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Señor sénior

VS Ramón Aragüena
Ramón Aragüena es periodista, guionista y presentador de TV.

Dicen que uno se ve con diez años menos de cómo nos perciben los demás. Y puede ser cierto. No es fácil recordar la primera vez que alguien te llamó señor o señora en un autobús, en una tienda o en la calle. A lo mejor solo tenías veinte años y te lo soltó un mocoso de diez, que te hizo sonreír, un chiquillo como fui yo que, en su día, le dije a mi madre: “mamá, mira un globo en televisión como los de tu época”, ante su tremenda risotada. Mi madre ahora se escandalizaría a ver cómo hoy en las tiendas se tutea a todo el mundo, hasta a las mascotas, aunque me han explicado que se hace no por mala educación sino por evitar violentar a nadie.

Puede que en los sitios donde te quieran vender algo te tuteen por política de empresa, pero en el día a día llega un momento en el que ese “señor” o “señora” se repite demasiado como para dudar de que el término de cortesía va por ti. En mi caso me di cuenta por mi pelo. De niño era un rubiales que cambió a castaño en la adolescencia, pero al cumplir los cuarenta y tantos aquello se volvió, de golpe, más blanco que Sierra Nevada en temporada de esquí. Algunos me dijeron que era producto del estrés de ‘Espejo Público’, el programa de televisión en el que trabajaba, por lo que –“estate tranquilo”– pronto volvería a su color habitual con las vacaciones.

Llega un momento en el que ese “señor” o “señora” se repite demasiado como para dudar de que el término de cortesía va por ti.

Sin embargo, maquilladoras y peluqueros me aseguraron que aquello era ya irreversible, y añadieron que eso de que “las canas es cabello que ya nunca se cae” es un mito, que lo que pasa es que la gente sénior si no ha perdido el pelo lo tiene, por narices, blanco. Hasta un compañero que utilizaba colorante en distintos tonos fantasía me aconsejó, en confianza, teñirme. No lo hice, porque una vez, en el programa de televisión ‘Lo + Plus’ vi sentado a mi lado al cantante Luis Aguilé aplicándose betún negro sobre la coronilla antes de entrevistarlo y aquello me recordó ese final veneciano de Dirk Bogarde en la playa de El Lido. Y por ahí no paso.

Pero una vez que asumes que tu pelo es blanco, que ya no eres un chaval, y que la cosa no es grave, aprecias que todos te tratan de otra manera. Comprendes por qué te miran por encima de los ojos, a ese infinito y más allá que está en tu pelo cuando te lo dejas largo, y hasta te invitan a hablar, en programas desenfadados, de cómo un “boomer” descubre que se hace mayor. Y de las cosas que lo revelan hay tres muy dispares que a mí me parecen interesantes. Te haces mayor cuando acumulas pastillas en la mesilla de noche, tienes más dificultad para salir y entrar de los coches y, en algún momento, se te escapa eso de “antes, todo esto era campo”.

Una vez que asumes que tu pelo es blanco, que ya no eres un chaval, y que la cosa no es grave, aprecias que todos te tratan de otra manera.

Pero las tres tienen fácil solución. Las pastillas las guardas en otro lado, así te olvidas de asociar sueño reparador a medicamentos y puede que las dejes. Además, en la mayoría de los países cercanos, guardan en casa un botiquín y no un cajón de las medicinas como nosotros, donde el acierto de encontrar el medicamento adecuado se desvanece al revisar la fecha de caducidad.

En cuanto a los coches, ahí ya lo han pensado por nosotros. Todo ventajas. Cada día se fabrican más altos, casi como una persona, y ya no tienen los asientos a ras de suelo. Está claro que el “coche fantástico” era muy chulo pero no tenía ni el alto de un pantalón.

Y sobre el campo, hay veces que te das cuenta de que antes todo eso edificado que tienes delante era el campo donde jugabas, y te trae un bonito recuerdo… y no pasa nada porque siempre es agradable sentirse por unos segundos como un niño. Porque lo grave, más bien, sería ir al campo y pensar “antes, todo esto era pueblo”. Ese abandono sí que es una tarea que tendremos que solucionar de la mano los que tenemos experiencia y la gente nueva. Muchas cosas que hacer. Lo demás… todo ventajas. O casi todo.

Ramón Aragüena es periodista, guionista y presentador de TV.

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