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¿Por qué deben ser más visibles las mujeres de mediana edad?

La actriz Faye Dunaway, el día después de ganar el Oscar por 'Un mundo implacable'.

Ser mujer y cumplir años es una cuesta hacia arriba a veces empinada. Tanto en los medios como en el ámbito laboral e íntimo, ellas desaparecen en favor de las más jóvenes. ¿Cómo se puede revertir esta situación? Varias expertas en la materia nos dan su opinión sobre el problema.

El pasado 11 de octubre, la prensa de todo el mundo se hizo eco de la última gesta de Rafael Nadal: tras ganar su Roland Garros número 13, sumó 20 torneos de Grand Slam en su haber. Inmediatamente lo compararon con los 20 que acumula en su palmarés otro fenómeno tenístico, Roger Federer. Ni palabra de Margaret Court (24 títulos), de Serena Williams (23) o de Steffi Graf (22).

A olvidos como este se les da un nombre: invisibilidad de la mujer, y se producen tanto en ámbitos deportivos como laborales, sociales y en la intimidad del hogar. “Si prestamos atención a las informaciones sobre mujeres que presentan los medios de comunicación, observamos que reproducen los roles de género convencionales: el género masculino aparece en los ámbitos de poder, unido a competiciones deportivas o a guerras, mientras que las mujeres, cuando no son invisibles, aparecen unidas a la belleza de sus cuerpos, lo que hace que se las presente como objetos sexuales o como víctimas de la violencia de género”, dice la doctora María Martínez-Lirola, de la Universidad de Alicante, en su estudio Explorando la invisibilidad de mujeres de diferentes culturas en la sociedad y en los medios de comunicación.

La invisibilidad de la mujer contrasta con la posición del hombre, que aparece ligado a los ámbitos de poder y a las competiciones deportivas.

El panorama se agrava cuando hablamos de mujeres que han cumplido los 50. “No hay una valoración de otro tipo de elementos [además de los físicos], como la calma, la experiencia, el poso, el saber cuidar, la experiencia de lucha (porque somos una generación que ha luchado)… Tampoco para ellos, pero sobre todo no hay esa valoración para las mujeres. A los hombres les interesamos para determinadas cosas y a determinadas edades, porque es bastante revolucionario acabar con un orden social que lleva siglos establecido”, comenta Begoña Marugán, doctora en Sociología, licenciada en Ciencias Políticas y profesora asociada de la Universidad Carlos III de Madrid. “A los 50 ya eres muy libre. Todo te importa un pimiento, sabes lo que es importante en la vida, disfrutas mucho de un paseo, de un vino, conoces dónde están los amigos. Eso es muy peligroso”.

La tenista Serena Williams, ganadora de 23 títulos Grand Slam.

Actrices que se plantan

Lo han denunciado por activa y por pasiva decenas de actrices, de Hollywood a Madrid: a partir de los 40 les ofrecen menos papeles, y escasean las escritoras de guiones reconocidas que escriben roles protagónicos para ellas. “Hay algunas actrices increíbles de entre 50 y 60 años que no están teniendo oportunidades en las películas, y que alguien diga que hay muchos papeles para mujeres de esa edad… es que no va al cine”, dijo en 2015 la actriz americana Jessica Chastain (California, EE.UU., 1977) a la revista Cosmopolitan.

La falta de escritoras de guiones reconocidas es una de las causas por la que las actrices de más de 40 no reciben tantos roles protagónicos.

Cuando la también intérprete estadounidense Faye Dunaway sumaba 67 años, hace 12, no se calló: “Me cabrea que piensen que soy demasiado mayor para ser el interés amoroso de tipos como Jack Nicholson o Clint Eastwood. ¿Por qué tengo que interpretar a hermanas y madres mientras ellos, que son mayores que yo, tienen amantes en pantalla a las que doblan la edad?”.

Recurrir a la cirugía

La situación no ha cambiado mucho desde entonces. “La razón por la que no se cuenta con las mujeres es el machismo puro y el patriarcado. La invisibilidad de las mujeres a partir de los 50 en el campo de lo afectivo es terrible. La mujer, para ser atractiva y tenida en cuenta en el mercado de las relaciones afectivas, tiene que cumplir un modelo de estética y juventud. No puedes pasar de 30 años porque ya no vales, y muchas están tratando de encajar en ese modelo mediante la cirugía estética”, comenta la argentina Susana Covas, experta en género y equidad aplicados a la vida cotidiana de las mujeres.

Para esta investigadora, la sociedad carece de modelos de referencia de mujeres de más de 50 que atraigan por el hecho de ser mujeres. “Está Jane Fonda (82 años), guapísima, que te dice que está así porque hace yoga y come bien, pero que no nos sirve para nada porque está muy operada. Los hombres de más de 50 pueden ser atractivos como hombres, requeridos para muchos puestos. Un actor de cine de 60 o 70 puede actuar en una película con una de 40”, dice.

Jane Fonda durante una conferencia de prensa en 1975. ©Rob Mieremet / Anefo

Algunos las quieren jóvenes

“Hay muchos hombres que se sienten más jóvenes teniendo a una joven al lado. Estas son mucho más dóciles, pero después de los 50 las mujeres tienen claro lo que quieren y lo que no, soportan menos cosas en el trabajo, y eso no es lo que pide la sociedad. Durante muchos años nos hemos ocupado de la evolución de las mujeres y de su desarrollo, de su autoestima, pero eso es justo lo que se rechaza de ellas. Se rechazan muchas cosas que vienen con la edad: que pidas reciprocidad, que tengas más seguridad en ti misma, que seas reconocida de igual a igual… Muchas se sienten más seguras, pero muy solas”, señala Covas.

Con los años, las mujeres ganan en autoestima y en libertad y se muestran menos dóciles, pero eso es justo lo que la sociedad rechaza.

¿Está en manos de las instituciones revertir esta situación, al menos en parte? Según las profesionales consultadas, no parece que la solución vaya a venir de ahí. “Puedes educar, hacer leyes de no discriminación, pero ¿cómo determinas que no se debe discriminar por cuestiones estéticas? En las empresas se pueden poner cuotas, pero esa invisibilidad imperceptible para otros es difícil de legislar y casi ni se habla de ello”.

Tampoco la lucha individual parece la mejor vía para cambiar a toda una sociedad. Para la doctora Begoña Marugán, solo triunfará el ejercicio colectivo de pensar que, hasta que todas estén bien (de todas las clases sociales, de toda educación), las mujeres no estarán bien. Porque no es una guerra de ellas contra ellos, dice.

“La lucha individual para cambiar la sociedad no sirve, es una acción social y pasa por la educación y por legislar (porque todo eso apoya los cambios)”, apunta Covas. “Además, ellos tienen que trabajar no solo las dificultades que tienen como hombres, sino sus privilegios y el coste relacional con las mujeres, porque si no avanzarán ellos solos. Y como mujer, a nivel de subjetividad, de nuestra propia intimidad y autoestima, es necesario desarrollar una mirada y un deseo por las personas que a ti te hagan bien. Si para sentirte bien tienes que acudir a la cirugía, piensa: ¿para quién lo estás haciendo? ¿Por qué te piden eso para quererte? ¿Por qué te importa esta mirada?”.

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