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No nos vamos a equivocar

Por Mariano Alonso, Socio Director General de mundoFranquicia

La franquicia es un sistema de comercio asociado que permite a un empresario, el franquiciador, apalancar su crecimiento en las inversiones y gestión de otro, el franquiciado, al que otorga sus conocimientos técnicos, su marca y su asistencia continua en la explotación del negocio y para la rentabilización de las inversiones de ambos. Un win win por contrato.

06 sep 2021

Es precisamente esta naturaleza de asociacionismo empresarial, y la colaboración operativa y de partición del riesgo que supone, lo que hace que muchos empresarios se adhieran a este sistema para la creación de sus redes de venta unos y de apertura de nuevos negocios los otros. Una fórmula que al franquiciador le permite crecer de forma rápida y económica, en tanto las inversiones de apertura y gastos de gestión corren a cargo del franquiciado, y un planteamiento que favorece a este último en el desarrollo de su nuevo negocio y lo aleja de la incertidumbre y mayor riesgo que siempre conlleva un negocio independiente. Poder operar bajo una marca de cierto reconocimiento y aprovechando el saber hacer y el soporte de un empresario ya experimentado lleva a miles de emprendedores a analizar la franquicia como una opción muy a tener en cuenta.

En una situación de incertidumbre económica acuciada por esta crisis sanitaria, las bondades asociativas de la franquicia se intensifican para empresarios y para emprendedores.

Los primeros necesitan aumentar sus canales comerciales para incrementar unas ventas que se vieron reducidas ante un escenario recesivo y altamente restrictivo en horarios comerciales y aforos, cuando no de cierres prolongados. Ampliar las opciones comerciales a nuevos mercados, incluso internacionales, se hace esencial para muchas empresas y es aquí donde la franquicia aparece como el revulsivo que intensifica el interés de los empresarios dada la celeridad y economicidad con las que pueden conseguirlo.

Y es que, además, esta necesidad de crecimiento orgánico de las empresas se ve favorecida por un mayor y más cualificado universo de potenciales franquiciados que, más numerosos y preparados en materia de gestión, se ven claramente abocados al emprendimiento y al autoempleo. La abundancia de franquiciados preparados, que incluso además cuentan con buenas posibilidades de inversión, nos pone ante un escenario inmejorable que el franquiciador debe aprovechar.

El enfriamiento de un ya de por sí maltratado mercado laboral, que presenta las cifras de desempleo más altas de los países de nuestro entorno, impide absorber el exceso de demanda de empleo que la situación económica ha venido a agraviar. Son numerosos los expedientes de regulación de empleo al que se ven obligadas muchas empresas, especialmente grandes entidades y corporaciones que reducen drásticamente sus plantillas en miles y miles de puestos de trabajo.

Esta reducción en el dimensionamiento de las estructuras laborales se incrementa a su vez en muchas compañías con incentivos a bajas voluntarias o con la promoción de programas de jubilación anticipada.

En definitiva, muchas personas que han desarrollado sus trayectorias en grandes y medianas empresas, ocupando cargos de responsabilidad y que disponen de fondos de indemnización laboral para invertir. Particulares que por las circunstancias tendrán muy complicada su recolocación y que pueden encontrar en el autoempleo que le proporciona la explotación de una franquicia, la salida ideal a una situación de precariedad e inestabilidad.

Y no solo serán muchos e idóneos los interesados en la apertura y puesta en marcha de un punto de venta de una u otra enseña, sino también los que se interesen por crear en España redes comerciales de nuevas líneas de negocio que puedan explotar en régimen de franquicia master, o incluso quienes simplemente deseen invertir en centrales franquiciadoras sin desarrollo alguno de funciones operativas.

En este orden de cosas, en los últimos meses, centrales franquiciadoras y consultoras especializadas han adecuado sus propuestas, estructuras y organizaciones a unas circunstancias que se muestran muy propicias para la franquicia en general, desarrollando específicamente programas de outplacement especialmente dirigidos al autoempleo en franquicia.

En definitiva, un buen momento para la franquicia. Para unos y para otros. Para empresarios y emprendedores, para franquiciadores y potenciales franquiciados. Un momento idóneo para que las empresas franquiciadoras crezcan y puedan extender sus redes comerciales a nuevos mercados y para que los otros, los muchos y muy cualificados franquiciados, encuentren excelentes opciones para reconducir sus trayectorias y hacerlo esta vez como empresarios.

Y no nos vamos a equivocar.