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Decálogo para mejorar un negocio

La planificación debería estar en el centro de cualquier organización. Planificar permite a los negocios prever potenciales situaciones de riesgo, e identificar posibles oportunidades de negocio.

23 dic 2021

A continuación, se señalan algunos errores que conviene evitar en la gestión de un negocio, sobre todo, si se trata de pymes:

Planificación deficiente: es importante investigar, planificar y definir claramente, tanto la propuesta de valor como los puntos diferenciales respecto a la competencia.

Desconocimiento del cliente: en un entorno globalizado e hiperconectado hay que conocer al máximo a los clientes. Hay que poner a disposición del cliente los productos y servicios que desea, en el momento que los necesite, de la manera que quiera. Es decir, elevar a la máxima potencia la calidad del servicio al cliente.

Mala gestión del inventario: si la empresa gestiona mal su inventario, fracasará, una gestión deficiente provocará escasez o exceso de stock y eso destruirá silenciosamente el flujo de efectivo. Es un error habitual en las empresas que no comprenden sus patrones de ventas. La mejor manera de combatir esto es utilizando un ERP que permita automatizar funciones, que proporcione informes detallados y que, en definitiva, ayude a hacer más eficientes los procesos del almacén.

Crecimiento insostenible: en los negocios la constancia es fundamental. Expandirse demasiado tiempo y sin control, generalmente implica una financiación a crédito, préstamos que pueden ahogar el negocio si cambia el mercado abruptamente. Tratar de crecer más de lo que se es capaz, puede acabar afectando a la calidad. En su lugar, es mejor practicar la inteligencia de negocio y ver qué clientes son más adecuados -rentables- y cómo se abordarán financieramente cada operación. Decir NO es parte de la gestión de un negocio.

Falta de ventas: es mejor vender bien que vender mucho. Comprometer el grueso de las ventas a un único gran cliente, o a pocos clientes, implica grandes riesgos. La mejor manera de alcanzar los objetivos comerciales es disponer de información analítica y utilizarla para construir una estrategia de ventas sólida.

Tratar de abarcarlo todo: las habilidades y el tiempo son finitos. Delegar es la clave. Esta delegación puede implicar la contratación de más recursos o la inversión en un software que minimice y simplifique la carga de trabajo. Transferir responsabilidades a las personas adecuadas con la tecnología precisa, será clave.

Subestimar la importancia del trabajo administrativo: gran parte de la gestión de una empresa gira entorno a las funciones administrativas. Desde la gestión comercial, hasta la contabilidad, pasando por todos los procesos empresariales, las tareas administrativas pueden consumir mucho tiempo. Una solución puede ser subcontratar las tareas rutinarias. Otra sería apoyar esas funciones repetitivas en la tecnología adecuada. Con eso se consigue ahorrar tiempo y dinero y, sobre todo, obtener la certeza de que no hay errores ni en los plazos ni en la forma.

No rectificar: es fácil que las empresas se obsesionen con su idea de negocio, incluso, cuando la evidencia apunta a que no es rentable. Anclarse en la decadencia de las ventas en espacios físicos es un error, abrirse a nuevos canales pueden ser la solución.

Falta de datos o falta de la analítica de datos: Recopilar la información es clave. Pero es más importante aún extraer el conocimiento que guarda. Es importante tener una visibilidad global de los ingresos y los gastos para evitar decidir, a ciegas. La clave para gestionar un negocio de éxito es mejorar la eficiencia, la agilidad y la calidad de las operaciones comerciales. Y todo, mientras se maximiza el valor de los clientes. Para lograrlo son necesarios los datos, la información y, sobre todo, el conocimiento.

Gestionar mal: la gestión tiene que ver con la actitud y la mentalidad y tiene un efecto directo sobre los resultados finales. Cuando la empresa va bien, se tiende a pensar que todo se hace de la mejor manera posible, del modo más productivo, pero no siempre es así. Gestionar bajo el criterio de la intuición o el olfato acabará pasando factura. En su lugar, es mejor canalizar la gestión de un negocio en un ERP inteligente que maneje la información, automatice funciones y proporcione la certeza de estar haciendo las cosas, realmente bien. Un ERP que permita evaluar, analizar y tomar decisiones correctivas o impulsoras.