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Las viviendas deberán adaptarse a la eficiencia energética

La climatización y refrigeración jugarán un papel decisivo en la adaptación de las viviendas españolas a las nuevas exigencias de descarbonización. Éstas deberán evolucionar hacia instalaciones térmicas más eficientes y sistemas de generación con combustibles exclusivamente renovables o residuales, con los consiguientes procesos de adaptación.

18 feb 2021

La pandemia del coronavirus obligó a pasar mucho tiempo en casa durante 2020, lo que ha llevado a un buen número de propietarios a plantearse realizar reformas en su domicilio. Así, no es extraño que el sector de las reformas y la rehabilitación espere generar un volumen de negocio de alrededor de 60.000 millones de euros en 2021, un 13% más que el pasado año, según estiman desde Andimac y ANERR.

Pero durante el actual ejercicio no solo se llevarán a cabo reformas para tirar tabiques o rediseñar espacios, sino que muchos ciudadanos se plantearán también cómo adaptar las instalaciones de sus viviendas para que éstas sean más eficientes y generen menos residuos.

En este sentido, Arcadio García Lastra, Secretario Técnico de Atecyr, la Asociación Técnica Española de Climatización y Refrigeración, explica que el sector de la climatización y refrigeración deberá evolucionar “hacia instalaciones térmicas más eficientes y sistemas de generación con combustibles exclusivamente renovables o residuales, y ello supondrá un proceso de adaptación”. 

Técnicos más formados

Según García Lastra, este cambio requerirá de una evolución en dos puntos fundamentales. En primer lugar, “que los técnicos estén preparados y formados para saber introducir en sus diseños los nuevos equipos que deben integrarse en edificios ya existentes, y eso requiere cambios conceptuales a la hora de definir las posibles instalaciones reformadas”. Y, en segundo lugar, “que los usuarios estén concienciados de las opciones que existen para ejecutar otro tipo de instalación, que requerirá de diferentes modos de operación o mantenimiento, en un nuevo concepto de edificio rehabilitado y de consumo de energía casi nulo”.

También aparecerá “la figura del productor y consumidor en una misma persona o entidad, el proconsumidor”. Así, “la única forma de descarbonizar la producción de energía eléctrica es distribuirla y acercarla a los puntos de consumo. Los hogares serán un claro ejemplo de superficies donde se instalarán cada vez más paneles fotovoltaicos. Los edificios también serán claves para la electrificación del trasporte, pues serán el lugar donde estos puedan recargarse, máxime, si es con esta producción fotovoltaica”. En consecuencia, este cambio evolutivo “no sólo va a afectar a los técnicos, sino también a los usuarios de los edificios”.

El Secretario Técnico de Atecyr advierte que “los edificios son un gran devorador energético, y si no conseguimos este cambio no lograremos parar el ascenso de la temperatura global del planeta”. Y añade que “en la rehabilitación no es suficiente actuar sobre la envolvente, sino que es necesario hacerlo también sobre los sistemas de climatización y refrigeración”.

Calidad del aire

Se trata de un cambio estructural. Por ejemplo, tenemos que acostumbrarnos en un futuro a que nuestros generadores estén alimentados exclusivamente por fuentes de energía renovables. “Todo parece indicar que la caldera tradicional, tal y como la conocemos, no existirá; y en su lugar veremos bombas de calor alimentadas eléctricamente o la utilización de generadores que quemen combustibles renovables como el hidrogeno”.

En este proceso, la calidad de aire ocupará un lugar muy importante. “Los usuarios se han concienciado y demandarán mejorarlo mucho más en los entornos cerrados. Los virólogos nos dicen que las pandemias han venido para quedarse y que no estamos ante un hecho aislado, desgraciadamente”. Así, “la incorporación de sistemas que garanticen la calidad de aire interior se verá incrementada; y en las reformas de los edificios se incorporarán sistemas de ventilación mecánica dotados de recuperadores de energía”.

Otro cambio que veremos en la próxima década será la inclusión de más tecnología en los hogares, ya que “la pandemia ha puesto de manifiesto la necesidad de tele-presencia, que ayude a estar en conexión con otras personas”. La tecnología también proporcionará mayor conocimiento a los usuarios “para que puedan tomar decisiones sobre cuándo y cómo consumir energía, disponer de sistemas de almacenamiento para cargar el vehículo eléctrico o estar en contacto con las futuras comunidades locales de energía”.