Ricardo García San José: La seguridad es un objetivo fundamental en las instalaciones de C&R
La seguridad es un objetivo fundamental en las instalaciones, lo que obliga a adoptar mayores precauciones cuando se emplean refrigerantes inflamables y/o tóxicos, advierte Ricardo García San José, vicepresidente del comité técnico de Atecyr (Asociación Técnica Española de Climatización y Refrigeración). Según este experto, no se trata de un aspecto accesorio del diseño, sino del criterio que condiciona desde la selección del refrigerante hasta la arquitectura completa de la instalación.
¿Por qué se utilizan refrigerantes con riesgo de inflamabilidad y/o toxicidad?
La fabricación de los refrigerantes Clorofluorocarbonos (CFC), en los años 30 del siglo pasado, parecían la panacea universal, ya que no presentaban riesgo por inflamabilidad ni toxicidad. Por ello fueron masivamente utilizados, no solo para climatización y refrigeración, sino para usos como propelentes de aerosoles, espumantes para plásticos y aislantes, disolventes de limpieza, etc., con la consecuencia de generar el agujero de la capa de ozono, debido básicamente al cloro.
Por esa razón se prohibieron los refrigerantes con Cloro, Potencial de Agotamiento del Ozono (PAO) superior a 0, pasando a utilizarse los Hidrofluorocarbonos (HFC) que tienen un PAO cero, pero con un alto Poder de Calentamiento Atmosférico (PCA), contribuyendo de manera importante al Efecto Invernadero.
Esto nos ha conducido a tener que utilizar refrigerantes con PAO 0 y PCA muy bajo, que son refrigerantes tóxicos o inflamables (ligeramente o muy). Si los refrigerantes se hubiesen utilizado exclusivamente para las aplicaciones de climatización y refrigeración y se hubiese sido rigurosos en el control de fugas y recuperación de los fluidos de los equipos, quizás no se habría llegado a la situación actual, pero el abuso de sus aplicaciones ha derivado a este punto, estando obligados a utilizar refrigerantes que van a requerir mayores precauciones.
¿Qué importancia tiene ahora la seguridad en el uso de estos refrigerantes en el ámbito de la climatización y la refrigeración?
La seguridad es un objetivo fundamental en las instalaciones, lo que obliga a adoptar mayores precauciones cuando se emplean refrigerantes inflamables y/o tóxicos en las instalaciones de climatización y refrigeración. No es un aspecto accesorio del diseño, sino el criterio que condiciona desde la selección del refrigerante hasta la arquitectura completa de la instalación.
El propio marco reglamentario parte de esta idea: las instalaciones frigoríficas deben concebirse para prevenir y limitar riesgos para las personas, los bienes y el medio ambiente, considerando tanto la toxicidad como la inflamabilidad del refrigerante. En este sentido, el riesgo no depende solo del fluido seleccionado, sino de la cantidad liberada en una posible fuga, del volumen del local y de las condiciones de ventilación, lo que explica que la normativa establezca límites de carga, clasificación de locales y exigencias específicas de ventilación y detección.
Cuando se utilizan refrigerantes inflamables, el diseño debe evitar la formación de atmósferas peligrosas, controlar las fuentes de ignición y garantizar la dilución del gas. En el caso de refrigerantes tóxicos o con riesgo de asfixia, el objetivo es impedir que una fuga alcance concentraciones peligrosas en zonas ocupadas. De ahí la importancia de medidas como las siguientes: ventilación natural o forzada dimensionada según la carga de refrigerante; detección de fugas con actuación automática; confinamiento en salas de máquinas o envolventes ventiladas; y limitación de carga en función del refrigerante, tipo de local y uso.
Estas exigencias no son teóricas: determinan directamente si un sistema puede instalarse en un espacio ocupado o debe trasladarse a una sala de máquinas específica, o incluso si es viable el uso de un determinado refrigerante en una aplicación concreta.
¿Cuáles son, principalmente, estos refrigerantes?
Estos refrigerantes en climatización pueden agruparse según su riesgo. Los inflamables (clases 2L, 2 y 3) son los siguientes: R-290 (propano clase 3), R-32 y R-454B (ligeramente inflamable, clase 2L) y otros hidrocarburos (R-600a, etc.). Se caracterizan por su bajo impacto ambiental, pero requieren especial atención a la inflamabilidad. Mientras que los tóxicos o con mayor peligrosidad por inhalación corresponden al R-717 (amoníaco). Clasificado en categorías de mayor toxicidad, exige medidas estrictas de confinamiento y ventilación
En el contexto actual, la transición hacia refrigerantes de bajo PCA (como los hidrocarburos o HFO) implica asumir mayores exigencias de seguridad. Por eso, la evolución del sector no consiste solo en cambiar de refrigerante, sino en elevar el nivel de ingeniería de las instalaciones.
En síntesis, la seguridad no es una limitación, sino el marco que hace viable el uso de refrigerantes más sostenibles. Sin ese enfoque riguroso, basado en normativa, diseño y control del riesgo, simplemente no sería posible su implantación generalizada.
¿Qué normativa regula este tema en España y cómo se está aplicando?
En España, el marco principal lo constituyen dos reglamentos que actúan de forma complementaria. Por una parte, el Reglamento de Seguridad para Instalaciones Frigoríficas (RSIF), aprobado por el Real Decreto 552/2019, que regula específicamente las instalaciones con refrigerantes, estableciendo condiciones de diseño, ejecución, mantenimiento y seguridad. Y, por otra, el Reglamento de Instalaciones Térmicas en los Edificios (RITE), aprobado por el Real Decreto 1027/2007, que aplica en el ámbito de climatización y confort, integrando requisitos energéticos y de seguridad.
A esto se suma el marco europeo, especialmente el Reglamento (UE) 2024/573 (F-Gas), que impulsa la reducción de refrigerantes fluorados y, de forma indirecta, favorece la adopción de refrigerantes naturales o de bajo PCA.
En la práctica, la aplicación está siendo progresiva: se están sustituyendo refrigerantes tradicionales por alternativas de bajo impacto ambiental, pero con un enfoque mucho más exigente en términos de análisis de riesgo, limitación de carga y diseño seguro. No es un cambio de fluido, sino de paradigma técnico.
En concreto, ¿qué requisitos deben cumplir las instalaciones con refrigerantes inflamables y tóxicos?
Los requisitos derivan directamente del control del riesgo y afectan a todo el diseño de la instalación. En primer lugar, la limitación de carga de refrigerante: la normativa establece cargas máximas admisibles en función del volumen del local, la categoría de uso (acceso público, supervisado, restringido) y la clasificación del refrigerante (toxicidad e inflamabilidad). En segundo lugar, la clasificación del sistema y del emplazamiento: se distingue si el refrigerante está en espacios ocupados, en sala de máquinas o en envolventes ventiladas, lo que condiciona las exigencias de seguridad.
Otro requisito es la ventilación: las salas de máquinas deben disponer de ventilación suficiente (natural o forzada) dimensionada en función de la carga de refrigerante, para evitar acumulaciones peligrosas. A ello se une la detección y control de fugas: en determinados casos se exige detección automática de fugas que active ventilación o alarmas.
También es importante el control de fuentes de ignición: fundamental en refrigerantes inflamables (A2L, A3), evitando superficies calientes, chispas o equipos no adecuados. Así como la sectorización y ubicación: en muchos casos, los equipos deben ubicarse en salas de máquinas específicas o en el exterior, evitando su instalación directa en espacios ocupados. Y, finalmente, la estanqueidad y calidad de ejecución: la instalación debe diseñarse para minimizar fugas, con exigencias en uniones, pruebas de presión y control de estanqueidad.
En conjunto, el enfoque es claro: evitar la fuga, y si se produce, evitar que genere una situación peligrosa.
¿Qué papel juega la formación para potenciar la seguridad en este ámbito?
Es absolutamente determinante. La normativa exige que la manipulación de refrigerantes la realicen empresas y profesionales habilitados, con formación específica tanto en instalación como en mantenimiento. Pero más allá del requisito formal, hay un cambio de fondo. Se pasa de trabajar con refrigerantes “seguros por naturaleza” (A1) a refrigerantes que exigen criterio técnico (A2L, A3, B). El instalador deja de ser solo ejecutor y pasa a ser un agente clave en la gestión del riesgo. Y el conocimiento de conceptos como LII, ATEL, ventilación o clasificación de locales se vuelve imprescindible. Sin una formación adecuada, el uso de estos refrigerantes no es viable. Con formación, sí lo es, y de forma segura.