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Diálogos · Ocio

Teresa Sapey y Francesca Heathcote

Repensar las ciudades y los espacios para el público silver es parte del análisis que estas dos arquitectas, madre e hija, profundizan en Diálogos Vida Silver. Una misma manera de entender el diseño y trabajar con el color, con tres décadas de diferencia.

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Cuando Teresa Sapey ofreció a su hija Francesca Heathcote que se incorporara a trabajar a su estudio de arquitectura en Madrid, la joven le preguntó: “¿Es que no me vas a entrevistar?”. La respuesta de la veterana diseñadora y arquitecta italiana fue clara: “Llevo entrevistándote toda la vida”. Desde 2018 llevan trabajando juntas bajo la firma de Teresa Sapey+Partners, llevando a cabo proyectos como la sala VIP de la feria de arte ARCOmadrid, el hotel NHow de Marsella (Francia) o el Room Mate Bruno en Rotterdam (Holanda), entre otros. Dos generaciones de arquitectas, madre e hija, que han sabido sacar partido a sus distintos caracteres para crear un equipo sólido donde el color y el sentido común manda.

Francesca Heathcote, arquitecta (Madrid, 1990): “Hay que desarrollar mejor el concepto de residencia de tercera edad, añadir más comodidades, spa, gimnasio, bar”.

“Se aprenden muchas cosas trabajando juntas, somos dos generaciones y, además, dos mujeres. Aprendo todos los días de ti […]. Discutimos, pero luego encontramos un equilibrio entre lo que yo opino y lo que tú opinas”, cuenta Francesca Heathcote (Madrid, 1990). Tú aprendes de mí, pero yo aprendo de ti, como aprendo de los becarios y de todas las generaciones, porque necesito la transversalidad [en el trabajo]”, explica Teresa Sapey (Cuneo, Italia, 1962). Ambas afirman que apenas hay jerarquía en su estudio y que la aparición de Francesca ha asentado algunas bases de su empresa: “Tú eres el cielo y yo soy la tierra, tú eres más extrovertida y yo soy más pragmática, funcional y traduzco tu creatividad en algo más tangible”, explica la joven arquitecta.

La vida longeva de un creador

Teresa y Francesca tienen una visión clara de lo que su oficio puede aportar en momentos de crisis como el que vivimos: repensar las ciudades, sus usos y su relación con el público silver. “Las ciudades deberían ser mucho más amables con el público silver, porque la tendencia es planearlas para la edad media de la población, pero ahora esa media abarca mucho más. Habría que dar un par de minutos más a los semáforos, crear bancos más cómodos y agradables, poner mejores carriles bici…”, reflexiona Francesca. “Se piensa que la gente sénior se va a vivir al campo y eso es un mito, también se están quedando en las ciudades porque hay una mayor oferta de servicios, y entonces la ciudad tiene que estar pensada para ellos”, añade.

Teresa Sapey, arquitecta (Cuneo, Italia, 1962): “Es imposible que yo me jubile, esta profesión es sin fin y sin edad”.

La profesión de arquitecto es un oficio longevo. El brasileño Óscar Niemeyer murió con 106 años repensando su último proyecto para el Sambódromo de Río de Janeiro; Frank Lloyd Wright a los 92 años estaba firmando los planos de un edificio en Phoenix (EE UU), días antes de fallecer; y Frank Gehry, el creador del Guggenheim de Bilbao, a sus 91 años, sigue preparando proyectos para ciudades como Los Ángeles o Filadelfia. “Es imposible que yo me jubile, esta profesión es sin fin y sin edad”, cuenta Teresa. “Trabajas día, noche y fines de semana; tienes una constante necesidad de estar creando, creando, creando…”, remata su hija.

Mejores espacios para la última etapa

Pero si hay algo que, como arquitectas, les preocupa es el diseño de los espacios para las personas mayores. “Tenemos lugares de coliving, de coworking, y deberíamos tener espacios de coaging [compartir el envejecimiento]. Hay que desarrollar mejor el concepto de residencia de tercera edad, añadir más comodidades, spa, gimnasio, bar… Con el deterioro de la edad no tendrían que deteriorarse los lugares en los que vivimos”, explica Francesca.

Para ellas, estos cambios van más allá de cambiar el color de la moqueta o de la pintura de la pared por otros más luminosos y positivos. “Deberían ser lugares como tu propio piso, donde poder recibir a tus amigos, cocinar si quieres o si no bajarte al restaurante”, añade Teresa. “¡Imagínate vivir en una residencia de la tercera edad y que hubiese una cineteca o salas con grandes pantallas donde hacer videollamadas con tus nietos!”. Todo es cuestión de tiempo…