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Mantener la autoestima en situaciones difíciles

Blanca Fernández-Galiano
Blanca Fernández-Galiano es Coach y Terapeuta Humanista, Experta en Acompañamiento en Duelo

Me gustaría compartir una experiencia que me hizo reflexionar sobre la percepción de nuestra autoestima, sin duda subjetiva, en determinadas situaciones.

Viene a consulta una persona de 53 años a la que, como consecuencia de un ERE, le habían rescindido el contrato. Es lo que tenemos los Silver, que los jóvenes nos abren la puerta educadamente para que salgamos antes, sólo por acumular años de vida y de experiencia. La situación económica de esta persona no era preocupante, pues había tenido un puesto de directivo con buen sueldo y había conseguido ahorrar. Ya no tenía hipoteca y las cargas familiares no eran muchas: sus 3 hijos ya habían acabado los estudios, másteres incluidos; disponía de un plan de pensiones, podía cobrar el paro y además, su cónyuge, tenía un buen sueldo con el que podían vivir desahogadamente.

Cuéntame, te escucho. Lo primero que me dijo es “me siento una persona fracasada”. Así, a bocajarro. “Pienso que, con la edad que tengo, ya nunca más voy a trabajar”. De alguna manera se estaba haciendo responsable de su situación y, en este caso, se trataba de un hecho sobrevenido por una coyuntura que se escapaba a su control. Es decir, responsabilidad “0”.

Es necesario encontrar dentro de la caja de herramientas los recursos necesarios para volver a confiar en nuestras capacidades.

No podemos, ni debemos, poner en tela de juicio los sentimientos de las personas, porque estos son incuestionables. Nuestra misión como terapeutas humanistas y, en mi caso, también como coach, es validar este sentimiento y acompañar a la persona en el proceso de recuperación de la autoestima o, en último extremo, de la incorporación de la autoestima a su vida, porque sentirse fracasado es sinónimo de baja autoestima. Nuestro trabajo consiste en ayudar a encontrar dentro de la caja de herramientas, los recursos necesarios para volver a confiar en sus capacidades.

En el caso que nos ocupa el sentimiento de fracaso estaba íntimamente ligado a la imagen que ella pensaba que proyectaba a los demás. Es decir, tenía miedo a la opinión que de ella iban a tener su familia, amigos, vecinos y demás conocidos. Dentro de sus creencias, quedarse en el paro era sinónimo de fracaso, culpa, falta de lucha y, en definitiva, se traducía en “no valgo” y creía que los demás iban a pensar todo eso sobre ella.

Sin embargo, este miedo a lo que opinen los demás tiene mucho que ver con la opinión que tenemos sobre nosotros mismos. Es decir, en ese momento, también se estaban tambaleando su confianza en sí misma, sus capacidades para cumplir sus objetivos (volver a encontrar trabajo) y, en definitiva, su valía personal.

Se preguntaba cómo podía competir con hombres y mujeres de 30 o 40 años. Pensaba y manifestaba que la carrera por encontrar trabajo estaba perdida de antemano, argumentando que ellos eran jóvenes, tenían muchas ganas y estaban llenos de energía.

Los pensamientos anticipatorios generan tanto miedo ante una amenaza, previsible o no, que acaban provocando grandes dosis de ansiedad y conducen al bloqueo.

En su imaginación ya se estaba sintiendo rechazada. Su preocupación por no encontrar trabajo le estaba jugando una mala pasada: la de los pensamientos anticipatorios catastróficos. Estos pensamientos generan tanto miedo ante una amenaza, previsible o no, que acaban provocando grandes dosis de ansiedad y conducen al bloqueo, de manera que damos por hecho que va a ocurrir lo peor.

El pánico que tenemos a que nos rechacen hacen que tengamos la percepción de que no somos lo suficientemente buenos. La cuestión es que no somos lo suficientemente buenos ¿comparados con quién? Y ahí está el problema, que siempre tendemos a compararnos con los mejores, de forma que distorsionamos la realidad de nuestro valor como personas.

En busca del bienestar emocional

Primeramente, hubo que hacer un proceso de duelo por la pérdida de su trabajo y, posteriormente, un ejercicio de recuperación de su autoestima, que en esos momentos había quedado muy mermada, simplemente porque había perdido de vista sus valores y los logros conseguidos a lo largo de todos los años anteriores. En ese momento estaban primando los pensamientos negativos sobre sí misma.

El éxito fue posible gracias al excelente trabajo realizado consistente en una buena dosis de observación, de autoconocimiento, de revisión de creencias limitantes y de sanación de heridas que facilitaron el cambio hacia el equilibrio y el bienestar emocional.

Cada persona tiene, de forma innata, un potencial que le permite crecer, evolucionar y realizar cambios positivos.

Las terapias humanistas defienden que cada persona tiene, de forma innata, un potencial que le permite crecer, evolucionar y realizar cambios positivos, de manera que son las propias capacidades y recursos de los que dispone la persona en el momento actual, las que influyen en su problema y/o solución. El objetivo es apoyar, acompañar y poner la atención en aquellos asuntos o emociones bloqueados que están interfiriendo en la autonomía y plenitud de la persona.

El caso que relato es muy habitual en la actualidad. La Covid19 ha desestabilizado el panorama laboral de la generación Silver de una manera brutal, dando paso a la incertidumbre sobre el futuro de muchos de sus integrantes. En momentos tan convulsos es fácil desestabilizarse emocionalmente. Por eso me gusta recordar a aquellas personas que estén en la misma situación que en la vida pasan cosas y que no de todas somos responsables ni culpables. Aprender a gestionar las emociones que nos producen estas situaciones son la base para lograr una vida sana, feliz y plena. Esa sí que es nuestra rssponsabilidad.

Blanca Fernández-Galiano es Coach y Terapeuta Humanista, Experta en Acompañamiento en Duelo

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