Fecha de publicación
17 junio 2026

¿Cloro o sal? Mitos y realidades en el tratamiento del agua de piscinas

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En los últimos años, la elección del sistema de desinfección en piscinas se ha convertido en uno de los debates más habituales tanto en el ámbito profesional como entre usuarios. Entender cómo funciona cada sistema y desmontar ciertos mitos es clave para tomar decisiones informadas y adecuadas a cada tipo de instalación.

La comparación entre cloración tradicional y electrólisis salina suele plantearse como una dicotomía, cuando en realidad ambas soluciones comparten más similitudes de lo que a menudo se percibe.

Desde el conocimiento del sector que aporta ASEPPI, Asociación Española de Profesionales de la Piscina, se insiste en que no se trata de elegir entre “cloro o sal”, sino de comprender que, en ambos casos, el objetivo y el resultado final es el mismo: garantizar la desinfección del agua mediante cloro.

Uno de los mitos más extendidos es que las piscinas de sal no utilizan cloro. En realidad, la electrólisis salina genera cloro a partir de la sal disuelta en el agua mediante un proceso electroquímico. Es decir, el desinfectante sigue siendo cloro, pero se produce in situ en lugar de añadirse de forma externa.

La diferencia, por tanto, no está en el agente desinfectante, sino en la forma de gestionarlo. Mientras que en la cloración tradicional el producto se dosifica directamente —ya sea de forma manual o automática—, en la electrólisis salina el sistema genera de manera continua la cantidad necesaria en función de las condiciones del agua.

Otro aspecto que suele generar confusión es la percepción de que el agua con sal es completamente distinta. En términos prácticos, la concentración de sal en una piscina tratada con electrólisis es muy baja, muy inferior a la del agua de mar, aunque suficiente para permitir el funcionamiento del sistema. Esta ligera salinidad puede aportar una sensación de mayor suavidad en el baño, lo que explica parte de su popularidad en el ámbito residencial.

En cuanto al mantenimiento, ambos sistemas requieren control. La electrólisis salina automatiza parte del proceso, pero no elimina la necesidad de supervisión. Parámetros como el pH, la producción de cloro o el estado de la célula electrolítica deben revisarse de forma periódica. Por su parte, la cloración tradicional ofrece un control más directo, aunque puede implicar una mayor intervención si no se dispone de sistemas automatizados.

También es habitual asociar la electrólisis salina con una menor presencia de productos químicos, cuando en realidad el equilibrio del agua sigue requiriendo ajustes y control de parámetros. La diferencia radica en la gestión del desinfectante, no en la eliminación del tratamiento químico.

Desde el punto de vista técnico, ambos sistemas pueden ofrecer excelentes resultados si están correctamente dimensionados y gestionados. La elección entre uno u otro debe basarse en factores como el tipo de uso de la piscina, el nivel de automatización deseado, el perfil de mantenimiento o las condiciones de la instalación.

Más allá de la elección, lo realmente importante es comprender que la calidad del agua no depende únicamente del sistema de desinfección, sino del conjunto de procesos que intervienen en la depuración.

Este tipo de enfoques estarán presentes en PISCIMAD 2026, que se celebrará del 10 al 13 de noviembre en IFEMA MADRID, dentro de la Semana Internacional de la Construcción, donde se abordarán las distintas soluciones de tratamiento del agua desde una perspectiva técnica y aplicada.

Elegir entre cloro o sal no es una cuestión de mejor o peor, sino de adecuación. Entender sus diferencias reales permite optimizar la gestión de la piscina y garantizar una experiencia de uso segura y eficiente.