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Las opiniones de un payaso

Carlos Iglesias Vida Silver Opinión
Carlos Iglesias, actor y director de cine.

Empecemos por el principio, uno no sabe que es Silver hasta que se mira en el espejo de los demás, porque –y eso sólo lo sabemos los que lo somos– uno se siente igual, en lo fundamental, que cuando tenía veinte años. ¿Y por qué esto es así? Pues muy sencillo, porque los cambios se van produciendo día a día y eso evita la sorpresa, da tiempo a adaptarse y a no percibirlos cómo unas taras insalvables.

Si el gusto por el sexo no te ha abandonado, se disfruta de una forma distinta, pero en absoluto peor.

Antes dormías toda la noche de un tirón, y ahora la próstata te hace ir al baño varias veces en una noche; no es tan terrible, empezaste por una vez y cuando llegas a cuatro ya has aprendido a dormirte entre una y otra. Lo mismo ocurre con la vista, la caída del cabello, los implantes y la mayoría de las cosas que un joven podría entender cómo un problema insalvable. Incluso, si el gusto por el sexo no te ha abandonado, se disfruta de una forma distinta, pero en absoluto peor, porque ya apenas te quedan recuerdos sensoriales de lo que antes fue y, en el fondo, agradeces a tu naturaleza que no te haya privado, demasiado pronto, de un placer tan fundamental.

En resumen, no está nada mal llegar a esta edad en que te vuelves más reflexivo, comprensivo con tus propias debilidades y totalmente intransigente con las estupideces de los demás. Tiene sus cosas buenas. Por ejemplo, pierdes el pudor por hablar con un extraño que acabas de conocer en una playa, un parque o en la cola de un cine, y estás dispuesto a contarle tu vida o alguna anécdota concreta a poco que te pregunte, pero la disposición es menor para escucharle a él la suya.

Es como ir con un compañero de viaje que tienes la certeza que no te va a robar la cartera, muy al contrario, le has llegado a tener en gran estima.

Si de algo estás seguro a estas alturas, es de tus gustos y apetencias. Te conoces, te conoces incluso demasiado bien. No creo que esto sea malo, es algo peculiar que hasta este momento no había ocurrido y da cierta seguridad. Es como ir con un compañero de viaje que tienes la certeza que no te va a tirar del coche o a robar la cartera, muy al contrario, le has llegado a tener en gran estima, hasta el punto de perdonarle sus equivocaciones y debilidades. Ya es tarde para cambiar de amigo, eso pudo ocurrir hace mucho, cuando todos los días tenías que moldear una parte de ese carácter, cuando se tomaban decisiones que, sin saberlo, serían transcendentes para el resto de tu vida… Ahora ya está elegido el compañero y ¡a lo hecho pecho!

¿Y de qué forma afecta todo esto a la vena artística creativa que uno tiene? Pues me gusta pesar que muy positivamente, ya que te obliga a reflexionar, calibrar, escudriñar, desmenuzar, sintetizar… y sobre todo a reírte de ti mismo, que es algo muy higiénico a lo que estás obligado por dedicarte a este tan peculiar oficio. Parodiando el título de la novela de Heinrich Böll, estas son las opiniones de un payaso.

Carlos Iglesias, actor y director de cine.

 

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