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ARCO Madrid

Un paisaje contrastado. Una población heterogénea

Por Inés Katzenstein, comisaria de Argentina Plataforma / ARCO

08 feb 2017

Esta selección de galerías y artistas se propone como un panorama del mercado de arte contemporáneo argentino, con el foco puesto en la escena de la ciudad de Buenos Aires. Con este grupo se busca un equilibrio entre la presencia de galerías de larga trayectoria y pequeñas galerías emergentes, así como entre artistas de distintas generaciones y lenguajes, haciendo hincapié en nombres que aún no han tenido reconocimiento internacional. 

Por tanto, hay artistas que empezaron a producir en la década de los sesenta, algunas personalidades fundamentales de las décadas del ochenta y noventa presentadas en micro-antologías, y jóvenes que exploran nuevas formas del arte y la subjetividad. Desde el punto de vista de los lenguajes, la selección pone el acento en mostrar la pluralidad de la escena argentina, vista como un paisaje de contrapuntos en el que conviven, como vecinas amigables pero extrañas, propuestas de muy diversa índole: conceptuales, matéricas, proto-científicas, proyectuales, pictóricas y sociológicas. 

Esta idea del conjunto como un paisaje contrastado o una población heterogénea es el eje principal de la selección y aspira no solo a ser representativa de un panorama que en sí es plural y enorme sino,  sobre todo, a subrayar esas diferencias como una de las características más importantes, más vitales y desafiantes del campo artístico en cuestión.

En este sentido, la selección argumenta en contra de la idea de una identidad nacional. Sabemos que la cultura es un concepto fundamentalmente situado, pero también que la noción de identidad está disuelta entre las inconmensurables e incontrolables olas de información que consumimos y las permanentes micro-acciones especulativas y afectivas que nos constituyen como sujetos. Como el motor que propicia esa diversidad y que anima esta selección sí quisiera proponer una cierta actitud de los artistas: me animaría a decir que los artistas agrupados en esta presentación están por lo general decididos a evitar la condescendencia, decididos a escapar del peso de los clichés de lo nacional o lo regional y a traicionar géneros o tradiciones demasiado dogmáticos, en pos de la intensidad de sus búsquedas. Si hay una atracción por lo actual, hay a la vez una fuerte heterodoxia.

Por último, ofrezco unas guías de lectura para recorrer estas obras, tres vectores, tres insistencias que asocian varias de las obras presentadas y que pueden pensarse como hilos conductores que dan una forma posible a la presencia argentina en ARCOmadrid. Estas son: la férrea vigencia de la pintura como materia para la experimentación, la fuerza que tienen los movimientos de des-territorialización entre artes visuales y escritura (ya sea ésta considerada como simple grafía o como literatura), y la presentación en las obras de problemáticas de género.

Hay también artistas que caen fuera de estas categorías, algunos que están atravesados por más de una, algunos que se identifican con esto que escribo y otros que seguramente no.

ARTISTAS EN Argentina Plataforma / ARCO 

Juan Tessi

En los últimos años, Juan Tessi se ha abocado a la tarea de desaprender las técnicas clásicas de pintura en las que se formó. Este proceso de búsqueda de un no saber, es proyectual, es decir, en cada serie, Tessi se aboca con método a una experimentación en particular, que le permite expandir su lenguaje a lugares inesperados, e ir abandonando su virtuosismo.

Sucedió, hace unos años, cuando utilizando el lienzo como si fuese una cara, aplicó sobre él la pintura a partir de instructivos de maquillaje. La paleta se encarnó, el lienzo se volvió piel y la abstracción resultante fue una máscara informe. Después, ese tratamiento del lienzo como cuerpo fue llevado un paso más allá. Hoy el cuadro es, entonces, cuerpo, y si es cuerpo, tiene unas cabezas de cerámica, a la vez primitivas y robóticas, que lo coronan. La técnica se concentró entonces en estas cerámicas, y el cuadro fue llevado hasta el extremo máximo de esquematicidad.

Juan Tessi nació en Lima, Perú, en 1972. Estudió pintura en el Maryland Institute de la ciudad de Baltimore, USA. En 1998 se radicó en la Argentina.

Elba Bairon

Algunos de los trabajos de Elba Bairon parecen provenir de ese kitsch que interpreta la pintura europea en su versión más bucólica y dulcificada. Me refiero por ejemplo, a sus esculturas de niños con cabritos, de lavanderas al borde del arroyo, de animales de la granja. Otras obras son más indescifrables en su origen; figuras yacentes con animales o figuras con ofrendas.

Pero en todas, la identidad, los rostros, la expresión, el color, aparecen borrados por un particular método de “sobado” de las superficies, que va ablandando las formas, barriéndole los bordes y los detalles, hasta un punto preciso entre la figura y su virtual desaparición. El mundo escultórico de Bairon existe, entonces, en un punto límite entre la existencia y la nada.

Sin embargo, curiosamente, esa misma técnica de abstracción produce en las piezas una sensualidad muy particular, una cualidad cuasi azucarada, que les da a las figuras su levedad y su misterio.

Nacida en La Paz, Bolivia, en 1947, Bairon estudió en Montevideo y se radicó en Argentina en 1967, donde fue protagonista de la escena del arte de los 90. 

Dudu Alcon Quintanilha

Nacido en São Paulo, Brasil, en 1984, Dudu Alcon Quintanilha se formó como artista en Buenos Aires, comenzando su carrera como fotógrafo y luego como performer. Sus obras tratan sobre el deseo, la marginalidad económica y social, la transgresión, el riesgo, los encuentros y el sacrificio, y se despliegan en una investigación sobre las capacidades expresivas, relacionales y terapéuticas del cuerpo.

En Buenos Aires, formó parte de la Cooperativa Guatemalteca, grupo con el que realizaban arte en el contexto de la Villa 31, ubicada en el barrio de Retiro. En São Paulo, donde vive actualmente, fundó en 2015 Mesha, (del verbo mexer, que significa mover, dislocar, agitar), un grupo de trabajo con gente LGBTQ en situación de calle y vulnerabilidad.

En el marco de Mesha, Alcon Quintanilha produjo una serie de piezas en video, que él denomina “Estudios Esporádicos de Performance”, en las que dirige a una o más personas, coreografiando sus movimientos, en una situación de alta complejidad emocional. Aquí presentamos Variaciones, una obra que el artista realizó en colaboración con Alessandro dos Anjos, a quien conoció cuando trabajó como voluntario en el Projeto Especial Centro de Convivência e Acolhimento para Adultos (Complexo Prates), un centro para personas en situación de calle que además están en tratamiento por dependencia química. La obra expone una situación ambigua de tensión y comunión entre dos hombres: la voz del artista y el cuerpo de Alessandro como objeto y motor coreográfico.

Juan José Cambre

Formado como arquitecto, Cambre fue uno de los protagonistas del resurgimiento de la pintura en la década del 80, y de su vinculación con la escena del teatro y la poesía. A partir de los años 90, sin embargo, todo expresionismo quedó eliminado de su obra. Cambre emprendió largos y rigurosos proyectos de investigación sobre la constitución del color, basados en la estabilización de una misma figura --ya sea, en una etapa, una vasija, o en otra etapa, las sombras del follaje—alrededor de la cual se dinamizaba el color, hasta hacerlas desaparecer en la abstracción o el monocromo.

Lo que presentamos en ARCOmadrid es un fragmento de una serie de pinturas sobre papel que presentan planos verticales de color, resultantes de un juego de superposiciones de dos o tres colores, provenientes de una matriz mayor. La casi completa erradicación de la anécdota deja espacio al testeo como ciencia del color y experiencia estética.

Alejandro Kuropatwa

La serie de Cóctel de Alejandro Kuropatwa, es una de las obras más importantes generada a partir de la crisis del SIDA en la Argentina. Pero no es una obra de protesta, como son la mayoría de las que conocemos sobre el tema, a través, sobre todo, del caso norteamericano. La suya fue una obra de celebración. Kuropatwa fotografío, como si se trataran de pequeños monumentos, las pastillas del coctel de drogas antivirales que se anunciaron en la XI Conferencia Mundial sobre Sida celebrada en Vancouver, en 1996, y que le permitieron vivir hasta 2003.

Con esa característica mezcla de humor, sensualidad y solemnidad que caracterizó la obra de Kuropatwa, esta serie cierra un período de dolor y muerte, y se presenta con el doble sentido--médico y festivo-- del término “Cóctel”.

Kuropatwa, que había estudiado en la década del 80 en el Fashion Institute of Technology y en la Parsons School of Design de Nueva York, fue un artista icónico de Buenos Aires, que retrató la juventud de los noventa, la decrepitud en los años 2000, e hizo de su comunidad uno de los temas centrales de su trabajo.

Además de una versión reducida de Cóctel (que originalmente se presentó en un formato mayor), presentamos tres autorretratos de la realizados por el artista antes de morir.

Sol Pipkin

En el mundo hiper urbano del arte contemporáneo, la obra Sol Pipkin actúa como un recordatorio, como una intervención desde esa exterioridad, cada vez más improbable, que es la naturaleza por un lado, y el hippismo por el otro. Desde ese espacio de alternativa radical a la idea de progreso es desde donde la obra se enuncia: ristras de nueces como rosarios gigantes, ramas con coronas de abrojos, amuletos devenidos en esculturas, pinturas realizadas con técnicas artesanales, arañas, zapallos, esculturas de semillas y pinturas de tinturas naturales.

Pero Pipkin no es una outsider, ni una moralista, sí quizás, una mística. Su búsqueda de una sensualidad táctil está en diálogo con las tradiciones terapéuticas de Lygia Clark y con una crítica al saber racional que no puede ser más relevante y actual; sus exploraciones formales y sus experimentos de sensibilización de los públicos están alineados con la actual búsqueda de alternativas al colapso perceptivo.

Pipkin nació en Lago Puelo, provincia de Chubut. Actualmente vive en la ciudad de Rosario.

Guillermo Faivovich y Nicolás Goldberg

La lluvia de meteoritos caída en Campo del Cielo, en la provincia argentina de Chaco, es el tema de investigación de este dúo de artistas desde 2006. Un interés inicial por la ontología de estas rocas extraterrestres los llevó con el tiempo a transitar metodologías inesperadas, incluso para ellos mismos; a transformarlos en científicos, en políticos o en detectives, según el momento.

Hasta la fecha, su trabajo se concentró en la historia de dos meteoritos en particular, El Taco, que está partido al medio y cuyas mitades juntaron, en un esfuerzo de gestión diplomática inaudito, para una exposición en Portikus, Frankfurt, en 2010 y El Chaco, el meteorito más grande de la zona, que intentaron trasladar infructuosamente a la Documenta de Kassel de 2012, generando un denso debate político sobre el concepto de patrimonio.

Actualmente, Faivovich y Goldberg siguen empujando los límites de su investigación, persiguiendo la ubicación del mítico Mesón de Hierro, buscando lotes de meteoritos decomisados por el gobierno chaqueño, y abismándose en las imágenes de un microscopio atómico que hacen que esas piedras metálicas de Campo del Cielo terminen pareciéndose al espacio oscuro y remoto del que provienen.

Fabio Kacero

Copiar el manuscrito del Pierre Menard de Jorge Luis Borges, publicar un libro cuyo contenido son listas de miles de palabras inventadas, escribir el índice de su biografía inexistente, son todas acciones de Fabio Kacero que se fundan en una concepción de la escritura como procedimiento conceptual. Para Kacero, las metodologías seriadas y repetitivas del conceptualismo funcionan incluso para su etapa más reciente de escritor de ficción: Kacero el autor del fantástico Salisbury, pareciera ser menos una subjetividad que una máquina de generar breves historias de tinte surrealistas.

Pero a la vez que se volvía escritor, Kacero, que fue uno de los artistas más paradigmáticos de la escena artística de los noventa en la Argentina, también continuó trabajando en algunas de sus series históricas, como sus dibujitos de diseños modernistas, sus naturalezas muertas acolchadas, sus performances “haciendo el muertito”, o su grito, descontextualizado y chillón, en medio de las inauguraciones.

Considerando todas estas secuencias casi robóticas de creación, la mezcla de obsesión y absurdo de cada una de sus obras, se entiende que la construcción de la figura de Kacero como personaje es uno de los efectos más concretos de su afición a las repeticiones. Por sus características, este personaje, Kacero mismo, existe en contradicción con las personalidades más corrientes del siglo XXI, proponiendo la excentricidad de la quietud y el cultivo de una fobia persistente, como una verdadera válvula de escape a la opresión de la llamada “normalidad” deseante de las vidas de artistas de hoy.

Con la idea de retratar esta figura, fundamental en la escena porteña, en ARCOmadrid presentamos una selección de sus obras conceptuales más icónicas: Tootloop, el Pierre Menard, el Nemebiax, Sasha y Trilobite.

Marcelo Pombo

Marcelo Pombo fue una de las personalidades más brillantes del llamado “Arte del Rojas”, un grupo de artistas que entre fines de la década del 80 y principios de la década del 90, produjeron una verdadera discusión política en el arte argentino, gracias a la fuerza de sus ideas y a la materialidad pobre y “amorosa” de su obra.

Si Pombo—que había iniciado su vida cultural como militante de grupos gay—en los años noventa retomaba prácticas femeninas de bricolaje y se presentaba como un artista deliberadamente decorativo y amateur, rechazando el modelo del artista profesionalizado y de statement que surgía en esos años, a partir de entonces fue produciendo varios giros en su trabajo, que siempre lo encontraron política y artísticamente aliado con posiciones culturales devaluadas y provocativas.

Si su alianza inicial fue con las mujeres y los niños, luego, durante años, Pombo pintó unos cuadros de una sensualidad desbordante, con la virtuosidad de un artesano y el ánimo barroco de un surrealista. Actualmente, su trabajo se concentra en el estudio de las figuras y tradiciones artísticas olvidadas del arte latinoamericano.

En ARCOmadrid presentamos obras de distintos períodos, desde sus dibujos de los inicios de los años 80 hasta sus esmaltes de los años 2000, intentando ofrecer un pequeño panorama de uno de los artistas más influyentes del arte argentino contemporáneo.

Diego Bianchi

Provocativa, excesiva, erótica, anclada en la precariedad de las ciudades y llevada por la imaginación hasta el delirio, la obra de Diego Bianchi se ha transformado en uno de los íconos más claros de la cultura argentina que emergió luego de la crisis del año 2001.

Si la obra se alimenta de todo ese espectro de cosas que sobran, vencidas, destruidas, percudidas y liberadas del uso, es para convocar a la economía como uno de los temas centrales del presente. En este sentido, el reciclaje compulsivo y disfuncional, así como los desafíos de la velocidad en la producción, han sido dos de sus motores principales.

Hoy, ya lejos de aquella crisis que atravesó de modo tan profundo la autoconciencia de los argentinos, la precariedad sigue actuando en su obra como una sordina, aunque dando espacio a nuevos temas de investigación, como ser la relación entre tecnologías y cuerpos, entre deseo y control, sensualidad y catástrofe. Así, sus construcciones arquitectónicas o escultóricas empezaron a actuar como sets o props de performances exhibicionistas, violentas, absurdas y desquiciadas.

En ARCOmadrid presentamos un grupo de pedestales que exhiben pequeñas escenas entre cosas y máquinas, animadas por todas esas sensaciones de voyerismo, perversión y obsesión.
 

Mariela Scafati

Si bien pasa gran parte de su tiempo trabajando de manera grupal y colaborativa, y participó activamente en dos de las iniciativas colectivas más relevantes de las últimas décadas en Argentina (la galería Belleza y Felicidad y el Taller Popular de Serigrafia), Mariela Scafati es también una artista singular.

Scafati trabaja a partir de su formación como pintora y serigrafista, pero la técnica está siempre al servicio de una suerte de extraño vitalismo formal. Ya sea cuando cose retazos de tela para componer geometrías, cuando escribe afiches que amplían los mensajes de texto que había en su teléfono durante un período de militancia, o cuando traslada sus prácticas íntimas de bondage a la materialidad del cuadro, Scafati actúa sin transiciones, dándole a la obra carácter de cuerpo y de expresión. En sus obras siempre laten sus intereses más personales: el deseo, la calle, los otros. A través de esta falta de mediaciones, de la obra como acción directa, logra el difícil desafío de conectar sus experimentaciones formales con sus militancias privadas y políticas.

Leticia Obeid

Los intereses de Obeid parecen ubicarse en el triángulo que se forma entre la visualidad, la escritura y la política. Sus obras, que son dibujos, videos, obras de teatro o fotografías, ocurren en ese espacio, pero se ocupan siempre de las transiciones, las traducciones y los desplazamientos entre esos puntos. Doy un ejemplo: El video Dictado, una de las obras más inquietantes sobre la pobreza estructural argentina, quiere traer a la actualidad el independentismo de Simon Bolívar en su célebre Carta de Jamaica, de 1815. Para hacerlo, Obeid lo confronta con la realidad argentina, dos siglos después: se toma un tren en el centro de la ciudad, y mientras avanza por los suburbios y luego el campo, filma desde el tren en movimiento la precariedad de las formas de vida y la segregación económica y racial. Y mientras muestra esas imágenes, Obeid va transcribiendo en un cuaderno las palabras de Bolívar. Así, el efecto poético-político, el acto de conocimiento y apropiación, ocurre entre las acciones entrelazadas de mirar, leer y re-escribir.

Algo de ese mismo fetichismo por el trazo, por la re-inscripción, por el dibujo de las ideas, reaparece en otras obras suyas presentadas en ARCOmadrid: su temprano video en el que dibujar es raspar, rasgar, hacer sonar el papel, los dibujos que copian los manuscritos de Walter Benjamin, y sus fotos de libros.

Obeid estudió en la Universidad Nacional de Córdoba. Además de su obra como artista visual, publicó las novelas Frente, perfil y llanura, (2013) y Preparación para el amor (2015).

Marcia Schvartz

Desde que vuelve a Buenos Aires de su exilio español, a comienzos de los años 80, Schvartz ocupa un lugar central en la cultura argentina como retratista de artistas, de personajes populares de los suburbios, de amantes y amigos, con una mirada que va de la ternura a la ferocidad y del romanticismo al grotesco.

Schvartz es una artista de carácter independiente; crítica despiadada de la hipocresía y la frivolidad del mundo del arte. Su pintura, ligada a la genealogía del expresionismo pero inicialmente también a la crónica, tuvo distintos temas: pintó personajes de Barcelona y de Buenos Aires, objetos de culto latinoamericanos, retrató sin piedad algunas figuras del peronismo, vivió y pintó la aridez del norte argentino, y de cada tema recibió nuevos materiales y formatos con los que experimentar: marcos antiguos, marcos de cardón, lanas teñidas, collages, arpilleras, resinas, caracoles.

Schvartz nació en Buenos Aires en 1955. Estudió con Ricardo Carreira y Aida Carballo. Por su militancia política debió exiliarse en España durante la dictadura militar. Además de sus pinturas, realizó trabajos en cerámica, grabados y performances, incluyendo La kermés, junto a su gran amiga Liliana Maresca.

Mirtha Dermisache

Mirtha Dermisache dedicó su vida de artista a dos tareas en particular. Por un lado, desde 1966 en adelante, comenzó a escribir sin comunicar, a inventar múltiples grafías sin sentido, usando los formatos de cartas, cuentos, libros y afiches para sus no-mensajes, inspirados ya sea en el refinamiento de las rúbricas antiguas o en los garabatos infantiles.

Sus grafías, surgidas simultáneamente a las célebres “clases” en idiomas inventados del cordobés Jorge Bonino y a las escrituras de León Ferrari, tuvieron con el tiempo un despliegue, una profusión y una multiplicidad impresionante. Con los años, su gesto se sofisticó y la mímesis de formatos pre-existentes dio lugar a verdaderas invenciones.

Por otro lado, desde 1971, Dermisache comenzó su segunda ocupación: una labor docente que desarrolló en su Taller de Acciones Creativas. Las enseñanzas de este taller de técnicas artísticas tuvieron repercusión masiva en seis Jornadas de Color y de la Forma, que la artista organizó en distintos espacios públicos entre 1975 y 1981, en plena dictadura militar, con la idea de poner en funcionamiento la expresividad y la capacidad de juego de los adultos a través de la transmisión de distintas técnicas gráficas y escultóricas.

Dermisache encontró espacios de difusión para sus escritos en el marco del CAyC, en la Argentina, y en las ediciones especiales del Archive for Small Press and Communication, de Bélgica.

Dermisache murió en Buenos Aires en 2012.

Cecilia Szalcowicz

Desde fines de los noventa, Cecilia Szalcowicz viene desarrollando una obra que cruza fotografía, diseño y moda. Construida a partir de una fuerte confianza en lo especulativo y lo visual a la vez, la obra ofrece simultáneamente guiños al intelecto y al gusto del espectador, con una gran precisión en el rescate histórico, y una inteligencia muy particular en las citas y los despliegues semióticos.

Szalcowicz desplaza bajo-relieves de edificios porteños de los años sesenta a murales de papel pegado, corta al bies fotografías con vidrio incluido o vira los tonos de una serie de naturalezas muertas entre distintos azules, como si el color estuviese controlado desde un dispositivo electrónico. Todo se contamina con todo, se rebaja o se refina y se vuelve contemporaneidad.

Ese sería entonces el objeto de su obra: un especie de procesamiento ultra estilizado y codificado de imágenes en general “viejas”, para lograr un punto máximo de sincronía con el presente.

Szalcowicz se formó como diseñadora gráfica en la Universidad de Buenos Aires. Formó parte del grupo Suscripción, es DJ amateur y trabaja habitualmente en colaboración con Gastón Pérsico, tanto en proyectos artísticos como musicales.

Pablo Accinelli

Como miembro de una generación de artistas pos-conceptuales (bastante inusuales en una Argentina más adepta a procesos abiertos y subjetivos que al control formal y mental), a Accinelli le interesa el arte como una suerte de microscopio para aislar y pensar los detalles que mueven el mundo. Por eso, su accionar consiste en producir pequeños desplazamientos e intervenciones en la realidad cotidiana, que la vuelven objeto potencial de especulación.

Un zapato ordinario de hombre expuesto en una vidriera sobre un dispositivo giratorio de exhibición, se muestra como si se tratase de una joya; una vara de madera aparece agarrada a la pared por anillos de acero, como si fuera un dispositivo de medida; una serie de fotos de diario de gente haciendo filas de espera, son trasladadas a papel a través de la técnica del frottage, hasta casi parecer un espectro de sí mismas. Todo se modula hacia la visibilidad o hacia la invisibilidad, vibra en un punto álgido entre la banalidad o el concepto. Y es esta vibración en particular, este estado de duda entre lo que es y lo que no es lo que da mayor elocuencia a su proyecto.

Accinelli vive en São Paulo, Brasil. 

Valentina Liernur

Lúcida observadora de las tendencias que van construyendo el status quo de la moda y del mundo del arte, Liernur pinta desde la atracción que le produce esa carga de sobre-información sobre el presente que ella consume y analiza ávidamente.

Las últimas series de obras de Liernur trabajan sobre la materialidad de la moda. Son cuadros hechos con telas de vestir, y su composición (para usar un término clásico), se organiza a partir de la funcionalidad de cierres, alfileres de gancho, costuras y manchas desteñidas, como si cada pieza fuera una remera, un pantalón, un fetiche. En estos juegos, la masividad de la moda y la sofisticación de la cita histórica (Burri, Fontana, Kemble), conviven y se vuelven una sola cosa. El arte no está protegido contra la banalidad, ni la moda contra las desmesuras del arte.

Cada decisión de su obra proviene, en principio, de la elaboración de una idea o un prejuicio sobre la contemporaneidad y de una voluntad de expresarlo y liberarlo. Se entiende que hay poca inocencia en este juego. Si hay gestualidad, ésta es fluida y libre pero consciente y con objetivos claros. Si hay agresión en la tela, ésta está ahí para ponerse de manifiesto tanto en sus efectos destructivos como en su condición de cliché.

Liernur vive en São Paulo, Brasil.

Ricardo Carreira

Ricardo Carreira fue uno de los representantes de la célebre generación de artistas del Instituto Torcuato Di Tella, en la década del sesenta. Para algunos, el carácter semiótico de sus obras de esa época da inicio al conceptualismo argentino. En la mítica exposición Experiencias 67, en el Di Tella, hizo un análisis de todos los componentes materiales de la sala de exhibición y los replicó en un muestrario: parquet, yeso, madera, tela. Esta concepción analítica y didáctica de la obra de arte tiene su paralelo en una de sus producciones más brillantes; un conjunto de poemas que enumeran los objetos cotidianos circundantes, y se acercan al mundo objeto por objeto, como percibidos y nombrados por primera vez. Además de enumerar, estos poemas repiten alguno de esos términos y los subrayan, componiendo, por insistencia robótica, una sensación de extrañamiento radical.

La Mancha de Sangre, una mancha de resina roja que Carreira presentó en una exposición de homenaje a Vietnam, en 1968, opera desde esa misma decisión de literalidad. Carreira encuentra en ese decir duro, escueto, maquínico, en esa reducción de las cosas y las sensaciones a la presencia desnuda, su forma y su filosofía más elocuentes.

Ricardo Carreira murió en Buenos Aires en 1993.

Kasuya Sakai

Kasuya Sakai nació en Buenos Aires en el año 1927, pero se formó en Japón, donde vivió hasta 1951. A partir de entonces, en Buenos Aires, se dedicó a la difusión de la cultura japonesa (en 1956 fundó el Instituto Argentino-Japonés de Cultura) y a la traducción, a la vez que participaba del Informalismo. Influenciado por Japón, desarrolló un intenso trabajo caligráfico sobre papel con técnicas tradicionales, y también trasladó esa gestualidad a la pintura, desarrollando una serie de obras que buscaban el cruce entre la materialidad baja y oscura del informalismo y algunas formas aladas y ascendentes de la caligrafía japonesa.

Las obras que presentamos en ARCOmadrid pertenecen todas a esta etapa, alrededor de 1960, antes de que se mudara primero a México (donde desarrolló una carrera como artista geométrico-pop y diseñador gráfico) y luego a los Estados Unidos, donde murió en 2001.

Entre las presentadas, se destacan una serie de pinturas casi totalmente negras, cercanas a las búsquedas del Gutai Group, en las que la performatividad aparece “ahogada” en la densidad de la materia pictórica. 

Alberto Greco

Además de ser uno de los iniciadores del conceptualismo argentino con sus célebres Vivo Ditos (que consistían en acciones callejeras en las cuales el artista elegía personas, las rodeaba con un círculo de tiza y las firmaba, transformándolas en obras), Alberto Greco es conocido por su participación en el informalismo, con lo que él denominaba su “pintura grito”, una obra brutal de manchas que hacía sobre maderas viejas, chapas, con la intervención de orina, café, vino o lluvia. Pero menos se ha dicho sobre la centralidad que tuvo en su obra la escritura, desde sus poemas tempranos, pasando por los apuntes compulsivos que incorporaba en sus dibujos, hasta Besos Brujos, su novela póstuma.

En Greco, la escritura está en todas partes. Parece ser menos una decisión que un impulso; es el ruido de la realidad que se pega en las obras, es el anclaje entre la subjetividad del artista y esa exterioridad que es el papel; es la manifestación de su necesidad de inscripción inmediata, de fusión total y voraz entre la obra y el presente.

Antes de suicidarse, en 1965, Greco escribió en Ibiza Besos Brujos, 130 páginas que relatan, en un especie de diario-collage desesperado su obsesión y su amor no correspondido por Claudio; mezclando caóticamente letras de canciones, noticias periodísticas, confesiones escatológicas, dibujos, onomatopeyas y apuntes sobre su vida cotidiana.

Esta obra, que se presenta por primera vez en España, es considerada una de las primeras novelas pop, extraño experimento artístico-literario en el que confluyen el desdoblamiento de la voz autoral, la apropiación de la cultura de masas y la confesión desgarradora.

Luis Frangella

Luis Frangella se formó como arquitecto en la Universidad de Buenos Aires y  luego en el Massachusetts Institute of Technology, USA. Fue a partir de su interés por la constitución científica de la imagen que empezó a dedicarse al arte, cuando se radicó en la ciudad de Nueva York, en 1976, primero trabajando en experimentos de traducción entre lenguaje sonoro y lenguaje visual, en la estela de John Cage, y luego como pintor.

A partir de fines de los 70, fue uno de los artistas más activos de la escena del East Village, participando en exposiciones y eventos en discotecas y pintando murales en los entonces solitarios muelles del Hudson River, junto con su gran amigo David Wojnarowicz.

Una de las particularidades más salientes de Frangella fue que desplegó un lenguaje neo-expresionista menos como un medio de autoexpresión que como un canal para investigar temas casi científicos referidos a la construcción de la imagen tridimensional. Y si bien algunas de sus obras de los años ochenta parecen trabajar con un repertorio y lenguaje académico, como cabezas o torsos, se trata en realidad de experimentos que tratan sobre la visión por un lado y sobre la muerte por otro. En todas sus imágenes, los contornos de las cosas se multiplican, se replican en resonancias, reflejos y brillos que ponen en evidencia esos intereses ópticos señalados anteriormente. Por otro lado, la aparición de cabezas cortadas, torsos o velas, tiene menos que ver con el anacronismo que con un interés por capturar la fragilidad y la evanescencia.

Debido a su radicación en Nueva York y su muerte temprana en 1990, la obra de Frangella ha tenido poca difusión en Argentina.

Laura Códega

Laura Códega se interesa por vidas y creencias oscuras. Le atraen los escritores malditos, las pintoras surrealistas perversas, y las mitologías y tradiciones populares olvidadas por la aplanadora de la normalización actual. Sus investigaciones la llevan a hacer rescates de estéticas que rayan con lo horrendo, con lo bajo, con lo que no tiene valor para el mundo del arte contemporáneo; rescates que lleva a cabo no a través de los procedimientos usuales de la cita o la documentación (a través de los cuales ella, como artista, saldría indemne), sino a través de la contaminación absoluta de su obra por el objeto o el periodo estudiado.

Entre otros temas, Códega hizo proyectos sobre el escritor cordobés Jorge Barón Biza, sobre la artista Mildred Burton y una ópera de tono griego antiguo sobre la relación entre arte y artesanía. En su presentación en ARCOmadrid, explora un tema aún más marginal: el paganismo en las festividades y mitos campesinos. Están presentes el cuerno como falo del macho cabrío, los hierros del arado, la mitología de la granja, y una poesía sobre las cosas sometidas a los ciclos del tiempo y las creencias del campo.

Su “inmolación” en las estéticas artesanales, anti-modernas, es deliberada. Sus grabados sobre cuero de vaca, son un claro ejemplo de ello; una provocación. Se trata de una política que busca fundirse con la alteridad.

Laura Códega fue co-directora de la galería Metrónomo, en un pasaje del subte porteño, y participó de la Cooperativa Guatemalteca, que propone proyectos artísticos en la Villa 31.


Eduardo Stupía

De lejos, Eduardo Stupía puede verse como un artista de una sola obra: desde hace décadas dibuja grafismos negros sobre fondo blanco, all over. Pero al mismo tiempo, la versatilidad que despliega en cada una de sus series y de sus obras es asombrosa, convirtiéndolo en uno de esos artistas que hacen de la limitación una oportunidad para la potencia.

Stupía inicia su trayectoria cercano al dibujo del comic. Desde ese momento, en los años 70, hasta hoy, persigue una amplificación fenoménica del repertorio de la línea que se motoriza a sí misma; una conquista del espacio a través del dinamismo escritural de la línea.

De las líneas apretadas de sus dibujos tempranos fue emergiendo una especie de mata abstracta, compacta y delirante, que con los años se fue abriendo, se fue complejizando y produciendo evocaciones cada vez más frondosas. Los accidentes o territorios eran latencias que activaba la mirada y el tiempo del espectador. Alrededor del año 2000, esa gestualidad obsesiva y a la vez tremendamente libre, pasó a la tela y a la pintura, y sus paisajes se fueron abriendo, volviéndose más literales y experimentales. La evocación espacial dio lugar, esta vez, a una poética de los contrastes y de las diferencias que se mueve hacia territorios ignotos.