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Muchos somos demasiado jóvenes para jubilarnos

José Manuel Casado
José Manuel Casado González es Socio Fundador de 2.C Consulting.

Con el lema, “Demasiado joven para jubilarme, demasiado viejo para tener jefe”, serigrafiado en su camiseta azul turquesa, su chaqueta deportiva, sus pantalones chinos y su moderna mochila, se presentó, al desayuno que teníamos acordado, mi buen amigo Adolfo Ramírez, director de Tecnología y Operaciones del Banco Santander España hasta apenas unos años. Él, ahora está en una nueva etapa vital, disfrutando de un momento profesional apasionante tras su salida de la entidad y la publicación de su libro Digitalízate o Desaparece.

Cuando lo vi de esta guisa, le comenté: “Tienes que regalarme una camiseta como esa, el mensaje me encanta” (cosa que, por cierto, aún no ha hecho). Y me gustó, porque creo que marca una de las tendencias más claras de hacia dónde se dirige el mundo del trabajo y porque eso fue, exactamente, lo que yo pensé hace unos años cuando salí de Accenture; la magnífica multinacional para la que trabajaba y en la que forjé mi carrera.

El trabajo no es un medio para un fin, sino un fin en sí mismo que ofrece satisfacción y realización personal.

Por aquel entonces, pensé que era muy joven para no hacer nada, porque estaba –y sigo estando– convencido de que lejos de la concepción tradicional del trabajo, en el sentido de que es un castigo divino, significa siempre reto, crecimiento, desarrollo, actualización, enriquecimiento y diversión; tengas la edad que tengas.

Si el trabajo fuera malo, no podría ser que los que más tienen (riqueza, propiedades, estatus…) trabajen más, y los que menos recursos poseen, tengan menos oportunidades laborales. La concepción trasnochada de que la aristocracia no trabajaba y solo lo hacía la plebe está desprestigiada. Creo que el trabajo no es un medio para un fin, sino un fin en sí mismo que ofrece satisfacción y realización personal, siempre que tenga significado.

Las cuatro etapas del ser humano

Mi buen amigo Luis Bassat me contaba en una ocasión que el afamado Antonio Puig, creador de la mundialmente conocida empresa de perfumes Puig, decía que en la vida el ser humano tenía cuatro etapas: aprender a hacer, hacer, enseñar a hacer y dejar de hacer.

Por “Aprender a hacer” se refería a la etapa que va desde que nacemos hasta que comenzamos a hacer; es decir, a trabajar. “Hacer”, es la siguiente época de nuestra vida en la que nos dedicamos sobre todo a trabajar y que nos ocupa prácticamente desde que nos incorporamos al mercado laboral hasta que lo abandonamos. A continuación, vendría la época de “Enseñar a hacer”, que es nuestra actual etapa (la de mi amigo y mía), es decir, cuando los profesionales ya hemos acumulado experiencia y es el mejor momento para enseñar a otros cómo hacer las cosas. Por último, vendría el momento de “dejar de hacer”, cuando preferimos no tener demasiadas obligaciones laborales, aunque, está demostrado que los seres humanos necesitamos sentirnos útiles hasta el último día de nuestra vida.

El trabajo significa siempre reto, crecimiento, desarrollo, actualización, enriquecimiento y diversión; tengas la edad que tengas.

Para refutar mi último aserto, permitidme que os cuente la investigación que hizo hace pocos años la AARP (American Association of Retired Persons), con una muestra de unos 50.000 profesionales (trabajadores de conocimiento: ingenieros, consultores, abogados, exdirectivos, etc.) en edad de 50 a 70 años que habían dejado no hacía mucho su trabajo de toda la vida. A todos ellos se les planteó: “En esta nueva etapa de su vida ¿qué es lo que más le satisface?”. Las respuestas principales, y por el siguiente orden de importancia, fueron tres: sentirme útil, conseguir esta utilidad trabajando y que el trabajo sea remunerado. Evidentemente muchos de ellos no necesitaban el dinero, pero la concepción de utilidad asociada a lo monetario es muy poderosa en nuestra sociedad occidental.

Como antes comentaba, al salir de mi antigua empresa me ofrecieron trabajo en otras compañías, pero tenía claro que no quería volver a trabajar para nadie ni tener más jefes, pero también sabía que quería seguir activo profesionalmente porque era demasiado joven para jubilarme, pero demasiado viejo para volver a tener jefe.

José Manuel Casado González es Socio Fundador de 2.C Consulting.

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