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La prórroga

El otro día, en la presentación del Comité de Asesores de Vida Silver, me pidieron que dijera unas palabras explicando por qué me había sumado a esta iniciativa. Antes que yo hablaron personas a las que admiro, como Rosa García, por ejemplo, que relató su experiencia como ex ejecutiva al frente de grandes empresas y de cuál es la situación de las mujeres de más de cincuenta y cinco años en este ámbito. También me interesó mucho el enfoque de Jacqueline Van Paasen, que es experta en coaching y liderazgo, así como el de Iñaki Ortega, que habló de la importancia de los sénior en la sociedad actual desde el punto de vista económico. No quiero olvidar tampoco el testimonio de Carlos Urroz, antiguo director de la feria ARCOmadrid, que entró por videoconferencia para explicarnos el papel que este segmento juega en el mundo del arte.

Existe solo un espacio de tiempo en el que no se vive mirando hacia adelante ni tampoco hacia atrás.

Fueron muy interesantes todas las opiniones y aprendí mucho, pero no sabía cómo enfocar mi intervención. Al fin y al cabo no soy experta en ninguna de esas ramas y nunca he trabajado en empresa alguna. ¿Qué mensaje podría mandar yo a la gente silver? A la postre decidí contar mi experiencia. No como escritora, sino como mujer que se acerca peligrosamente a los setenta, y les conté un descubrimiento que hice años atrás al cumplir sesenta.

Entonces me di cuenta de que, a pesar de que siempre se nos ha dicho que es fundamental saber vivir el presente, el famoso carpe diem, lo cierto es que por mucho que uno lo intenta, resulta imposible. Cuando uno es joven busca su lugar en el mundo y, por tanto, necesariamente, acaba viviendo en el futuro, planeando lo que quiere conseguir, encontrar, construir. Cuando se es viejo, en cambio, la gente tiende a vivir en el pasado, porque los momentos más interesantes y hermosos quedan atrás. Existe solo un espacio de tiempo en el que no se vive mirando hacia adelante ni tampoco hacia atrás. Y ocurre sobre la mitad de la vida, cuando uno ha conseguido ya lo que se proponía y no necesita por tanto soñar con el futuro. Tampoco precisa añorar el pasado, porque aún tiene energía y muchas ilusiones. Sólo entonces se vive el presente.

Carmen Posadas
Carmen Posadas participó en la presentación del Comité Asesor de Vida Silver.

Pienso, además, que esta sensación de la que hablo es especialmente cierta en el caso de las mujeres. Nosotras somos unas enfermas –y digo bien, enfermas– de la responsabilidad. Durante gran parte de nuestra vida la frase que más repetimos es “tengo que”. Tengo que ser la mejor madre, la mejor compañera, la mejor en mi trabajo, la mejor hija… Pero llega un momento (en torno a los cincuenta o los sesenta años) en que todas estas tareas están ya cumplidas. Los hijos son mayores, nos encontramos bien situadas laboral y/o económicamente y además –muy importante– aún somos jóvenes y tenemos ganas de hacer cosas. Por eso muchas mujeres vuelven a estudiar, otras cambian de vida, casi todas viajan o hacen nuevas e interesantes amistades… Es como si la vida nos regalara (también a los hombres) una segunda juventud lejos de ese insufrible e insaciable monstruo de la responsabilidad. Porque el concepto juventud ha ampliado notablemente sus fronteras.

Cuando Stendhal escribió Rojo y negro en 1830, describió así a su protagonista: “Madame Rênal tenía treinta años y aún era bastante bella”. Hoy esa afirmación encaja perfectamente con una mujer de cincuenta o incluso sesenta y, una vez, más de lo mismo puede decirse de un hombre. Es lo que yo llamo “la prórroga”. Un tiempo extra que nos da la vida y que antes no existía. Prórroga para amar, para aprender, para vivir. Para ser felices en resumidas cuentas.

Por eso me gusta tanto esta idea de la vida silver. Una plataforma que nos da la posibilidad de interactuar y soñar juntos. También de apoyarnos a sabiendas de que somos legión y que solo nos hacía falta una iniciativa como esta para disfrutar al máximo de la bendita prórroga que ahora nos regala la vida.

Carmen Posadas es escritora.

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