Anna Aisa Biarnés (ACAES): En 2026 el sector de la seguridad deberá demostrar más que nunca su valor añadido
“En 2026, el sector de la seguridad deberá demostrar más que nunca su valor añadido”, afirma la gerente de ACAES (Asociación Catalana de Empresas de Seguridad).
El cliente no buscará solamente “tener seguridad”, sino contar con servicios más eficaces, mejor coordinados y adaptados a riesgos cambiantes. “Esto afectará a empresas instaladoras y mantenedoras, centrales receptoras de alarmas, empresas de vigilancia y nuevos servicios vinculados a la ciberseguridad”.
¿Qué previsiones maneja ACAES para el sector de la seguridad en Cataluña en 2026?
Las previsiones para el sector de la seguridad en Cataluña en 2026 son de actividad sostenida, pero en un contexto más exigente que en años anteriores. La seguridad ya no puede entenderse únicamente como vigilancia, instalación de sistemas o respuesta ante alarmas, sino como un servicio integral que combina prevención, tecnología, cumplimiento normativo, capacidad operativa y confianza profesional.
En Cataluña, la demanda de servicios de seguridad seguirá vinculada a varios factores: la actividad económica, la protección de infraestructuras, la seguridad en comercios, polígonos industriales, comunidades, eventos, centros logísticos y edificios públicos, así como el aumento de soluciones tecnológicas conectadas. Además, la percepción social de la seguridad continuará siendo un elemento relevante. El debate público sobre seguridad ciudadana en Cataluña se mantiene activo, aunque conviene tratarlo con rigor y sin alarmismo, partiendo de datos objetivos.
Desde ACAES entendemos que 2026 será un año en el que el sector deberá demostrar más que nunca su valor añadido. El cliente no buscará solamente “tener seguridad”, sino contar con servicios más eficaces, mejor coordinados y adaptados a riesgos cambiantes. Esto afectará tanto a las empresas instaladoras y mantenedoras como a las centrales receptoras de alarmas, las empresas de vigilancia y los nuevos servicios vinculados a la ciberseguridad.
También hay que tener en cuenta el marco laboral. El nuevo Convenio Colectivo Estatal de Empresas de Seguridad para el periodo 2026-2030 introduce elementos relevantes para el sector, entre ellos medidas relacionadas con la jubilación parcial y la renovación generacional de las plantillas. Este punto es importante porque uno de los retos estructurales del sector es atraer y retener profesionales en un mercado laboral cada vez más competitivo.
¿Qué otros retos principales tendrá el sector durante este año?
El primer reto será la profesionalización real del sector. Su papel es cada vez más preventivo, técnico y estratégico. Esto exige empresas más preparadas, procedimientos más claros y profesionales con mayor capacidad de adaptación.
El segundo reto será la captación y retención de talento. El sector necesita incorporar nuevas generaciones, pero también mejorar la percepción profesional de muchas de sus actividades. En seguridad privada, la rotación, los horarios 24/7, el envejecimiento de parte de las plantillas y la necesidad de formación continua son factores que afectan directamente a la calidad del servicio. Estudios sectoriales recientes ya señalan que la captación de talento, la formación continua y la actualización tecnológica son elementos clave para la competitividad del sector.
El tercer reto será la integración tecnológica. La seguridad electrónica, la videovigilancia inteligente, los sistemas conectados, la analítica de datos, el control remoto, la automatización y la ciberseguridad están modificando la manera de prestar servicios. Pero aquí conviene ser claros: la tecnología por sí sola no resuelve los problemas. Una mala instalación, una central sin protocolos adecuados o un cliente mal formado pueden convertir una inversión tecnológica en una falsa sensación de seguridad.
El cuarto reto será el cumplimiento normativo. La seguridad es un sector regulado y sensible. Las empresas deberán prestar atención a la normativa de seguridad privada, protección de datos, ciberseguridad, prevención de riesgos, subcontratación, homologaciones, mantenimiento, custodia de información, entre otros.
Otro de los grandes retos de 2026 será la adaptación del sector a las nuevas exigencias derivadas de la Directiva NIS2 y de la futura Ley de Protección y Resiliencia de Entidades Críticas, actualmente en tramitación como transposición de la Directiva europea CER 2022/2557. Ambas normas consolidan una idea clave: la seguridad ya no puede separarse entre seguridad física y seguridad digital. La continuidad de los servicios esenciales dependerá cada vez más de la capacidad de las organizaciones para prevenir, resistir, responder y recuperarse ante incidentes físicos, tecnológicos o híbridos.
Para las empresas de seguridad privada, esto tendrá una doble implicación. Por un lado, algunas empresas podrán verse directamente afectadas si prestan servicios considerados relevantes dentro de cadenas críticas o esenciales. Por otro lado, incluso cuando no estén directamente incluidas como entidades obligadas, deberán responder a mayores exigencias de sus clientes: trazabilidad, ciberseguridad de los sistemas instalados, continuidad operativa, control de proveedores, protección de la información, gestión de incidentes y evidencia documental de los servicios prestados.
La NIS2 refuerza las obligaciones de gestión del riesgo, notificación de incidentes, seguridad de la cadena de suministro y responsabilidad de los órganos de dirección. Este punto es especialmente importante para el sector, porque una empresa de seguridad puede convertirse en un punto débil si gestiona alarmas, videovigilancia, controles de acceso, comunicaciones o información sensible sin medidas adecuadas. La ciberseguridad dejará de ser una cuestión exclusiva de los departamentos informáticos y pasará a formar parte de la calidad mínima exigible en cualquier servicio de seguridad.
Por su parte, la futura Ley de Protección y Resiliencia de Entidades Críticas sustituirá progresivamente el enfoque tradicional centrado en infraestructuras concretas por un modelo más amplio, basado en entidades y en la continuidad de servicios esenciales. Esto implicará más análisis de riesgos, planes de resiliencia, coordinación con autoridades competentes, medidas preventivas y capacidad de recuperación ante incidentes graves. Para el sector de la seguridad privada, supone una oportunidad, pero también una exigencia: no bastará con prestar servicios, habrá que demostrar que esos servicios contribuyen realmente a la resiliencia del cliente.
En este contexto, las empresas instaladoras y mantenedoras deberán prestar más atención a la configuración segura de equipos, credenciales, actualizaciones, segmentación de redes, registro de intervenciones y mantenimiento documentado. Las CRA deberán reforzar su continuidad de negocio, la protección de sus plataformas, la trazabilidad de actuaciones y la respuesta ante incidentes tecnológicos. Las empresas de vigilancia deberán integrarse mejor en protocolos de emergencia, continuidad y coordinación con clientes críticos. Y las empresas de ciberseguridad tendrán el reto de trabajar de forma más coordinada con la seguridad física.
Desde ACAES consideramos que este cambio normativo no debe verse únicamente como una carga administrativa. Bien gestionado, puede ser una oportunidad para elevar el nivel profesional del sector, diferenciar a las empresas que trabajan con rigor y reforzar la confianza de clientes, administraciones y ciudadanía. El riesgo sería abordarlo tarde y limitarse a cumplir formalmente. La adaptación real exigirá formación, revisión de procedimientos, inversión proporcionada y una mayor cultura de seguridad integral.
El quinto reto será la coordinación público-privada. La seguridad privada no sustituye a la seguridad pública, pero sí la complementa. En ámbitos como infraestructuras, transporte, eventos, comercio, centros sanitarios, edificios corporativos o polígonos industriales, una buena coordinación puede marcar la diferencia entre una actuación preventiva y una respuesta tardía.
¿Cómo se impulsará la formación y el reciclaje profesional en el sector?
La formación será uno de los ejes fundamentales de 2026. No bastará con cumplir los mínimos legales. Las empresas que quieran diferenciarse deberán apostar por una formación más práctica, continua y especializada. Desde ACAES consideramos necesario impulsar tres niveles de formación. El primero es la formación técnica de base, especialmente en normativa, instalación, mantenimiento, protocolos de actuación, atención al cliente, prevención de riesgos y documentación de intervenciones. En muchos casos, la diferencia entre un servicio correcto y un servicio excelente está en la calidad del procedimiento y en la trazabilidad.
El segundo nivel es la especialización por actividad. No necesitan la misma formación un técnico instalador, un operador de central receptora, un vigilante de seguridad, un responsable de mantenimiento o un profesional de ciberseguridad. Cada ámbito requiere competencias concretas y actualizadas. El tercer nivel es la formación transversal: comunicación, gestión de incidencias, cultura de seguridad, protección de datos, nuevas tecnologías, uso responsable de la inteligencia artificial y coordinación con otros actores. Este punto será cada vez más importante porque los riesgos ya no están separados. Una intrusión física puede estar vinculada a un fallo tecnológico, una mala configuración, una contraseña débil o una ausencia de protocolo.
El reciclaje profesional deberá ser ágil. No podemos depender únicamente de cursos largos y puntuales. El sector necesita formatos más flexibles: cápsulas formativas, simulacros, sesiones prácticas, formación online breve, actualización normativa y casos reales. La formación debe acercarse al día a día de las empresas, no quedar separada de la realidad operativa. En este sentido ACAES está trabajando para ofrecer a nuestras empresas asociadas la formación precisa, colaborando con entidades privadas, con el Consorci per a la Formació Continua y con el Department de Interior i de Educació de la Generalitat.
¿Qué desafíos específicos tendrá el sector de empresas instaladoras y mantenedoras?
Las empresas instaladoras y mantenedoras afrontarán un año especialmente exigente. El cliente demanda sistemas más conectados, más integrados y más fáciles de gestionar, pero esa mayor conectividad también aumenta la complejidad técnica y los riesgos asociados. Los principales desafíos serán la correcta configuración de los sistemas, la actualización de equipos, la gestión segura de contraseñas, la documentación de instalaciones, el mantenimiento preventivo y la adaptación a nuevas soluciones tecnológicas. También será clave evitar instalaciones que funcionen “aparentemente bien” pero que no sean robustas desde el punto de vista de la seguridad.
Un aspecto destacable será la necesidad de reforzar las buenas prácticas en la puesta en marcha, mantenimiento y sustitución de equipos: cambio de credenciales por defecto, control de accesos, registro de intervenciones, actualización de firmware y verificación de comunicaciones. Este es un punto donde el sector puede mejorar mucho sin necesidad de grandes inversiones, simplemente aplicando método y responsabilidad profesional. En este ámbito, el impacto de NIS2 será especialmente visible en la seguridad de la cadena de suministro: elección de fabricantes, actualización de firmware, gestión de contraseñas, accesos remotos, documentación técnica y capacidad de acreditar que la instalación no introduce vulnerabilidades en el cliente.
¿Qué retos afrontarán las Centrales Receptoras de Alarmas?
Las CRA tendrán el reto de gestionar un mayor volumen de señales, más diversidad tecnológica y mayores expectativas de respuesta. La clave no será solo recibir alarmas, sino distinguir mejor entre señal real, falsa alarma, fallo técnico, incidencia operativa o riesgo emergente. Los retos principales serán la reducción de falsas alarmas, la mejora de protocolos, la formación de operadores, la trazabilidad de las actuaciones y la integración con sistemas de vídeo, control de accesos y plataformas digitales. La calidad de una CRA dependerá cada vez más de su capacidad para combinar tecnología, criterio humano y procedimiento. También habrá que reforzar la resiliencia operativa. Una CRA no puede permitirse fallos de continuidad, problemas de comunicación o debilidades en sus sistemas internos. Por eso, la ciberseguridad y la continuidad de negocio serán elementos cada vez más ligados al funcionamiento de las centrales.
¿Y el sector de Vigilancia?
En vigilancia, el reto principal será dignificar y especializar la función. El vigilante de seguridad no puede ser visto como una presencia pasiva. En muchos entornos es el primer punto de detección, prevención, atención y respuesta. Durante 2026 será necesario reforzar la formación en gestión de conflictos, atención al público, primeros auxilios, actuación ante emergencias, coordinación con Fuerzas y Cuerpos de Seguridad, uso de tecnología y elaboración de informes. La vigilancia presencial seguirá siendo necesaria, pero deberá estar mejor apoyada por herramientas tecnológicas y por protocolos claros. También habrá que abordar la falta de atractivo profesional del sector. Si no se mejora la percepción, la estabilidad y el desarrollo profesional, será difícil atraer talento joven. La renovación generacional no se conseguirá solo con necesidad de personal, sino ofreciendo una carrera profesional más clara y mejor valorada.
¿A qué retos se enfrentará la Ciberseguridad?
La ciberseguridad será uno de los ámbitos con mayor crecimiento y, al mismo tiempo, con mayor riesgo de banalización. Muchas empresas empiezan a hablar de ciberseguridad, pero no todas tienen todavía una estrategia real. Los datos de INCIBE muestran la magnitud del problema: en 2025 se detectaron más de 122.000 incidentes de ciberseguridad, con malware, ransomware y dispositivos IoT comprometidos entre los casos más relevantes. Esto es especialmente importante para el sector de la seguridad, porque cada vez hay más cámaras, alarmas, controles de acceso y dispositivos conectados a red.
El desafío será integrar la ciberseguridad en la seguridad física. No tiene sentido proteger una puerta si el sistema de acceso está mal configurado, ni instalar cámaras si quedan expuestas en red, ni conectar alarmas si las credenciales siguen siendo las de fábrica. La convergencia entre seguridad física y digital ya no es una tendencia futura: es una necesidad presente.
En 2026, la ciberseguridad dejará de ser un complemento y pasará a formar parte de la propuesta de valor mínima de muchas empresas de seguridad privada. La adaptación a NIS2 y a la normativa sobre resiliencia de entidades críticas obligará a revisar cómo se instalan, mantienen, monitorizan y documentan los sistemas de seguridad conectados.
¿Qué otros temas quedan pendientes en el sector de la seguridad?
Una cuestión que conviene destacar es la necesidad de mayor cultura preventiva. La seguridad no puede limitarse a reaccionar cuando ocurre un incidente. Debe formar parte de la gestión ordinaria de empresas, comunidades, administraciones y ciudadanos. También será importante combatir la competencia basada exclusivamente en precio. Cuando la seguridad se contrata solo por coste, el resultado suele ser peor servicio, menor formación, menos mantenimiento y más riesgo. El sector debe explicar mejor el valor de un servicio bien prestado.
Finalmente, 2026 debería ser un año para reforzar la colaboración entre asociaciones, empresas, administración, cuerpos policiales, centros formativos y usuarios. El sector de la seguridad en Cataluña tiene capacidad técnica y experiencia, pero necesita avanzar hacia un modelo más integrado, profesional y adaptado a los nuevos riesgos.
Desde ACAES, nuestro papel debe ser precisamente ese: acompañar a las empresas, defender la profesionalidad del sector, impulsar la formación, promover buenas prácticas y ayudar a que la seguridad sea entendida como una inversión en confianza, continuidad y protección.
En definitiva, 2026 será un año de transformación para el sector de la seguridad en Cataluña. Habrá oportunidades, pero también mayores exigencias. Las empresas que inviertan en formación, tecnología bien aplicada, cumplimiento normativo y calidad profesional estarán mejor preparadas. Las que continúen trabajando con modelos excesivamente reactivos o basados solo en precio tendrán más dificultades.
La seguridad del futuro será más técnica, más conectada y más colaborativa. Pero seguirá dependiendo de algo esencial: profesionales bien formados, empresas responsables y una cultura de seguridad compartida. Desde ACAES invitamos a todas las empresas que trabajan en Cataluña que se unan a la asociación para acompañarlas en este camino.