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conjunto de frutas coloridas

La revolución de los plásticos en el mercado de los frescos

Director General de Revista Alimentaria

Fernando Martínez

10 sep 2019

El plástico se ha situado en el punto de mira de la sociedad. Los productos de un solo uso de este material ya han sido objeto de regulación a nivel europeo. En concreto, el Parlamento Europeo acaba de aprobar con amplia mayoría el acuerdo del Consejo de la UE que establece que en 2021 deberán desaparecer del mercado los platos y cubiertos de plástico de un solo uso; las pajitas para beber; y los plásticos oxodegradables y contenedores alimenticios y tazas de poliestireno, entre otros.

No es de extrañar, puesto que más del 80% de la basura hallada en el mar es plástico, según la Comisión Europea. Se trata por tanto de un problema de la máxima prioridad, y por eso se ha convertido en el protagonista de una Estrategia Europea en el marco de una Economía Circular.

Precisamente, el reciclaje debe ser una de las principales soluciones, y todavía tiene por delante un amplio margen de crecimiento y mejora: de los 25,8 millones de toneladas de residuos de plástico que se generan en Europa anualmente, se recogen para su reciclado menos del 30% (datos de Plastics Europe). Entre sus objetivos, la UE establece que en 2025 el 25% del plástico de las botellas tendrá que ser reciclado, y en 2030, el 30%. 

A pesar de estos objetivos, no parece fácil que lleguemos a desterrar este material de nuestras vidas en un plazo corto. Por ejemplo, ¿qué ocurre con los productos frescos? Carnes, pescados, frutas y verduras, leche y huevos recurren al envasado en plástico en numerosas ocasiones, y hoy por hoy sigue siendo necesario para su conservación y transporte. En la Estrategia Europea para el Plástico, la Comisión Europea reconoce que “los envases de plástico contribuyen a garantizar la seguridad alimentaria y a reducir el desperdicio de alimentos”. 

En este sentido se expresa Ignacio Marco, Director General de PlasticsEurope para la región ibérica, la asociación europea que representa a los fabricantes de materias primas plásticas (la industria europea del plástico está compuesta por unas 60.000 compañías, genera unos 340.000 millones de euros y emplea a más de 1.500.000 de personas): “Gracias a los envases plásticos los productos se conservan frescos durante más tiempo. Por ejemplo, un filete de carne envasado en plástico se conservará 10 días más. Con esto conseguimos tres cosas: alargar el tiempo de consumo de la carne; reducir el desperdicio de alimentos, y conservar los recursos que fueron necesarios para producir esa carne. La propia FAO (Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura) ha reconocido que, gracias a los envases, en Europa solo el 3% de todos los productos que llegan a los clientes se estropea entre la producción y el transporte, frente a un 40% en los países menos desarrollados”.
 
El representante de Plastics Europe recuerda que esto es especialmente importante en el caso de los productos frescos, y destaca que los envases plásticos activos o inteligentes son cada vez más eficientes: “Por ejemplo, con tan solo 1 gramo y medio de plástico un pepino se mantiene fresco durante 14 días. Otro ejemplo: si las uvas están envasadas, se consigue disminuir el desperdicio de alimentos hasta un 20%”.
 
Si nos centramos en la investigación, veremos que son muchas las iniciativas que están en marcha. En el caso de AIMPLAS, el Instituto Tecnológico del Plástico, el aumento de la vida útil de los alimentos es uno de sus focos principales. En palabras de Sergio Giménez, Director de Negocio: “Actualmente estamos llevando a cabo proyectos con empresas para el desarrollo de envases activos e inteligentes. Estos envases incorporan aditivos con propiedades antioxidantes y antimicrobianas que consiguen ralentizar los mecanismos de degradación de los alimentos. Gracias a los proyectos que hemos desarrollado en este campo, actualmente disponemos de soluciones con muy buenos resultados en alimentos frescos, sobre todo para vida útil corta. En este sentido, hemos aumentado la vida útil de alimentos como lechuga, tomate o fruta cortada más de un 15%. También estamos desarrollando etiquetas que puedan mostrar el estado de madurez de los alimentos. El otro foco a nivel de I+D es el desarrollo de envases sostenibles, ya sean envases que incorporen plástico reciclado, por un lado, como envases biodegradables, por otro”.

En cuanto a este último punto, el uso de materiales plásticos biodegradables, y concretamente compostables, Ignacio Marco de Plastics Europe advierte de que “siempre hay que tener en cuenta que para que dichos envases se biodegraden han de ser recogidos de manera separada (no con los plásticos convencionales) y enviados a plantas de compostaje”. 

El desarrollo de este tipo de plásticos más sostenibles es un área enormemente dinámica. Un buen ejemplo es el desarrollo de un plástico que proviene de residuos vegetales, por parte del centro de innovación de Ecoembes, TheCircularLab. El residuo vegetal se tritura para extraer su glucosa, y esta se emplea para alimentar un microorganismo que produce el biopolímero con el que se fabrica este plástico, llamado PHBV (PoliHidroxiButilValerato). Se podría usar para envasar alimentos y bebidas, y, además de reciclarse, se podría compostar e, incluso, biodegrarse en el entorno marino. Como comentan sus creadores, otra de sus ventajas es que ayudaría a disminuir el desperdicio alimentario, puesto que aprovecharía los residuos de mercados municipales, etc.

Por otro lado, otra investigación, de la que se hizo eco recientemente Revista Alimentaria en su edición de marzo, es la que lleva a cabo el proyecto europeo BioBarr - New Bio-based Food Packaging Materials with Enhanced Barrier Properties (Programa Joint Technology Initiative on Bio-Based Industries), que pretende desarrollar una alternativa bioplástica, basada en polihidroxialcanoatos (PHAs), que se pueda emplear en el ámbito de la industria agroalimentaria. El proyecto, que se alargará hasta 2021, busca optimizar y mejorar las propiedades barrera de este material, sin perder su biodegradabilidad y garantizando la seguridad alimentaria. El consorcio está compuesto por siete socios, entre los que se encuentra el centro tecnológico español CNTA (Centro Nacional de Tecnología y Seguridad Alimentaria).

En el mismo número, también aparece otra investigación que trabaja para generar alternativas de envasado sostenibles. El grupo de envases del Instituto de Agroquímica y Tecnología de Alimentos (IATA) del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) lidera el Proyecto BIOCARB-4-FOOD, que explora cómo obtener nuevos ingredientes a partir de algas que se puedan emplear como materiales de envasado más sostenibles. En concreto, este grupo está caracterizando la Posidonia oceanica y obteniendo fracciones lignocelulósicas que podrían servir como materiales para crear envases biopoliméricos alternativos a los plásticos sintéticos derivados del petróleo. 

Y no solo los centros de investigación, las empresas también están llevando a cabo un enorme esfuerzo de I+D. Por ejemplo, encontramos una empresa ubicada en Doñana (Huelva), dedicada a la producción de frutos rojos ecológicos, y la única de la comarca que hace agricultura ecológica exclusivamente, que está investigando materiales biodegradables para sus envases. Así, han trabajado con distintas empresas del sector del packaging, probando diferentes materiales de cartón, PLA (polímero biodegradable), etc. “Actualmente, trabajamos con tarrinas de un material resistente hecho de pulpa de papel kraft sin ondulaciones, llamado ‘cartoncillo’, que cuenta con certificado FSC, y que se puede enviar de tres formas: desnudas (muy aceptadas en Reino Unido, Alemania, Holanda…); con tapa RPET (plástico reciclado y reciclable) o con red/malla biodegradable”, explican.
  
En el sector lácteo, tenemos el ejemplo reciente del lanzamiento de una leche fresca sin lactosa en un envase totalmente renovable, ya que cuenta con tapón y laminación de plástico de origen vegetal (concretamente, de caña de azúcar).

Además de a los productos finales, la reducción de uso de plásticos es un problema que afecta a todos los eslabones de la cadena agroalimentaria. Si nos centramos en la producción, el Centro Tecnológico Aitiip de Zaragoza celebrará el próximo 29 de mayo una conferencia en la que se presentarán los resultados del proyecto Multibiosol, que ha desarrollado bioplásticos avanzados para ser utilizados en el sector agrícola en forma de mulching y sistemas de embolsado para frutas. 

En el caso de la empresa de Doñana mencionada hace un par de párrafos, también están utilizando plásticos biodegradables y compostables en el campo, para la producción de sus fresas.

El transporte y logística de los productos agrícolas también es un punto clave. A este respecto, los agricultores de hortalizas de la Comunidad de Madrid están reclamando un cambio en el sistema de envases con el que trasladan sus mercancías a los intermediarios y mayoristas. En la actualidad, deben adquirir envases de plástico que sean nuevos y estén en perfecto estado, y su propuesta es implantar un sistema de cajas reutilizables, que con un proceso de lavado e higienización se puedan utilizar varias veces.

En cuanto al sector de la distribución, también tiene mucho que decir. Cada vez son más las empresas que ofrecen sus bebidas o productos en envases reutilizables o rellenables, y la alimentación a granel está empezando a resurgir de nuevo. En esta línea, una de las principales multinacionales de distribución de nuestro país ha puesto en marcha una iniciativa pionera en España para reducir el consumo de embalajes y fomentar el uso de envases reutilizables. Así, los clientes que lo deseen podrán utilizar sus propios recipientes (transparentes y con tapa, de cristal o de plástico) para realizar sus compras en carnicería, charcutería y pescadería, o su propia bolsa o malla transparente en el caso de la frutería. 
Dando un paso más allá, el supermercado Rimping en Chiangmai (Tailandia) se hizo viral después de presentar una interesante propuesta: envoltorios en hoja de plátano para todo tipo de vegetales, desde pimientos hasta cebollas, lechugas o pepinos, una alternativa natural y biodegradable a los envases plásticos.

La preocupación por los plásticos también está encontrando su reflejo en la aparición de certificaciones que garantizan un uso sostenible de los mismos. Así, la certificación ECOSENSE es una iniciativa de la Fundación Plastic Sense dirigida a empresas envasadoras de alimentos y a productores de lámina y bandeja, que identifica, reconoce y divulga la labor de aquellas empresas que introducen en sus procesos productivos polímeros multicapa reciclados como materia prima de segunda generación. Ya hay dos empresas españolas envasadoras de alimentos que cuentan con esta certificación, mientras que otras dos se hallan en proceso de certificación.

Lo cierto es que se han dado los primeros pasos en la revolución de los plásticos, y el camino parece imparable. La UE tiene claro que la Economía Circular es la respuesta para garantizar su futuro, tanto a nivel de competitividad económica, como a nivel de sostenibilidad medioambiental. En los próximos años veremos si se cumplen los objetivos de mejorar los niveles de reciclaje y de desarrollar nuevos materiales más sostenibles que sean capaces de ofrecer alimentos frescos seguros, convenientes, con mayor vida útil y, al mismo tiempo, que contribuyan a solucionar el problema del plástico.