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Algunas lecciones que sigo aprendiendo

Adolfo Ramírez, cofundador de Vida Silver.
Adolfo Ramírez, cofundador de Vida Silver.

El año 2020 no se nos olvidará fácilmente. De él vamos a extraer algunas lecciones interesantes, pues nos ha situado, tanto a nivel individual como colectivo, ante situaciones inesperadas y en muchos casos estresantes. Esta nueva realidad nos ha empujado, además, a reacciones propias que también son desconocidas, pero que, quién sabe, nos han llevado a conocer nuestra verdadera identidad.

Estoy seguro de que hay más lecciones, pero las que comparto a continuación me parecen especialmente relevantes:

La primera de ellas sería un análisis sobre la obsesión por el poder, que es un virus muy peligroso y maligno que limita el desarrollo a todos los niveles. En el político incita a la confrontación, elimina cualquier posibilidad de consenso y consecuentemente tiene un impacto muy negativo en los ciudadanos y en los países; en el ámbito empresarial, impide la transformación y progreso de las empresas al priorizar el futuro de los ejecutivos al de la propia compañía; y a nivel personal, limita el crecimiento, la colaboración y, por tanto, la aportación de valor a la comunidad. La pandemia ha puesto de manifiesto la necesidad de fortalecer la cooperación, la confianza y la solidaridad. Para conseguirlo, la obsesión por el poder no es un buen compañero de viaje.

La inclusión digital es una prioridad, y la brecha digital se ha convertido en un factor de discriminación social de primera magnitud.

También está el compromiso y la generosidad, que son dos grandes valores que han mitigado los efectos de esta terrible pandemia. Empezando por el admirable comportamiento de los sanitarios, pero también por todos aquellos que nos han permitido continuar con unos niveles razonables de actividad.

Retrocediendo la mirada hacia el inicio de la pesadilla, no hubiera sido imposible sin el compromiso de muchos profesionales dar continuidad a la actividad económica de una forma básica e imprescindible. Un compromiso que también se manifiesta y se tiene que seguir mostrando en el cumplimiento de las normas sanitarias para conseguir entre todos el menor impacto de virus. Estos esfuerzos, son los que nos permitirán salir airosos de, posiblemente, la peor crisis de la historia reciente de la humanidad.

Por otro lado estaría la tecnología, nuestra aliada. Durante los peores momentos de la pandemia nos ha permitido comprar, estudiar, consultar con el médico, trabajar e incluso celebrar fiestas familiares y con amigos en formato virtual. La inclusión digital es una prioridad, y la brecha digital se ha convertido en un factor de discriminación social de primera magnitud.

Con independencia del despliegue de la infraestructura necesaria para disponer de Internet en todas las localidades, habría que garantizar que en todos los hogares existiera el equipamiento informático necesario para su conexión a la Red e impulsar la digitalización de ámbitos tan clave como la educación y la salud.

En el ámbito empresarial, los negocios que han entendido las oportunidades de la digitalización y han situado al cliente en el centro de su estrategia han abordado la crisis con mayores posibilidades de superarla. Además, se han generado nuevas oportunidades y negocios que hay que entender y aprovechar en beneficio de todos.

Hasta hace tan solo nueve meses decíamos que el mundo era un antes y después del Internet, hoy nuestra realidad es diferente después de la pandemia y ello nos obliga a construir una nueva realidad.

Generar confianza es, también, imprescindible en tiempos de crisis. La confianza es un valor inherente en el día a día de los seres humanos, en nuestras relaciones, actuaciones o en las expectativas que generamos en los demás. En épocas difíciles y de incertidumbre como la actual, es más importante que nunca generar confianza e infundirla en todo lo que hacemos como individuos y como líderes.

Las sociedades y empresas que confían en sus líderes marcan una clara diferencia con el resto, tanto en la gestión de las crisis como en su crecimiento como sociedad u organización. En esto contexto, tanto la comunicación clara y sistemática, como la coherencia en la gestión son dos elementos que resultan insustituibles.

No hay que olvidar la necesidad de aceptar nuevos paradigmas. El futuro que pensamos en 2020 es muy distinto al que visualizaremos en 2021. Hasta hace nueve meses decíamos que el mundo era un antes y después del Internet, hoy nuestra realidad es diferente después de la pandemia y ello nos obliga a construir una nueva realidad.

Están siendo meses dolorosos, pero hemos aprendido a disfrutar más intensamente de los pequeños momentos y a redescubrir aficiones que hacía tiempo teníamos olvidadas.

Como decía Peter Drucker, “la mejor forma de predecir el futuro es crearlo”. Aceptar los nuevos paradigmas no significa ni olvidarnos del pasado, ni dejarlos al libre albedrío, sino que implica hacer un esfuerzo por entenderlos e incorporarlos con inteligencia en nuestra actividad cotidiana.

El teletrabajo, el comercio electrónico, la mayor concienciación con el cambio climático, el boom de las videoconferencias, la formación a distancia, las relaciones de “bajo contacto”, el incremento de la sensorización, el uso masivo de Redes Sociales y el desarrollo de la inteligencia artificial por parte de las organizaciones, tanto públicas como privadas, son elementos que han acelerado su incorporación en nuestra vida. El uso que hagamos de ellos va a ser clave en nuestro desarrollo de los próximos años.

Y por último hay que incidir en la búsqueda de menos planificación y más intención. La COVID-19 canceló miles de celebraciones, eventos, conciertos…, y el confinamiento nos ha puesto de manifiesto que los planes son únicamente datos de una agenda y que, con independencia de referencias clave en el calendario, lo inteligente es vivir plenamente abiertos a las posibilidades del momento presente. Están siendo meses dolorosos, pero hemos aprendido a disfrutar más intensamente de los pequeños momentos y a redescubrir aficiones que hacía tiempo teníamos olvidadas.

Adolfo Ramírez, cofundador de VIDA SILVER.

 

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