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Apología por los ‘silverpreneurs’

José Manuel Casado
José Manuel Casado González es Socio Fundador de 2.C Consulting.

Actualmente los contornos de la empresa se estrechan al máximo para externalizar y convertir en coyuntural todo lo que no sea estrictamente necesario, al tiempo que sus contactos con terceros se multiplican por todas partes. Al final, la empresa busca una organización mucho más ligera, integrada por muy pocos profesionales fijos, pero muy formados, que controlen su core competence, y un gran número de colaboradores por proyectos y funciones adaptado a su tamaño y posibilidades que, variará, en función de la demanda real de proyectos que en cada momento tenga la compañía.

A la par que cambia el trabajo, cambian los colectivos de profesionales que comienzan a prestar servicios de manera distinta a la tradicional y a tener estilos de vida también diferentes. Aparecen, por ejemplo, los denominados Greyhoppers, en español podríamos traducirlos como “esperanzados grises”. Son esas personas jubiladas que siguen en activo, que viajan a lo largo y ancho de este mundo y les gusta tener garantizada la protección de su salud. A su vez, tienen un alto poder adquisitivo, les gusta vivir en las grandes ciudades más que en el campo y suelen pertenecer a algún consejo de administración o advisory board de alguna compañía a la que prestan asesoramiento a tiempo parcial, o colaboran por muy poco con entidades educativas, tipo business school, o hacen lo propio con alguna ONG de forma desinteresada y aportando todo su expertise.

El paso del tiempo no solo nos envejece y nos hace más experimentados, sino que también aviva nuestro estado de ánimo y la sensación de bienestar.

Pero también aparecen los silverpreneurs, gente que, como yo, hemos trabajado en grandes compañías, casi siempre multinacionales, la mayor parte de nuestra vida, pero que disfrutamos emprendiendo cosas, porque lo divertido para nosotros es hacer cosas nuevas. Solemos ser personas que comenzamos una segunda carrera para ganar en calidad de vida y porque encontramos especialmente atractivo y responsable aportar toda nuestra experiencia, conocimiento y bagaje profesional a nuevos proyectos.

Por otra parte, la generación U (unretired, los que no se jubilan) crece día a día en la sociedad y ofrece capacidad de adaptación, experiencia y flexibilidad que pesan mucho más que los años y dan mucho más valor a la sociedad. Y es precisamente esta experiencia lo que concede a los profesionales mayores un sesgo positivo, porque reduce el riesgo de fracaso y, además, ayuda a atraer más la inversión financiera necesaria para los negocios, porque las canas de los mayores es algo que el capital riesgo no desdeña.

La creatividad en la edad sénior

El paso del tiempo no solo nos envejece y nos hace más experimentados, sino que también aviva nuestro estado de ánimo y la sensación de bienestar. Karen Fingerman, profesora de desarrollo humano y ciencias familiares de la Universidad de Texas en Austin, afirma que cuánto más mayores somos nuestras amistades tienden a crecer y ser más íntimas, y damos más prioridad a lo importante frente a lo urgente.

¿Y qué pasa con la creatividad? Pues depende, porque Dean Keith Simonton, profesor de psicología en la Universidad de California, afirma que la creatividad en los profesionales especializados en campos como las matemáticas puras y la física teórica alcanza su punto álgido a los 20 años; mientras que en las áreas que requieren la acumulación de conocimiento, como la historia y la filosofía, los picos creativos suelen ocurrir después, en torno a los 60 años. En definitiva, la creatividad y la innovación no es monopolio de los más jóvenes. No en vano, Mark Twain, Paul Cézanne o Robert Frost crearon sus mejores obras entre los 40 y los 60 años.

Clint Eastwood y Roman Polanski son dos conocidos ‘silvepreneurs’ que confirmarían que el talento no tiene edad.

En la misma dirección, David Galenson, profesor en la universidad de Chicago, analizó las edades en las que unos 300 artistas famosos, poetas y novelistas produjeron sus obras más valiosas, y determinó que los artistas conceptuales tienden a hacer su mejor trabajo en sus 20 y 30 años, mientras que los artistas experimentales a menudo necesitan unas cuantas décadas más para alcanzar su potencial.

La revista Metrópoli, en enero 2020, traía una portada ilustrada bajo el título de Octogenarios al poder. En ella, aparecía una caricatura de Clint Eastwood (89 años en esa fecha) señalando la excelente película recién estrenada, Richard Jewell, sobre los atentados de los juegos olímpicos de Atlanta en 1996, junto a otra de Roman Polanski (ahora 87 años), mencionando su estreno titulado El oficial y el espía. Estos dos cineastas son dos conocidos silvepreneurs que vendrían a refutar parte de la tesis que estamos esbozando, y que confirmaría que el talento no tiene edad. Apología de los silvepreneurs para un mayor progreso y bienestar social.

 

José Manuel Casado González es Socio Fundador de 2.C Consulting

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