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Fecha de publicación
13 enero 2026

Pedro Pablo Sanz (AMAT): Los empresarios son conscientes de la relación entre salud y competitividad

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7 min.
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Los empresarios son cada vez más conscientes de la estrecha relación entre la salud de sus empleados y la competitividad de la organización, según afirma Pedro Pablo Sanz Casado, director gerente de AMAT (Asociación de Mutuas de Accidentes de Trabajo). Según este experto, “esta relación es especialmente evidente en aquellos sectores más intensivos en capital humano, donde el bienestar tanto físico como mental de los trabajadores impacta directamente en la productividad y en la calidad de los bienes y servicios que producen y prestan las compañías”.

¿Qué relación existe entre el cuidado de la salud de los trabajadores y el aumento de la competitividad de las empresas?

Los trabajadores constituyen uno de los principales factores de productividad de una empresa. Por ello, los empresarios son cada vez más conscientes de la estrecha relación que existe entre la salud de sus empleados y la competitividad de la organización.

En un primer lugar, si se analizan los datos de los accidentes de trabajo con baja para la población protegida por las mutuas colaboradoras con la Seguridad Social desde el año 2000 hasta el 2024, se observa que la incidencia media mensual por cada 1.000 trabajadores protegidos ha disminuido un 175,27% (de 7,79 casos en el año 2000 a 2,83 casos en el año 2024). Esta información se refiere al 97,26% de los trabajadores protegidos por contingencia profesional sobre el total de trabajadores protegidos del total sistema en el año 2024. De estos datos se desprende que cuando la empresa implementa actividades de prevención, la incidencia de los accidentes de trabajo con baja disminuye significativamente.

Sin perjuicio de lo anterior, convendría recordar que las empresas no tienen ninguna responsabilidad sobre las enfermedades comunes y accidentes no laborales. A este respecto, cabe destacar que las bajas derivadas de contingencias comunes se encuentran en máximos históricos y con unos crecimientos exorbitados; a modo de ejemplo, la incidencia media mensual por cada 1.000 trabajadores protegidos se ha incrementado un 309,45% en los últimos 25 años (de 7,62 casos en el año 2000 a 31,20 casos en el año 2024). Esta información se refiere al 78,90% de los trabajadores protegidos por contingencia común sobre el total de trabajadores protegidos del total sistema en el año 2024. 

¿Cuál es el coste de estas bajas?

Según las estimaciones realizadas por AMAT, a partir de los datos del Ministerio de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones y de las mutuas colaboradoras con la Seguridad Social, el coste de las bajas derivadas de contingencias comunes tanto en concepto de prestaciones económicas a cargo de la Seguridad Social y de las mutuas como el coste directo para las empresas ha aumentado un 186,95% (18.968,55 millones de euros más) en los últimos diez años, pasando de un coste total de 10.146,32 millones de euros en el ejercicio 2015 a 29.114,87 millones de euros en 2024.

Las bajas por Contingencia Común no solo incrementan los costes operativos, sino que también, pueden afectar negativamente a la reputación y a la imagen de la empresa frente a sus clientes, reduciendo la productividad y la competitividad, y encareciendo los productos y servicios ofrecidos. El coste de las bajas derivadas de contingencia común produce graves repercusiones para la competitividad de las empresas que lo sufren, para la creación de empleo y para nuestro sistema de protección social, y afecta de manera negativa al crecimiento económico.

Más allá de los costes económicos, la problemática anterior ha supuesto, por parte de los empresarios, que se demande especial atención sobre este asunto, dado que supone un lastre, que perjudica al resto de trabajadores, al ver incrementada su carga laboral por tener que hacer frente al desarrollo de las tareas de los que están en situación de baja; así como por los problemas de organización que tienen que ser afrontados por las empresas, toda vez que los procesos de sustitución no resultan posibles en buena parte de los casos, y aún menos cuando hay un elevado número de procesos de corta duración, y muchos trabajos requieren de un nivel de formación con el que no es fácil dotar a los trabajadores sustitutos en un plazo de tiempo corto o medio.

¿Son conscientes los empresarios españoles de esta relación entre salud y competitividad?

En los últimos años, y tal y como se ha mencionado previamente, el incremento del número de bajas por contingencia común se encuentra en máximos históricos, por lo que se ha convertido en uno de los principales desafíos a los que se enfrentan las empresas en su día a día. Ante esta situación, y en línea con lo mencionado en la pregunta anterior, las empresas no tienen ninguna responsabilidad sobre las enfermedades comunes y accidentes no laborales, sin perjuicio de poner en valor el esfuerzo de algunas compañías que están desarrollando, en la medida de sus posibilidades, estrategias orientadas a mejorar la salud general de sus trabajadores que está fuera de su órbita de organización y del concepto de seguridad y salud en el trabajo.

¿En qué sectores industriales es más evidente la conexión salud-competitividad?

La relación entre la salud de los trabajadores y la competitividad de las empresas es, especialmente, evidente en aquellos sectores más intensivos en capital humano, donde el bienestar tanto físico como mental de los trabajadores impacta directamente en la productividad y en la calidad de los bienes y servicios que producen y prestan las compañías. No obstante, y tal y como se ha mencionado anteriormente, ni las empresas ni por extensión los sectores de actividad de las que estas entidades forman parte, tienen responsabilidad alguna sobre las enfermedades comunes y accidentes no laborales. A modo de ejemplo, si un trabajador de la construcción sufre una lesión jugando un partido de fútbol, el fin de semana, y el médico de atención primaria le emite un parte de baja derivado de contingencias comunes, ¿qué responsabilidad tiene la empresa sobre esta baja?

Por tal motivo, desde las mutuas colaboradoras con la Seguridad Social se viene reclamando, desde hace ya bastante tiempo, que los trabajadores que padecen una enfermedad diagnosticada como una patología traumatológica u osteoarticular derivada de contingencias comunes puedan recibir una asistencia sanitaria integral y el alta médica por parte de los médicos de las mutuas, dado que estas entidades son especialistas en la gestión de este tipo de bajas. Debido a esto, si las mutuas contasen con los correspondientes recursos y competencias de gestión para realizar estas actuaciones, en el ejercicio 2024, los 1.293.463 trabajadores que sufrieron una baja diagnosticada como patología traumatológica podrían haberse recuperado 30 días antes.

¿Qué otras actuaciones son necesarias para potenciar la salud de los trabajadores y cómo ayudan a mejorar también su rendimiento laboral y la competitividad de la empresa?

Promover la salud en las empresas implica consolidar una cultura organizacional que debe ser impulsada desde la dirección y transmitida a toda la organización. Para lograrlo, es necesario adoptar un enfoque transversal que, partiendo del control de los aspectos relacionados con la seguridad y salud en los procesos, permita identificar oportunidades de mejora orientadas a favorecer el bienestar de las personas que integran la empresa.

Los programas de salud y bienestar deben desarrollarse con la misma rigurosidad que cualquier otro componente del modelo de gestión empresarial. Por ello, es fundamental que se definan a partir de un análisis de necesidades, estableciendo metas claras, planificando acciones y evaluando resultados. Este proceso debe incluir la identificación de áreas de mejora y su integración con las estrategias establecidas para el control de los riesgos, con el fin de construir un sistema que armonice la protección y la promoción de la salud. Sin duda, impulsar la salud y el bienestar en el entorno laboral debe traducirse en mejoras significativas y verificables, tanto en la reducción de enfermedades y los costes asociados, como en el incremento de la productividad, la motivación del personal y la creación de un clima laboral más positivo.