knowmads” y “Silver Surfers”. Fundadora de Silver.Academy

En mayo de 2021 cientos de investigadores científicos firmaron una carta abierta pidiendo a la autoridad mundial Pew Research Center –reconocido Think tank con sede en Washington– a poner fin a su uso de términos generacionales, argumentando que tales etiquetas son contraproducentes.

Ya sabíamos –otra cosa es la importancia que a ello le damos– que toda etiqueta conlleva sesgos y valoraciones erróneas. Por ejemplo, ¿de verdad las personas mayores tienen menos interés por el sexo? Y… ¿dirías que el deterioro cognitivo como la pérdida de memoria, desorientación o confusión es una parte inevitable de la vejez? La respuesta correcta es la que hay que pensar dos veces... Ay. Sumado a esto, los científicos han encontrado algo más novedoso e igual de peligroso: los términos generacionales pueden dar forma al comportamiento de las personas, y no al revés.

Si bien los investigadores están de acuerdo en que la experiencia de crecer como Baby Boomer es obviamente muy distinta a la de la Generación Zeta, como ellos mismos explican “al asignar a la Generación Z, por ejemplo, el carácter distintivo de activistas progresistas adictos a TikTok, los especialistas en marketing corren el peligro de imponer tales cualidades a poblaciones muy diversas, lo que luego alimenta un círculo vicioso de parodia cultural. También está el hecho de que las personas ahora se identifican como miembros de diferentes tipos de grupos; aquellos basados en valores compartidos, objetivos climáticos, los mismos vecindarios o incluso DAO impulsados digitalmente, algo que ha dado lugar a una nueva macrotendencia: el Neocolectivismo”.

No nos clasifica ni define la generación a la que pertenecemos, como a casi nada que nos meta en una caja, compartimentada y sellada.

Y es que, como dice la persona que está al frente de este movimiento posdemográfico, el sociólogo Philip Cohen, hay que destacar las diferentes experiencias entre los negros y los blancos, los inmigrantes y los nativos, y los niños con y sin iPads como paradojas que dan forma a nuestros comportamientos, tanto como la edad. Por lo tanto, no nos clasifica ni define la generación a la que pertenecemos, como a casi nada que nos meta en una caja, compartimentada y sellada. El peligro de polarizarse y generar enfrentamientos entre las personas en función de su edad/generación tiene un coste especialmente elevado en las compañías. Los colectivos casi nunca son homogéneos, y esas etiquetas son precisamente las que tenemos que quitar si queremos pensar en escenarios de futuro.

Además de nuestras preferencias innatas a los que –creemos– son más similares, hemos abierto una brecha cada vez más grande entre jóvenes, adultos y mayores, algo que no ocurría en otras épocas. ¿Por qué que los vínculos entre generaciones se están diluyendo? Deslocalización geográfica, neo familias, parejas sin hijos, “abuelos” sin nietos…

Según datos del CIS, en España 13 de cada 100 personas de 65 años o más no tiene relación ninguna con sus familiares más jóvenes con los que no convive y el 62% no se relaciona con personas menores de 35 años que no sean familiares. O sea, nos falta más contacto, más comunicación y más tacto. En lo social y en lo empresarial.

El enfoque intergeneracional

El talento no tiene edad, pero mientras estamos discriminándonos tanto por tener demasiados años como por tener demasiados pocos, la posibilidad de trabajar con un amplio espectro de edades conlleva muchos beneficios tanto emocionales como profesionales. Ninguno es más importante que el otro, todos nos complementamos desde la aportación de valor singular. Como recojo en el libro “Silver Surfers” (LID), cuandp hablamos de Estrategias de convivencia múltiple se trata de crear modelos transversales de participación entre generaciones trabajando en proyectos con enfoque intergeneracional. Eso significa consensuar los objetivos para lograr resultados y cambios a medio y largo plazo.

Pero ojo, porque el hecho de crear espacios intergeneracionales va mucho más allá de que personas de diferentes generaciones interactúen. En este caso estaríamos hablando solo de espacios multi-generación. Para que haya un “inter” tiene que haber estos ingredientes: participación, alineación en objetivos, conocimiento y respeto mutuo, co-creación, influencia mutua, cooperación, aporte de igual a igual.

A medida que las generaciones venideras son más pequeñas, la convivencia entre personas de diferente edad así como la transferencia de conocimientos para el éxito empresarial sostenible debiera ser una prioridad. Tanto como el desprendernos de nuestros prejuicios y sesgos para conseguir, ojalá algún día, comunidades agnósticas de edad en el futuro.

“Cuando escuchamos y celebramos lo que es común y diferente, nos convertimos en una organización más sabia, más inclusiva y mejor” (Pat Wadors, Jefe de Recursos Humanos en LinkedIn)

Raquel Roca, Autora de “Silver Surfers” (LID) y Fundadora de silver.academy

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