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Si pudieras, ¿te borrarías 20 años del carné de identidad?

Raquel Roca
Raquel Roca. Periodista, autora de “Knowmads” y “Silver Surfers”. Fundadora de silver.academy

Puede que sientas cada cana y arruga ganada con los años como una cicatriz de vida, de vida exprimida y sentida. Y las luzcas con orgullo, resignación, amor, o así, sin más. O puede que elijas cubrirlas, disimularlas y eliminarlas por fuera, porque por dentro no hay quién las borre. Bien está. Que seamos libres siempre para hacer con nuestro cuerpo y apariencia lo que nos dé la real gana.

Si comparto esta polémica pregunta contigo es por otra cosa; me gustaría destapar una reflexión importante que se esconde detrás. Déjame que te lo cuente a través de una historia, con el caso de Emile Ratelband, porque es realmente singular. Emile, hombre holandés con edad cronológica de 69 años, edad biológica de 45 años y una edad autopercibida de 49 años, sorprendió al planeta en 2018 cuando pidió cambiar legalmente sus (entonces) 69 años por 49. O sea, borrarse 20 años de un plumazo. Pidió a los jueces modificar su fecha de nacimiento porque se sentía discriminado en el trabajo por razones de edad. En el trabajo y en Tinder… lo cual también da mucho tema del que hablar, pero hoy nos ceñiremos al plano laboral.

Emile Ratelband
Emile Ratelband, el ciudadano holandés que pidió bajar legalmente su edad. @DWDD/Creative Commons.

Según él, los médicos aseguran que fisiológicamente tiene la salud y el cuerpo de alguien de 45 años y ya que así es como se siente –y no como el “jubilado” que le “toca” ser en lo profesional y en lo social– peleó para que los tribunales aceptaran la modificación de su partida de nacimiento. Por supuesto renunciaría a su pensión hasta que le llegara “de nuevo la hora” por edad. Su reclamación: “Si los transexuales pueden cambiar de género y que conste en el pasaporte, ¿por qué no de edad?”.

Al final (o por ahora) los tribunales le han denegado su petición, pero el debate que genera con respecto a la edad biológica vs la edad cronológica es tremendamente relevante. Todos somos conscientes de esa brecha cada vez mayor entre lo que dice –y dicta– nuestro DNI y lo que expresa nuestra mente, actitud, cuerpo. La edad biológica gana por goleada. Si estoy a tope de energía, me siento bien y estoy en lo alto de la ola –de salud, mental, actualización de conocimientos, etc.– ¿por qué mi edad cronológica resta en vez de sumar?

Consciente o inconscientemente, desde la acción o inacción, llevamos mucho tiempo generando discriminación por cuestión de edad: hacia los demás y también hacia nosotros mismos.

La cruda realidad ahí fuera, en el entorno laboral, nos dice que cuantos más años se tengan, menos posibilidades hay para trabajar. Una verdad que nace de lo más profundo y oculto de nuestros corazones, porque todos somos constructores y responsables de esta sociedad. Consciente o inconscientemente, desde la acción o inacción, llevamos mucho tiempo generando discriminación por cuestión de edad: hacia los demás y hacia nosotros mismos (¿te suenan frases del tipo “si es que a mí esto ya me pilla muy mayor”?…).

Toca despertar. Cambiar. Si todos tenemos claro que los 60 son los nuevos 50 y los 50 los nuevos 40, que edad cronológica y biológica no se solapan nunca más, ¿por qué la fecha de nacimiento aún nos golpea con toda su fuerza en lo laboral? En España sólo un 4% de las empresas tiene políticas dirigidas a contratar a mayores de 50 años, y apenas un escaso 17% contrató a profesionales en paro por encima de esa edad, según la Guía del Mercado Laboral 2018 de Hays.

Si miramos fuera de nuestro país, ocurre igual: el 65% de los profesionales en México declaró haber sufrido algún tipo de discriminación según un estudio de la OCC Mundial. ¿La discriminación más común? Edad (47%), por encima de la apariencia física e imagen personal (20%), género (10%), socioeconómica (8%), cultural (7%) u orientación sexual (6%). No sólo se produce discriminación no contratando o expulsando antes de tiempo a los profesionales maduros, también cuando “olvidamos” incluirlos en los programas de aprendizaje, liderazgo, planes de carrera, etc. O cuando financiamos menos sus emprendimientos o startups.

El progresivo envejecimiento de la población y la dificultad que habrá en el relevo generacional en las organizaciones debiera obligar a las empresas a fidelizar y buscar a los silver con talento.

En un lado del extremo tenemos empresas que quieren desprenderse de sus empleados de más de 50 y por el otro lado a las que no se plantean contratar ni siquiera a los de 40 (en todos los casos nos centramos en la pérdida del talento silver surfer, personas que no están adormecidas en sus puestos de trabajo ni en sus vidas sino que quieren crecer, aprender, aportar, seguir surfeando las olas del cambio; los zombies laborales no están contemplados tengan la edad que tengan). El progresivo envejecimiento de la población y la dificultad que habrá en el relevo generacional en las organizaciones debiera obligar a las empresas a fidelizar y buscar a los silver con talento. Sin embargo, el 90% de las compañías no tiene un plan de actuación para sus mayores.

En algunos países está prohibido por ley especificar la edad en los procesos de selección, pero hay cientos de maneras de averiguar la fecha en que naciste porque ¿cómo ocultar la experiencia, dónde estudiaste, cuándo te graduaste…? Por eso –como para casi con todo– hacer leyes y regular no es la manera. No es suficiente. Erradicar el edadismo (discriminación por edad) necesita una toma de conciencia social e individual. Hay que tener empatía con la persona más sénior que tengo enfrente ¡pero también con mi yo silver del mañana! Porque la madurez y la vejez, si tenemos suerte, es algo que a todos alcanza.

Ojalá tengamos la opción de poder seguir en activo y trabajar hasta los 80 años o más, ya sea porque financieramente lo necesitemos (y en el fondo de nuestros corazones también sabemos que es una posibilidad muy real) o porque nos dé (como con dejarnos las arrugas o no) la real gana. Por mantener activas las neuronas, el físico, las relaciones sociales, que me aporten y aportar, por sentirme realizado, por disfrutar…

Pero si sufro hoy, ahora, en el trabajo, y esa es la proyección que tengo de mi futuro normal, este sufrimiento terminará llevándome a que esté deseando jubilarme, entonces debería revisar mi actualidad de inmediato. Porque aunque debemos cuidar y planificar nuestro mañana, la vida es ahora. En fin, que pueden pasarnos mil cosas, pero lo que no puede pasar es que tengamos cerrada la puerta de la longevidad laboral por lo que diga –o dicte– nuestro carné de identidad.

Raquel Roca es periodista, autora del libro ‘Silver Surfers’ (LID Editorial).

 

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