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Carlos Urroz y Jacobo Fitz-James Stuart

¿Es imprescindible mantener siempre una actitud joven e inquieta para entender y disfrutar del arte? ¿O solo la sabiduría de la madurez lo consigue? Coincidiendo con el 40º aniversario de ARCO, Vida SIlver reúne a dos expertos en arte contemporáneo – Jacobo Fitz-James Stuart y Carlos Urroz-, quienes, a través de su propia experiencia, nos contagian su pasión por el arte.

Etiquetas: Cultura

La movida madrileña desencadenó la pasión por el arte de Carlos Urroz, miembro del Comité de Vida Silver y director de TBA21 (Thyssen-Bornemisza Art Contemporary). Y es que su primer acercamiento a un mundo que no había visto ni en mi casa ni mi entorno, y por eso me fascinó” –como reconoce– ocurrió en los 80, en aquella exposición de Andy Warhol en la Galería Vijande, o en sus recurrente visitas a la Galería de Juana Mordó, o en los artistas, como Basquiat, que descubría gracias a la revista La Luna de Madrid, o en sus viajes a la Tate londinense o a Nueva York, donde se dejó atrapar por la efervescencia del pop… Unos años en los que “Madrid salía de la época franquista, donde la cultura estaba más orientada hacia el pasado que hacía el futuro. Era muy momento gris, aunque también era divertido”, recuerda Urroz.

En cambio, los primeros contactos con este mundo del director de la galería Espacio Valverde fueron un tanto diferentes. Y es que Jacobo Fitz-James Stuart (Madrid, 1981) nació rodeado de arte, sí, aunque también de música, de gastronomía…. “El arte entraba de manera natural dentro de todo lo que nos interesaba”, afirma. Sin duda, tuvo bastante que ver el hecho de que su padre dirigiera Siruela, una de las editoriales literarias independientes más prestigiosas de España.

Carlos Urroz: “El Museo Reina Sofía marcó un antes y un después en la forma de apreciar el arte en nuestro país”.

En un primer momento, el hoy galerista se interesó más por la filosofía, que estudió en la universidad, pero… “mi mujer (Asela Pérez Becerril) tenía un pequeño espacio donde organizábamos actividades culturales, y, de repente, pensé que podía ayudar a sacar adelante a artistas muy buenos”, explica. Hoy en día, su galería, Espacio Valverde, recuerda bastante al hábitat que Jacobo Fitz-James Stuart tuvo, ya que tiene su casa en el mismo edificio, y, gracias a ello, para sus dos hijos, “montar una instalación artística es tan natural como jugar al tenis”.

Sí, dos formas distintas de acercarse a este mundo del arte marcadas por la diferencia de generación, sí, pero determinada por un acontecimiento que concreta Carlos Urroz (Madrid, 1966): “Para quienes ahora tenemos más de 50 años, no había una escena de galerías ni una visibilidad del arte contemporáneo como hay ahora. Y, sin duda, el Museo Reina Sofía marcó un antes y un después en la forma de apreciar el arte en nuestro país”. Por eso, no es un hecho anecdótico que Jacobo Fitz-James Stuart sitúe uno de sus primeros recuerdos artísticos precisamente en este museo, al que le llevó su padre a ver una exposición de Bill Viola que nunca olvidará.

Madurez versus inocencia

Aunque el acercamiento fue dispar, ambos coinciden a la hora de señalar que la edad no debería ser un condicionante para dejarse atrapar por el arte contemporáneo. “Tan apasionante resulta ver cómo un niño se acerca al arte contemporáneo que comprobar cómo lo hace una persona de 60”, asegura Carlos Urroz, en línea con lo expresado por Jacobo Fitz-James Stuart, quien también mantiene que tanto la madurez como la espontaneidad tienen sus propias virtudes, apuntando, eso sí, una salvedad: “Obviamente la madurez te da una profundidad y una capacidad de cribar con más conocimiento”, señala, retomando inmediatamente el anterior argumento. “Pero también la inocencia y el candor tienen una energía nada despreciable”.

Hay gente silver que vibra como un microondas mientras otros, más jóvenes, están con los ojos sin brillo de quien se cree que lo conoce todo.

Inocencia, madurez…. e ilusión. Un tercer ingrediente que ambos incorporan a sus argumentos, y que, insisten, no está necesariamente asociado a la edad: “Hay gente de la generación silver que tiene mucho entusiasmo, mucha curiosidad y vibra como un microondas y, a lo mejor, hay otras personas, más jóvenes, que parece que están como si ya les hubiesen enseñado el abismo, con esos ojos sin brillo de quien se cree que lo conoce todo”, apunta el galerista. Por eso, para el director de TBA21, resulta importante mantener, de entrada, una actitud receptiva, y “dejarse seducir por lo que dice el artista. Y si te interesa, bien, y si no te interesa, nunca estás obligado a nada”.

La importancia de un guía

Aunque, además de esa predisposición para acercarse al terreno de la vanguardia, tanto Jacobo como Carlos recomiendan, a la hora de empezar, buscar a una persona cercana que ejerza de “cicerone”. Un “papel” que conoce a la perfección Carlos Urroz, quien, entre 2010 y 2018, estuvo al frente de ARCO, la gran feria de arte internacional, después de haber dirigido entre 1998 y 2005 la galería Helga de Alvear y haber coordinado exposiciones en algunos de los principales centros de arte contemporáneo y ferias de arte de España. “A la gente le encanta ir con algún comisario o con el propio artista a ver una exposición. Luego ya depende de cada uno cómo decide acercarse a este mundo: si eres más organizado más sistemático o si eres más espontáneo e impulsivo”.

Jacobo Fitz-James Stuart: “La madurez te da una profundidad y una capacidad de cribar con más conocimiento”.

“En el arte ocurre lo mismo que cuando quieres estudiar: está bien que alguien te diga qué libro tienes que coger. Luego no vas a poder contenerte”, señala Jacobo Fitz-James Stuart, apuntando, igualmente, la conveniencia de visitar estudios de artistas. “Ahora que parece que todo viene de China y aparece como si fuese magia, es fundamental ver todo el trabajo y el universo que hay alrededor de la creación de algo singular como es una obra de arte”. “Sí, es una súper experiencia ir a un estudio de un artista, precisa Carlos Urroz; “aunque es un sitio muy íntimo donde el artista se puede sentir agredido”. “Depende”, replica Jacobo Fitz-James Stuart. “Personalmente, siempre he estado enganchado en abstracciones, por eso estudié filosofía, y precisamente lo que me gustó del arte era que se hacía verdad. La filosofía es para los que les gusta buscar y el arte es para los que quieren encontrar”.