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Más flexibles, más fuertes… ¡todo al pilates!

Beneficios pilates
El pilates ayuda a controlar tu propio cuerpo, mejora tu elasticidad e incide en un mayor fortalecimiento corporal. @iStock by Getty Images

Método, disciplina, terapia, sistema de entrenamiento físico y mental… Salvo gimnasia, son muchas las formas de denominar a esta rutina de ejercicios con vocación universal, y no solo porque todo el mundo puede practicarlo sino porque tiene la capacidad de adaptarse a cada persona.

Dice su biógrafo, Javier Pérez Pont, que Joseph Hubertus Pilates ­–creador del método que lleva su nombre, también llamado Contrología– “pensaba que todo el mundo podía perfectamente ser ‘un Tarzán”. Y conviene recalcar que por todo el mundo se refería a cualquiera, independientemente de su edad. “Este método nació con la idea de que fuera universal”, confirma Pérez Pont. El propio Joseph (Joe), de origen alemán, estuvo practicándolo hasta días antes de morir en un hospital de Nueva York en 1967, a un mes de cumplir los 84 años.

“El pilates ayuda a tener conciencia corporal, a conseguir buena postura, agilidad, coordinación y equilibrio”, asegura Inma Blanquer, directora del centro especializado en wellness y entrenamiento Assari. Unos beneficios que permiten a los niños, por ejemplo, desarrollar su cuerpo correctamente durante la fase de crecimiento y que, como precisa Blanquer, también son decisivos para las personas de edad avanzada. “Con el pilates van envejeciendo y cumpliendo años de una manera más digna de lo que se habrían podido imaginar”, completa Pérez Pont.

El pilates tiene la capacidad de adaptarse perfectamente a lo que cada persona necesita y pueda hacer en cada momento.

Socorro Elizalde recurrió al pilates a raíz de una lumbalgia que la llevó a estar un mes en cama, sin apenas, asegura, moverse. “Tenía dos hernias, dos protusiones y una vértebra aplastada. Lo achaco a mis años como enfermera, cargando siempre con mucho peso y tirando siempre de una mala postura”, reconoce. Probó por vez primera, a tan solo quince días de someterse a una intervención quirúrgica ya programada, y como notó mejoría, decidió no operarse. Ocurrió hace ahora seis años. Ahora, a punto de cumplir 64, sin pasar todavía por quirófano, continúa yendo a clases –individuales y con máquinas, precisa– una vez a la semana. “Ya no tengo episodios de dolor. El pilates no es divertido, pero es terapéutico. Me ha enseñado a mejorar mi posición, mi elasticidad”, reconoce Socorro Elizalde.

Pilates Reformer
Todos los especialistas confirman que el Pilates Reformer es la principal máquina en la que debería comenzar todo el mundo. @iStock by Getty Images

Al inicio, práctica individual

“La Crontología (o Método Pilates original) tiene la capacidad de adaptarse perfectamente a lo que cada persona necesita y pueda hacer en cada momento. Intenta prevenir posibles lesiones; permite que en caso de tenerlas no vayan a más y mejora, en términos generales, el estado en el que se encuentra quien lo practica”, dice Javier Pérez Pont, autor junto a Esperanza Aparicio de Hubertus Joseph Pilates. La Biografía y del primer libro sobre el pilates que, con el título El auténtico Método Pilates, el arte del control, se publicó en España en 2005.

Y precisamente la necesaria adecuación de esta “rutina de ejercicios” a las particularidades de cada uno lleva a asegurar a Pérez Pont que su práctica –al menos si se trata de seguir el método original– debe ser, como en el caso de Socorro Elizalde, individual. “Una clase de pilates no debería ser de grupo, y menos al principio. Solo cuando llevas un tiempo puede llegar a ser colectiva”, dice este exbailarín, formador de profesores de pilates en Élite Pilates que descubrió esta práctica en Holanda en 1994 y abrió en 2000 el primer estudio de esta disciplina en Catalunya. También advierte: “Algunos centros plantean clases grupales que parecen actividades más propias de un parque infantil. Eso no es pilates. Es, simplemente, relacionarse con otros”.

De ahí que tanto Javier Pérez Pont como Inma Blanquer apunten a la necesidad de “buscar profesionales con la debida titulación y experiencia”, además de “informar detalladamente al profesor del historial médico, patologías, molestias, limitaciones funcionales y objetivos buscados”, en palabras de la directora de Assari, recomendando, además, cierta precaución sobre su práctica a quienes tengan fiebre, alguna enfermedad infecciosa o lleven marcapasos.

Práctica individual
Se recomienda iniciarse en pilates de forma individual y con la ayuda de un profesor especializado. @iStock by Getty Images

Alinear mejor tu cuerpo

Lo idóneo es empezar siempre con aparatos, incluyendo la habitual colchoneta, “una parte del método”, según Pérez Pont. Aunque la principal máquina, y por donde debería comenzar todo el mundo, es el llamado Pilates Reformer, un sistema formado por muelles y poleas diseñado por el propio Joseph Hubertus Pilates. En caso de que el diagnóstico así lo requiera, también se puede acudir al Cadillac Pilates, concebido por el creador del método para la rehabilitación de veteranos de guerra.

Este experto en Contrología resume en tres los beneficios que aporta el pilates a quien lo practica: control sobre su propio cuerpo, mejora de la elasticidad y fortalecimiento corporal. Y es verdad que con el paso del tiempo, la edad y el deterioro del cuerpo, la espalda tiende a inclinarse hacia un lado, al trabajar unos músculos en detrimento de otros. “Tener un mejor alineamiento permite que seas dueño de tu cuerpo y que tu vida sea más llevadera”, afirma.

El pilares intenta prevenir posibles lesiones, permite que en caso de tenerlas no vayan a más y mejora el estado en el que se encuentra quien lo practica.

Eso sí, quien pretenda equiparar la Contrología con la gimnasia, se equivoca. Y en ello coinciden tanto maestros como discípulos. “Para mí no es algo divertido. Pero sí es terapéutico”, precisa la exenfermera. “Es una secuencia de ejercicios que produce beneficios y que se puede practicar en cualquier sitio. Es una especie de mochila que llevas siempre y que te va a permitir ser independiente, ya que enseñamos a no tener que estar sujetos a un profesor”, asegura Pérez Pont. Socorro recurrió es buena muestra de ello. “Ahora, enseguida noto si mi columna está bien colocada o no. He acostumbrado a mi espalda a reaccionar en todo momento como si estuviera practicando Pilates… y hago movimientos que ni de joven podía hacer”.

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