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De Matisse a Clint Eastwood: creadores que aprovecharon su experiencia para brillar más que nunca

Henri Matisse, Louis Armstrong y Clint Eastwood. ©CARL VAN VECHTEN / ©JOOST EVERS / ©SERGIO LEONE

Algunos de los mejores creadores de los últimos siglos probaron el elixir del triunfo pasados los 60. La veteranía resultó ser la puerta al cénit de su virtuosismo y talento. ¿Quién dijo que la edad era un impedimento para el arte?

No se puede decir que Louis Armstrong fuera un desconocido antes de que comenzara a sonar en las listas de éxitos What a wonderful world. El carismático trompetista y cantante de Nueva Orleans (1901-1971), uno de los más populares representantes del jazz, ya había engrosado para entonces las filas de las orquestas más influyentes y había grabado con las mejores voces del blues, como Bessie Smith.

Pero tuvo que esperar a cumplir los 63 años para grabar su tema más vendido, Hello, Dolly, que alcanzó el primer puesto en la lista musical Billboard Top 100 de Estados Unidos en mayo de 1964, desbancando a los mismísimos Beatles, y que le granjeó un Premio Grammy a la mejor interpretación vocal masculina. Tiempo más tarde, en 1968, cuando había soplado ya 67 velas, se marcó el bombazo que lo convirtió en mito, What a wonderful world, tres años antes de morir.

Genios hasta el final

Que el arte no entiende de cumpleaños lo dejó también claro la escultora francesa Louise Bourgeois (1911-2010), apodada la Mujer Araña porque este arácnido ocupó un lugar preponderante en su obra durante la década de los 90. Muchos en España conocen a la artista precisamente por una de sus arañas, de nombre Mamá y casi nueve metros de altura, que se colocó en el Museo Guggenheim de Bilbao en 2001. La longeva Bourgeois, que fue reconocida por la crítica y el mercado cuando ya había cumplido los 70, tenía entonces 90 años.

Dos viejos comiendo, de Francisco de Goya. ©MUSEO DEL PRADO

Si Goya (1746-1828) hubiera dejado de pintar a los 65 años, la actual edad de jubilación, nos habría privado de algunas de sus mejores obras. Entre ellas, El 2 de mayo de 1808 en Madrid (1814), El 3 de mayo en Madrid o Los fusilamientos (1814), el famoso Autorretrato de 1815, El aquelarre, Saturno devorando a un hijo, Perro semihundido y Dos viejos comiendo (estas cuatro últimas, fechadas entre 1820 y 1823, fueron pintadas cuando el maestro de Fuendetodos contaba unos 76 años). Es su periodo de pinturas negras, el inquietante conjunto de obras de temas sombríos en las que Goya empleó pigmentos oscuros.

Hay creadores a los que la edad los vuelve corajudos, introspectivos, reflexivos o derrotados.

Experiencia como combustible del talento

La araña Maman de Louise Bourgeois en el Museo Guggenheim de Bilbao. ©Getty images

“En su última etapa vital, Goya, como todos los artistas en la edad madura, tenía una técnica cada vez más suelta, y para manejarla con la maestría que lo caracterizaba era imprescindible una mentalidad excepcional, un gran conocimiento de la anatomía humana, de la expresividad y de la psique del hombre. Necesitaba una experiencia increíble y capacidad de entender. Sin eso, el artista no puede expresar. Y eso lo vemos en su obra tardía”, dice Gudrun Maurer, conservadora del área Pintura Española del Museo Nacional del Prado.

La pincelada se torna más rápida con la edad, y también se economiza el espacio en el lienzo. “Los grandes artistas (Velázquez también lo hizo en Las Meninas) emplean menos pinceladas para expresar la profundidad del espacio, dónde están puestas las figuras, etc. Con muy pocas logran representar figuras de gran plasticidad, con rostros muy expresivos y variados. Y utilizan ese efecto de dejar la figura indefinida, que nosotros terminamos en nuestra fantasía”.

La segunda vida de Matisse

Hay creadores a los que la edad los vuelve corajudos, introspectivos, reflexivos o derrotados. Siguiendo con Goya, el genio ganó en valentía. “Por ejemplo, en las pinturas del 2 y 3 de mayo faltan por primera vez los generales, no hay un Napoleón que manda, y eso es atrevido, nuevo. También lo es su serie de los desastres de la guerra [82 grabados realizados entre 1810 y 1815], que no pudo publicar en vida porque eran muy crudos”, señala Maurer.

Si Goya (1746-1828) hubiera dejado de pintar a los 65 años, la actual edad de jubilación, nos habría privado de algunas de sus mejores obras.

Otros incluso se liberan y encuentran una nueva voz. Le sucedió a Henri Matisse (1869-1954). A la edad de 72, cuando ya había tocado el cielo como pintor, debió guardar reposo durante largo tiempo por una operación que lo postró en una silla de ruedas. El reposo fue relativo, porque al artista le dio por recortar papeles previamente pintados con gouache para pegarlos después en superficies de diferentes colores. Hoy, esos collages, entre los que se encuentra el alegre y abstracto El Caracol (1953), ubicado en la Tate Modern de Londres, se consideran parte importante de su legado, una segunda vida que lo mantuvo entretenido hasta sus últimos días.

Los escritores Wolfgang Von Goethe y Jose Saramago. ©KUNSTHALLE MÜNCHEN / ©FUNDACIÓN JOSE SARAMAGO

La lucidez de la senectud

En las letras también ha habido superdotados que le dieron a la vejez, viruelas. Goethe (1749-1832), uno de los literatos más importantes de la historia de la dramaturgia alemana, terminó su famosísimo Fausto, su obra cumbre, cuando había rebasado los 80 años. La primera parte de este poema dramático se conoció en 1808; la segunda se publicó póstumamente, en 1832.

El portugués José Saramago (1922-2010), Premio Nobel de Literatura de 1998, presentó su primera novela, Tierra de pecado, en 1947, pero después dejó de publicar durante más de 20 años, perseguido y censurado como estaba por la dictadura de Salazar. Por eso se dice de él que fue un escritor tardío. Desde luego, el éxito no le llegó hasta 1982, con Memorial del convento, cuando ya contaba con 60 primaveras.

Se necesita una experiencia increíble y capacidad de entender. Sin eso, el artista no puede expresar.

En el cine encontramos, asimismo, a autores que parieron algunos de sus mejores retoños a no tan tierna edad. El japonés Akira Kurosawa (1910-1998) filmó cuatro obras maestras (Dersu Uzala, Kagemusha, Ran y Yume) pasados los 65 años. ¿Y se acuerda de la divertida comedia Primera plana? El cineasta Billy Wilder (1906-2002) la estrenó a los 68 años, dejando maltrecha la fama de la prensa, a sus ojos una profesión despiadada y sin escrúpulos. En 1981, Wilder dirigió su última película, Aquí, un amigo, pues desde entonces las compañías aseguradoras no querían asegurar sus trabajos por su avanzada edad. Murió 21 años más tarde, a los 95. Por suerte, otros como Clint Eastwood (90 años) siguen al pie del cañón.