Edición genética: una herramienta estratégica para el futuro del sector de frutas y hortalizas
La agricultura europea afronta uno de los momentos más decisivos de las últimas décadas. El cambio climático, la presión de nuevas plagas y enfermedades, la necesidad de producir alimentos de manera más sostenible y las crecientes exigencias de los consumidores obligan al sector agroalimentario a avanzar hacia modelos más eficientes, innovadores y resilientes. En este contexto, la mejora vegetal y, especialmente, las nuevas técnicas de edición genética representan una oportunidad clave para garantizar el futuro del sector agrícola.
Desde ANOVE, como asociación que representa a las empresas obtentoras vegetales en España, defendemos que la edición genética es una de las innovaciones más prometedoras para responder a los retos actuales y futuros de la agricultura. Estas técnicas no sustituyen a la mejora vegetal tradicional, sino que la complementan y potencian, permitiendo desarrollar nuevas variedades de manera más precisa, rápida y eficiente.
La edición genética engloba un conjunto de técnicas innovadoras que permiten realizar modificaciones concretas en el ADN de una planta. A diferencia de otras tecnologías anteriores, estas herramientas actúan de forma precisa sobre genes específicos, reproduciendo cambios que podrían darse de manera natural o mediante métodos convencionales de mejora, pero en menos tiempo y con mayor precisión. En muchos casos, el resultado final es indistinguible de una mutación natural o de una obtenida por métodos convencionales. Por ello, numerosos organismos científicos internacionales consideran que la evaluación de estas plantas debe centrarse en las características del producto obtenido y no únicamente en la técnica empleada para desarrollarlas.
El sector hortofrutícola es especialmente vulnerable a las consecuencias del cambio climático. Las olas de calor, la escasez de agua, la salinidad de los suelos o la aparición de nuevas enfermedades están afectando ya a la productividad y competitividad de muchos cultivos. La edición genética permite desarrollar variedades más adaptadas a estas nuevas condiciones. Gracias a estas técnicas, es posible obtener plantas con mayor tolerancia a la sequía, más resistentes a enfermedades o con una mejor capacidad de aprovechamiento de nutrientes y agua. Todo ello contribuye a reducir el uso de fitosanitarios y fertilizantes, favoreciendo una producción más sostenible.
Por ejemplo, en cultivos hortícolas como tomate, pimiento o lechuga, la edición genética puede ayudar a mejorar la resistencia frente a virus y hongos que generan importantes pérdidas económicas. En frutales, puede contribuir a obtener variedades más resistentes a enfermedades emergentes o más adaptadas a condiciones climáticas extremas. En Estados Unidos ya se están realizando ensayos de campo con variedades editadas de fresa resistentes a una enfermedad fúngica y variedades editadas de naranjo resistentes a una enfermedad bacteriana que causa el 80% de las pérdidas en la industria de cítricos de Florida. En Europa, Italia ha autorizado ensayos de campo con variedades de vid editadas para conferir resistencia al mildiu.
Los beneficios potenciales no se limitan a la producción agrícola. La edición genética también puede contribuir a mejorar la calidad de los alimentos, aumentar la vida útil de frutas y hortalizas frescas o desarrollar productos con características nutricionales mejoradas, respondiendo así a las demandas de consumidores cada vez más exigentes.
La Unión Europea ha fijado objetivos ambiciosos en materia de sostenibilidad a través de iniciativas como el Pacto Verde Europeo y la estrategia “De la Granja a la Mesa”. Alcanzar metas como la reducción del uso de fitosanitarios, la optimización de los recursos naturales o la adaptación al cambio climático requerirá poner a disposición de los agricultores todas las herramientas de innovación disponibles. La mejora genética y, en particular, las nuevas técnicas genómicas, forman parte de la solución.
España ocupa una posición de liderazgo en el ámbito de las frutas y hortalizas y es una referencia internacional en mejora vegetal. Nuestro país cuenta con un ecosistema innovador formado por empresas obtentoras, centros de investigación y universidades que trabajan en el desarrollo de nuevas variedades adaptadas a las necesidades de agricultores, comercializadores y consumidores. La innovación varietal ha sido una de las claves del éxito del sector hortofrutícola español y seguirá siendo un elemento esencial para mantener su competitividad en los próximos años.
Por ello, resulta fundamental que Europa disponga de un marco regulatorio proporcionado, basado en el conocimiento científico y adaptado a los avances tecnológicos. La legislación actualmente aplicable a muchas de estas técnicas fue diseñada hace más de dos décadas para tecnologías muy diferentes a las que existen hoy. Esta situación limita la capacidad innovadora de la agricultura europea y genera una creciente brecha con otros países que ya han adoptado enfoques regulatorios más actualizados.
Numerosos países, entre ellos Estados Unidos, Argentina, Brasil, Japón o Reino Unido, han adoptado enfoques regulatorios más adaptados a la realidad científica actual. Europa no puede quedarse atrás si quiere mantener la competitividad de su agricultura y garantizar la soberanía alimentaria. Una regulación equilibrada permitiría impulsar la investigación, facilitar la llegada de nuevas variedades al mercado y ofrecer a agricultores y consumidores los beneficios de esta innovación, manteniendo criterios de seguridad y transparencia para todos los actores.
La edición genética no es una solución única para todos los retos del sector, pero sí una herramienta estratégica que puede contribuir de manera decisiva a construir una agricultura más sostenible, productiva y resiliente. Apostar por la innovación significa ofrecer nuevas oportunidades a agricultores y consumidores, fortalecer el liderazgo tecnológico europeo y asegurar el futuro del sector hortofrutícola y de la agricultura europea en general.