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ARCO Madrid

En torno al arte colombiano actual

Jaime Cerón, curador Fundación Misol para las Artes

05 nov 2014

Hace 10 años, en octubre de 2004, se realizó en la ciudad de Zúrich la exposición Cantos cuentos colombianos. Se trató de una ambiciosa muestra, organizada en dos capítulos consecutivos, que dejó claro que en Colombia había mucho más que Botero. En esa muestra estuvieron incluidos Doris Salcedo, Fernando Arias, José Alejandro Restrepo, Juan Manuel Echavarría, María Fernanda Cardoso, Miguel Ángel Rojas, Nadín Ospina, Óscar Muñoz, Oswaldo Macià y Rosemberg Sandoval. Todos provenían de generaciones y contextos distintos y también tenían trayectorias diferentes, que oscilaban entre una y cuatro décadas. Sin embargo parecían compartir varias preocupaciones, entre las que se encontraban un interés peculiar en el contexto cultural y político del país y la convicción de que era fundamental realizar obras como las que hacían. Por esa razón, la exposición se acompañó de una amplia programación de foros y conferencias que involucraron, además de a los artistas, a diferentes intelectuales colombianos.

No era la primera que se presentaba una exposición de arte colombiano fuera de su contexto, pero sí fue una de las primeras veces en que una muestra generó tanto impacto. En ese mismo momento se realizaba la primera feria Artbo en Bogotá, se replanteaban los salones regionales de artistas colombianos, espacios cruciales para la circulación del arte en contextos locales en todo el país y se concertaba el primer documento de políticas culturales de la ciudad de Bogotá.

Un par de años después comenzaría a gestarse la primera gran muestra de arte contemporáneo internacional en Colombia (después de muchos años de no realizar ninguna), el Encuentro de Medellín, conocido como MDE07, y comenzarían paulatinamente a multiplicarse los programas de residencia artística en diferentes ciudades del país que traerían consigo un enorme flujo de artistas de diferentes lugares del mundo hacía varias ciudades de Colombia.

Al año siguiente se realizaría el proyecto Urgente!, en la ciudad de Cali, que contó con una importante participación de artistas internacionales que fueron invitados para que su obra entrará en dialogo con el trabajo que estaban haciendo los artistas colombianos y que fue el comienzo de la reconceptualización de lo que fueran los salones nacionales de artistas que creados en 1940.

Diez años después parece que el arte colombiano se hubiera posicionado en otro lugar dentro del contexto internacional, pero sobre todo da la impresión de que a más colombianos les importa un poco más lo que ocurre en el campo del arte. La mayor parte de los artistas que participaron en la exposición de Zúrich hoy en día son ampliamente reconocidos como referentes del arte colombiano y les han sucedido otras generaciones de creadores que ya han encontrado su lugar de validación, tanto dentro como fuera de Colombia.

La idea de un boom del arte colombiano contemporáneo no es compartida unánimemente ni dentro ni fuera del país, pero lo cierto es que se ha producido un crecimiento inusitado del número de artistas cuyo trabajo llama la atención y de las exposiciones, espacios y publicaciones que intentan ponerlo a circular.

Sin embargo desde hace cuando menos 40 años que un significativo grupo de artistas trabaja de forma consistente y en cada década emergen nuevos actores que han ido engrosando ese grupo. También han emergido curadores, críticos y gestores que se ocupan de propiciar nuevas oportunidades de encuentro entre el arte y los espectadores. Se ha vuelto constante la presencia de artistas colombianos en exposiciones, residencias o publicaciones en los más dispares contextos, que ya no está condicionada a estereotipos de representación cultural (como el realismo mágico o lo real maravilloso, o la identidad latinoamericana) sino al interés genuino en las situaciones que involucra su trabajo. También es innegable la continua circulación dentro de Colombia de diferentes personas vinculadas al campo del arte procedentes de distintos lugares del mundo, entre curadores, gestores y coleccionistas, que tienen interés en conocer de primera mano lo que está pasando en el arte colombiano actual.

Algunos artistas cuyas edades rondan los 40 años, entre los que se encuentran Mateo López, Nicolás París, Miler Lagos o Gabriel Sierra, entre otros, han circulado nacional e internacionalmente de una manera que sus antecesores jamás imaginaron y han logrado vivir exclusivamente de su trabajo como artistas, sin recurrir a actividades económicas paralelas. También han logrado que sus obras integren las más importantes colecciones públicas y privadas en diferentes países.

A las generaciones de artistas más jóvenes les interesa una potencial apertura hacia una circulación internacional de su obra, porque muchos de ellos tienen expectativas ante la experiencia del viaje como mecanismo de intercambio cultural. A ellos les interesa más la posibilidad de explorar nuevos lugares y establecer relaciones con personas concretas, que el hecho mismo de exhibir su obra fuera de Colombia. Comparten igualmente una motivación por comprender cómo se perciben sus proyectos en contextos distintos a su lugar de origen.

Sin embargo, si bien en Colombia han crecido en número los espacios de exhibición -particularmente las galerías y los espacios autogestionados- se concentran en pocas ciudades y el significativo aumento de personas dedicadas al campo del arte ha vuelto mucho más competitiva esta actividad. Los apoyos institucionales para el desarrollo de proyectos artísticos ha crecido exponencialmente, pero siguen siendo incapaces de sustentar la actividad de la enorme oferta de formación profesional en arte que existe en Colombia. Esta situación genera no pocos desafíos en el mediano y largo plazo para las instituciones culturales, pero deja entrever que muchos jóvenes consideran que el arte es una opción para realizar su vida. También encierra una paradoja porque, curiosamente, las pocas oportunidades laborales para los artistas, que hacen que sea un campo tan competitivo, hacen que una de las opciones para recibir ingresos económicos sea precisamente la de vincularse como docente a un programa de formación en arte.

La idea de un boom del arte colombiano, sea acertada o no, llama la atención acerca de lo que ha acontecido en Colombia desde hace décadas y es una rigurosa conexión entre el arte y el contexto cultural que se ha convertido en una marca registrada.